lunes, 3 de octubre de 2016

EL PLEBISCITO EN COLOMBIA; UN REVES PARA LA BUSQUEDA DE LA PAZ EN AMERICA LATINA

Víctor Rey

Anoche cuando me informé de los resultados del plebiscito en Colombia por la paz, me llene de inquietud e incredulidad.  Me recordó el plebiscito de Chile del año 1988 donde en NO ganó por poco margen al SI del dictador Pinochet, y pasamos una de las noches más larga de la historia de Chile.  Parecía increíble que el dictador tuviese tanto apoyo a pesar de todas las violaciones a los derechos humanos que provocó.  Ahora sentí lo mismo.  ¿Cómo el NO había ganado por estrecho margen?, ¿Cómo tanta gente, la mitad del país no está apoyando los acuerdos de paz?, ¿Cómo la mayoría de las iglesias evangélicas y parte de la Iglesia Católica, han apoyado el NO?.  Lo mismo pasó en Chile.  La gran mayoría de evangélicos apoyaron a Pinochet, solo una pequeña parte de  los evangélicos apoyaron la opción democrática.  Acabo de llegar de un Encuentro en Buenos Aires, Argentina donde en uno de los talleres conversamos acerca de la Tradición Evangélica y la Postmodernidad.  En este encuentro pude palpar la tremenda crisis que atraviesan las iglesias evangélicas en su identidad y misión.  Hay una falta de esperanza y de credibilidad.  Lo que ha pasado en Colombia, me confirma lo conversado en Argentina.  Como dijo Eduardo Galeano en unos de sus relatos: “están rascando donde no pica”.  Es triste saber lo que ha pasado en Colombia, pero es también triste y vergonzoso lo que pasa con las iglesias.
En Colombia ganó la primera opción. El 50,2% decidió votar en contra del Acuerdo de Paz entre el Gobierno y las FARC, por el 49.7% que se decantó por el SI. La abstención, de más del 60%, y la pésima imagen de la guerrilla han sido determinantes en el resultado de la votación, que ninguna encuesta supo predecir. Evitar que continúe el conflicto armado, que ha atravesado el país durante más de 50 años y ha dejado ocho millones de víctimas, es el primer desafío. El presidente, Juan Manuel Santos, ha asegurado que el cese bilateral del fuego seguirá vigente. Colombia se adentra, no obstante, en un limbo plagado de incertidumbre. Nadie sabe con exactitud qué va a ocurrir a partir de ahora.
La votación pone de manifiesto la enorme polarización que existe en Colombia. El expresidente Álvaro Uribe, máximo abanderado del no, el mismo que consiguió unir a casi todo el país en torno a la política de Seguridad Democrática que debilitó las FARC, volvió a recurrir al juego de palabras con el que ha conseguido profundizar la división de la sociedad: “La paz es ilusionante, los textos de La Habana son decepcionantes”, aseguró tras votar. Durante el mes de campaña del plebiscito, el exmandatario trató de hacer calar la idea de que si se rechazaban los acuerdos, estos se podrían renegociar, algo contra lo que han sido tajantes el Gobierno y las FARC. La posibilidad de participar en política de los líderes guerrilleros y el hecho de que ninguno pagará cárcel siempre y cuando reconozca sus crímenes ha sido la piedra angular de su campaña, a sabiendas de que la mayoría de los colombianos, incluso entre los votantes del SI, no lo ven con buenos ojos. Uribe es el triunfador político de esta jornada, si es que después de que se rechace un acuerdo de paz se puede hablar de ganadores.
La votación puso de manifiesto la falta de solidaridad en un país atravesado por la guerra. Los lugares más golpeados, sobre todo los de la costa, optaron por el SI, pero son municipios que aportaban un número de votos infinitamente menor al de las zonas urbanas o los núcleos rurales más poblados, donde la violencia del conflicto hace tiempo que dejó de golpear. El interior del país optó por rechazar los acuerdos.
El plebiscito también ha puesto en evidencia la falta de liderazgo en la política colombiana, que ya urgía de una renovación ante el crónico clientelismo. Solo un partido, el Centro Democrático, es decir, Álvaro Uribe, ha conseguido movilizar más gente que el resto de las formaciones políticas. El gran damnificado es el presidente, Juan Manuel Santos. El hombre que consiguió firmar un proceso de paz con las FARC después de 52 años de guerra, que convocó el plebiscito sin necesidad de hacerlo, ha sufrido un varapalo monumental. "No me rendiré, seguiré buscando la paz hasta el último minuto de mi mandato", aseguró.
El acuerdo entre el Gobierno y las FARC no solucionaba los males de Colombia. Apenas abría una senda para transitar hacia un periodo de modernización, para afrontar y resolver los problemas que datan incluso de antes de 1964, cuando las FARC se alzaron en armas. La negociación había sido el triunfo de un bien escaso en todo el mundo: la voluntad política. Los representantes de quienes durante más de cinco décadas se dieron plomo lograron en cuatro años, muy intensos pero solo cuatro al fin y al cabo, redactar un documento de casi 300 páginas que pone fin al conflicto. Lo hicieron dialogando, cediendo, tratando de buscar una salida digna para un país que, al final, prefirió el salto al vacío.

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