domingo, 24 de abril de 2016

Humildad – Humanismo – Espiritualidad

1.- La Humildad

“Humus eres y en humus te convertirás”.
La humildad no necesita de apariencias. Simplemente es o no es.
La humildad como forma de vida es el rescate de lo sencillo y lo hermoso en el trajín de lo cotidiano. Es sentir por dentro que somos polvo, y por eso damos la bienvenida a la polvareda que  va  desgastando y recreando nuestro ser.
Es aceptar con gusto la tolvanera del camino.
La encarnación de la humildad fue la vida de Diógenes, de Sócrates, de Jesús, de Francisco de Asís, de Gandhi y de millones de hombres y mujeres que casi no necesitaron vestirse para consagrar su vida al servicio de los demás.
Diógenes vivía en un tonel filosofando. Sócrates no fue tentado por las apariencias, Jesús lavo los pies a sus discípulos y ofreció la vida por la humanidad. Francisco se desnudó ante el mundo, cantando al “Hermano Sol” y a “La Hermana Luna”, Gandhi rechazó los atuendos innecesarios, y consagró su vida entera para conquistar la Independencia de su país.
La humildad es razón de vida. Es al mismo tiempo significado y significante. Se dimensiona en la otredad, ya que como nos dice acertadamente Octavio Paz, “EL YO ES PLURAL”
Albert Einstein fue categórico:
“La vida vivida al servicio de los demás, es la única que merece ser vivida plenamente”.
El desprendimiento de toda forma de atadura y posesión, esta en el corazón de la humildad. Así como la ostentación y el orgullo, es su peor ofensa y negación.
El norte de la humildad es la dación al otro sin esperar recompensas. Es la vocación de servicio. Es la misma vida, sin más ropaje que ella misma.
La naturaleza nos enseña todos los días que la sencillez es su vestimenta principal.
En el mapa de la humildad podemos registrar el mensaje de Jesús: “Deja toda tu riqueza y sígueme “, “Amaos los Unos a los Otros”; y la oración de Francisco: “Es dando como se Recibe – es Amando como se es Amado”.

2.- El Humanismo

EL HUMANISMO ES LA ENCARNACIÓN DE LA VIDA EN LA HISTORIA CONCRETA.
Es la batalla por convertir la vida terrena en el verdadero teatro de nuestro quehacer. Es fundir en la tierra “La Ciudad de Dios y la Ciudad del Hombre”.
El humanismo es la búsqueda del otro para la realización personal y social. Es historia enraizada en el aquí – en el ahora – y en el tiempo infinito. Por eso asume la vida como acontecimiento con sentido de gratuidad y responsabilidad a ser compartida.
Asume toda la gracia y todos los infortunios de los acontecimientos humanos, pero compartiendo necesidades, angustias y esperanzas.
El humanismo es contemporaneidad total, es vitalidad comunitaria, es presencia beligerante. Es redescubrir al ser humano con todas  sus necesidades vitales, su falta de trabajo y de vivienda, su desintegración familiar, su carencia de oportunidades para lograr su desarrollo y crecimiento humano, la violación sistemática de sus derechos y la injusticia social de que es víctima,  y sobre todo, su desesperanza y desamor.
Se es humanista porque se esta humanizado, sintiendo las palpitaciones de cada terráqueo en cada costillar. La inconciencia es la negación del humanismo.
El humanismo es un proceso de aterrizaje de la vida en el escenario del mundo en que vivimos y convivimos con todos los hombres y las mujeres de nuestro planeta.
Por eso es al mismo tiempo ecohumano – ecológico y ecosocial.
El humanismo es razón de identidad. O nos identificamos con todo lo existente – con nuestra existencia social -, y la asumimos como dato fundamental de la conciencia esclarecida, o nos colocamos en la orilla opuesta del espacio-tiempo por donde pasa  y transcurre la mirada y la pisada con las huellas de nuestros hermanos.
Reconocernos como hermanos, miembros de la familia humana, es el piso básico del humanismo. La igualdad existencial es su prédica. Por eso debemos borrar del diccionario la palabra extranjero.  Quienes vivimos en este planeta, no somos extranjeros de nadie.
El humanismo nos asocia a la vida diaria de cada hermano que son los convidados al banquete de esta existencia maravillosa, aunque a veces desafortunada para las grandes mayorías. Por lo tanto, no podemos, no tenemos el derecho de negar el pan y el vino a nadie, y mucho menos, apoderarnos de lo necesario de los demás.
La justicia social esta en el horizonte de toda dimensión humanista. Por eso se alista en el ejército del amor, de la solidaridad, de la no violencia y de la paz.
Y se identifica con los desamparados, con los pobres, con los excluidos, con los agredidos, con los explotados y oprimidos de todos los tiempos.
El humanista sufre con el que sufre, y se alegra en cada sonrisa de su hermano.
El humanismo repudia la mercantilización de la vida humana. Y por eso combate todos los antisignos negadores de la fraternidad  universal, como la explotación del trabajo humano, la destrucción del medio ambiente, la provocación del terrorismo y de las guerras, las políticas intervencionistas de los países poderosos, los atentados contra la autonomía de los pueblos, los atropellos a la dignidad humana y la violación de los derechos humanos.
El humanismo enfrenta a diario la principal problemática de la vida agobiada por la insensatez de los ambiciosos y poderosos:
“O nos realizamos todos juntos en el ejercicio pleno de la libertad responsable, o sucumbimos ante la ley implacable de la necesidad, del hambre de muchos y de la avaricia de pocos, de la violencia, del terror y de las perversas maquinaciones de una minoria que se esta adueñando de nuestro planeta, pretendiendo ignorar el destino universal de los bienes y las exigencias del bien común.”
La injusticia social, la exclusión social – un sistema de APARTHEID DESHUMANIZANTE – , la miseria y la pobreza crítica, como la desigualdad social, como las diferentes formas de discriminación étnica , religiosa, social, de género, que se convierten en verdaderos traumas de nuestro proceso civilizatorio y de nuestra crisis cultural, representan en el presente SIGLO XXI, los desafíos más inquietantes del humanismo integral.
La verdad es que estamos jaqueados como seres humanos, como habitantes de nuestro planeta, y como miembros de la familia humana.
Necesitamos con urgencia repensarnos, reconocernos y disponernos a cambiar profundamente. La indiferencia y la insensibilidad  no debiera pertenecer al género humano.

Debemos recapitular y recrear nuestra conciencia y nuestra existencia social.

Llegó el tiempo histórico en que debemos sentirnos partícipes de la configuración de un nuevo despertar de  nuestro humanismo, para integrarnos plenamente en el itinerario y en la problemática de las personas y del pueblo, compartiendo las necesidades , las angustias y las esperanzas de la gente más humilde y necesitada, e incorporarnos en la lucha contra toda forma de explotación y dominación, y ser artífices con los demás, de los proyectos de democratización de las estructuras de nuestras sociedades, y de liberación de nuestros pueblos.
De la mima manera, debemos liberarnos de las diferentes formas de dictadura. No queremos ni la DICTADURA DEL ESTADO NI LA DICTADURA DEL MERCADO. Y no queremos ser prisioneros de ese poderosos caballero que es DON DINERO.
Queremos rescatar en la vida EL HUMANISMO INTEGRAL.
Y al mismo tiempo, reasociarnos con la naturaleza, con todo el cosmos, sabiendo que somos una partícula de la inmensidad, peregrinos de la vida, buscando redescubrir nuestro enigmático origen y nuestro destino insondable.

3.- La Espiritualidad

Espiritualidad es la dimensión de una profunda ética de la vida, acolchonada en las virtudes, con sentido de desposesión y de renunciamiento. Es como si fuéramos seres desencarnados. Es subjetividad e intersubjetividad, ya que se manifiesta como comunión necesaria, nacida de la interioridad, y que se re-liga con el otro de una manera natural – cultural, y al mismo tiempo, trascendente.
La espiritualidad tiene una profunda relación con la esperanza. Eurípides decía que “El hombre superior es el que siempre prefiere la esperanza”. Y Khalil Gibran nos alegra cuando afirma que “Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes”. La esperanza es un BIEN COMUN.
Espiritualidad es compartir a plenitud todo lo que uno es o buscar ser. Espiritualidad es otredad hasta consigo mismo. Es energía purificante. Es dación total. La meditación es parte confluyente de la espiritualidad, donde el mismo pensamiento se transfigura,  recreando en el tiempo-espacio la consciencia de ser uno mismo en el otro, y en todo el cosmos.
Lo espiritual pertenece a todos los tiempos. Es ir más allá de lo físico y lo mental. Es trascenderlo. Es el contenido trascendente de la humildad y del humanismo. Su inmensa ventana es todo el cosmos.
Misteriosamente adquiere su propia transparencia y proyecta un halo de luz especial.
Es también una forma de rebelión contra la opresión del cuerpo y de los diferentes acosos al que esta sometida la vida encarnada en el aquí y ahora.
Espiritualidad es más que renunciamiento, desposesión e identificación. Es autonomía plena, y recreación para potenciar la subjetividad en la otredad, ejercitando la libertad.
Es trascender la vida humana e incorporarse en la perspectiva de la energía cósmica –universal -. Por eso, pisando tierra, no se instala en ningún rincón, sino recorre el tiempo-espacio y lo trasciende.
La espiritualidad tiene contenido religioso, – no se puede concebir las religiones sin el don de la espiritualidad -, pero es más que una manifestación religiosa. Se apodera de la libertad a plenitud, y repudia los condicionamientos materiales de la existencia social, si bien se materializa ella misma como plenitud del ser.
Es construir en el yo personal, el yo colectivo, sembrando la relación de iguales entre iguales, pero casi inmaterializando esa relación.
La verdadera espiritualidad no es propiedad exclusiva de nadie, de ninguna institución, pero se encarna en personas que pasan a representar una simbología nueva, y se convierten en liderazgos casi desencarnados, pero efectivos.
La espiritualidad es parte de nuestro patrimonio universal, y tiene la fuerza de comprometer a creyentes y no creyentes, integrándose a la razón de vida del humilde, a la razón de identidad del humanista, y a la razón trascendente del destino humano.

Es transparencia, autenticidad y coherencia, sin medida alguna.

No es concebible un ser humano sin espiritualidad mínima, sin poesía en el alma, sin vinculo afectivo – emocional – con la realidad que le circunda y con los demás seres humanos, y sin compromiso profundo con el destino de la ley de la vida y las leyes del universo.
En todo caso, un ser humano sin un mínimo de espiritualidad, seria una bestia, casi un monstruo.
Espiritualidad es de alguna manera nuestra razón de destino, nuestra pertenencia al cosmos, al Dios creador de todo lo creado. Tiene la iridiscencia del QUO VADIS permanente.
Espiritualidad es subjetividad y alteridad. En el corazón de la espiritualidad esta el AMOR sin cálculo y sin medida. No esta prendida a la lógica muy humana del premio o del castigo. Los símbolos del premio o del castigo perturban la riqueza inmensa e inconmensurable de una profunda espiritualidad.
La espiritualidad asumida a plenitud, nos hace únicos, diferentes y superiores en dación en la vida sobre la tierra.
Hoy se habla mucho de la necesidad de buscar y practicar una NUEVA ESPIRITUALIDAD.  Para ello será necesario rescatar el profundo significado de la MEDITACION – CONTEMPLACION, para reasociar en forma discreta, sensata y cuasi purificado, EL SILENCIO – LA PALABRA Y EL GESTO HUMANO. Solo así, la agresión, la ambición desmedida, la vanidad, el orgullo y la sed de poder-dominación, podrá desaparecer de la mente humana, y naturalmente, podrá ser el camino para terminar con las GUERRAS y conquistar LA PAZ DE LOS ESPIRITUS Y DE LAS NACIONES.
En todo caso, esta nueva espiritualidad no debe significar desarraigo y desvincularse de la realidad, es más bien una nueva forma de encarnación, y de compromiso. – el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros – restableciendo la armonía entre la presión del cuerpo, la creación de la mente y la inmaterialidad incandescente del alma, priorizando los principios, los valores, y toda la riqueza de la ética en el comportamiento y relación de todo lo humano.
Su tarea es rescatar el sentido profundo de la gratuidad y de la relación amorosa en la convivencia, hoy muy  entrampada en un materialismo sofocante, y en una teneduría deshumanizante. La locura del tener, sustentado en el poder del dinero y en una carrera vertiginosa de apoderamiento de los recursos de la naturaleza y de los bienes y servicios de la sociedad, ha hecho perder el equilibrio entre el ser, el sentir, el tener, el saber, el placer,  el poder y el servir.

Sin espíritu de servicio se pierde todo.

Una nueva espiritualidad busca combinar con sabiduría lo visible y lo invisible, buscando desincorporar de la vida moderna, las contradicciones antagónicas que hoy surcan el destino humano, con las “estructuras de violencia” y los conflictos sociales  que la aprisionan.
Debemos liberarnos de nuestras propias ataduras, en especial de la sed insaciable de POSEER y de DOMINAR, sacrificando la libertad de millones de seres humanos.
Es que el éxito económico-financiero no puede ser la medida de la vida humana.
No le sigamos dando la razón al gran poeta Francisco de Quevedo, que registró para la historia su poema:
“Poderoso caballero es Don Dinero”
Ya que  sabemos que solamente la espiritualidad nos proyecta hacia el futuro y la conquista de la inmortalidad, que en definitiva, es reincorporarnos al mismo cosmos de donde venimos.

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