martes, 15 de marzo de 2016

ESPIRITUALIDAD PARA HOY

DEL COMUNISMO AL CONSUMISMO

Víctor Codina SJ
Hasta fines de los años ’80 el enemigo común del mundo occidental era el comunismo soviético marxista, el comunismo del telón de acero y de la cortina de bambú, del Archipiélago Gulag y del muro de Berlín.
La caída del muro de Berlín en noviembre de 1989 simbolizó el final de una época histórica, la caída del comunismo soviético del Este. Esta caída fue celebrada en el mundo occidental como el final de la historia, como el triunfo de la “american way of life”: en el futuro ya no habría más sorpresas, íbamos a vivir siempre más de lo mismo. El capitalismo neoliberal levantaba su bandera como la solución a todos los problemas.
Veinticinco años después los problemas no se han solucionado. Grandes sectores de la sociedad y de la humanidad viven en la escasez y la miseria, la tierra ha sido contaminada y destrozada por los defensores del paradigma tecnocrático que defienden el mito del progreso sin límites a costa del descarte de muchos y de la destrucción del medio ambiente.
Al comunismo ha sucedido el consumismo, una forma tan insidiosa de materialismo como el materialismo dialéctico marxista. “Consumo, luego existo”; quienes no consumen no existen, son descartados de la sociedad del bienestar.
La avidez con la que los ciudadanos del Berlín oriental después de la caída del muro se lanzaron frenéticamente a comprar y beber en el Berlín occidental, puede simbolizar este tránsito del comunismo al consumismo.
Son muchas las personas lúcidas y de buena voluntad, los movimientos populares y sociales, las víctimas de un sistema que mata… Quienes creen que otro mundo es posible y necesario, que el sistema actual ya no se aguanta, que necesitamos un cambio de estructuras, que hemos de cuidar nuestra casa común, que ni el comunismo ni el consumismo son la solución.
En la tradición cristiana existe la palabra “comunión” densa en contenidos: significa e incluye la comunión entre todos los seres humanos, en especial con los pobres y excluidos, la comunión con la naturaleza y en última instancia con Dios Padre que nos hace hijos e hijas, hermanos y hermanas, y derrama la lluvia sobre buenos y malos. El Padre ha enviado a su Hijo Jesús y al Espíritu para que vivamos en comunión y podamos participar de la comunión trinitaria. La Iglesia es un espacio de comunión y su centro es la eucaristía, el sacramento de la comunión con Jesús, al cual estamos todos invitados. La mesa compartida, sin excluidos ni descartados, es la imagen simbólica de este paradigma de la comunión con Dios, de la comunión con los hermanos y hermanas, más allá de las diferencias de género, etnia, cultura y religión, y de la comunión con la tierra, nuestra madre y casa común.
Como dice Francisco, los conflictos se han de resolver desde una síntesis superior, pues “la unidad prevalece sobre el conflicto”.
Ni comunismo ni consumismo: comuniónY el fruto de la comunión es la paz.

EL  REINO  AL  QUE  NOS  INVITA  JESÚS

 El proyecto del Reino a que nos llama Jesús está fundado en valores.
El sentido de la vida lo dan los valores.  Porque los valores son los que dan peso y orientación seria a lo que hacemos, a lo que tenemos y a lo que somos.  Y por eso, para poder vivir con seriedad y con intensidad, necesitamos todos una tabla de valores.  Los cristianos tenemos nuestra tabla de valores.  Esos valores que querríamos ver realizados en el mundo.  La realización de esos valores es nuestra tarea, nuestro proyecto.  Éste es el proyecto al que nos invita Jesús, nuestro Rey: liberar al mundo de su mentira, de su pecado, restaurando todas las cosas en Cristo.
¿Y cuál es esa tabla de valores cristianos?  El resumen está en las características del Reino de Cristo.  Las características del Reino de Cristo tal como aparecen, creo que preciosamente repetidas, en el prefacio de la misa de Cristo Rey, que nos indica que el Reino de Cristo es:
Un Reino de verdad y de vida,
un Reino de santidad y de gracia;
un Reino de justicia, de amor y de paz.
Éstos son nuestros siete valores fundamentales; te invitamos a reflexionarlos:
 1.  LA VERDAD
“La verdad los hará libres”  Frente a un mundo en el que reina la mentira o, al menos, la apariencia; en el que se valora a las personas, no por lo que son, sino por lo que hacen y ostentan; en un mundo en el que se da una continua pugna por ver quién tiene más y quién sabe presumir mejor; en un mundo en el que la palabra está perdiendo su valor de verdad, porque, a fuerza de querer engañarnos, de sentirnos engañados, hemos acabado realmente por desconfiar de toda palabra no creyendo nada; en este mundo de apariencia y mentira, los cristianos decimos que la verdad es para nosotros un valor y que queremos hacer descansar nuestra vida en ese valor de la verdad.
2.  LA VIDA
“En Él había vida, y esa vida era la luz del hombre”.  Frente a un mundo en el que tantas veces se desprecia la vida, en el que cada día  nos enteramos, casi impasibles, de la muerte de tantos hermanos nuestros; en el que cada cinco minutos muere de hambre una persona, o herida por algún tipo de bomba unipersonal; en este mundo de la carrera armamentista, del lujo superfluo(insulto a la miseria de muchos), del consumo desmesurado.  Un mundo donde la vida se minusvalora, se manipula, se comercia con ella, se gasta en deshacerla… ese mundo terrible y mortal de la droga, en donde se vierten continuamente opiniones pesimistas y negativas sobre el valor de la misma vida; en este mundo nosotros, los cristianos, decimos que la vida es un valor para nosotros y que no se puede condenar a nadie a morir ni a malvivir.
3.  LA SANTIDAD
“Sean santos como su Padre es Santo”.  Frente a un mundo que se ríe de los buenos, de los inocentes, de los ingenuos; un mundo en el que triunfan los espabilados y los pícaros, los que saben abrirse paso en la vida, aunque sea a fuerza de codazos o de zancadillas a los demás.  Frente a un mundo  donde lo que cuenta es el placer o el propio provecho; y los que quieren ser buenos quedan marginados; y los que son generosos o desinteresados se abusa de ellos, nosotros, cristianos, venimos a decir, con nuestra palabra y nuestro ejemplo, que también para nosotros la santidad es un valor.  La santidad, la bondad, la generosidad, la misericordia y el pensar bien de los demás, aunque nos engañen.  Y el dar siempre una segunda oportunidad al que se equivoca.  Y el perdonar “setenta veces siete” al que nos hiere o nos engaña.
 4.  LA GRACIA
“Y contemplaron su gloria, gloria de Hijo”.  Frente a un mundo autosuficiente, que piensa que no necesita recibir nada de fuera, nada de Dios.  Frente a un mundo que ha perdido la conciencia de pecado.  Frente a un mundo indiferente a los valores.  Frente a un mundo en el que lo que únicamente cuenta es lo que se puede tocar y lo que se puede tener; un mundo encerrado en sus cuatro paredes, que no quiere ni le interesa ver más allá de sus ojos.  Este mundo nuestro sin cielo, sin esperanza, sin un Dios vivo que intervenga y sea una realidad concreta en la vida; venimos los cristianos a decir que para nosotros la gracia es un valor.  Es un valor que reconocemos y proclamamos con valentía.  Es un valor que deseamos y pedimos.
5.  LA JUSTICIA
“Reino de justicia”.  Frente a un mundo lleno de desigualdades escandalosas, de privilegios injustos; un mundo que es, a un tiempo mundo de lujo y mundo de hambre.  Frente al mundo de la falta de libertades, de la opresión y represión; de la tortura, de las discriminaciones raciales, de la explotación del débil.  Frente a un mundo que fabrica marginados, donde los que tienen no comparten, y los que pueden no reparten.  Una sociedad que discrimina al débil, a la mujer, al minusválido, al indígena.  Frente a una sociedad que durante tanto tiempo no ha sabido unir la fe con la justicia, y ha proclamado una fe viviendo en la injusticia; venimos nosotros, los cristianos, a proclamar tajantemente que fe y justicia no se pueden separar, que creemos que la justicia tiene que ser el valor fundamental sobre el que se cimiente nuestra sociedad.
6.  EL AMOR
“Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado”.  Frente a un mundo que se nos está volviendo cada día más frío; un mundo de indiferencia, de frialdad calculada.  Frente a un mundo que insiste en la incomunicación, en la imposibilidad de un amor sincero, generoso, no egoísta; venimos nosotros, a decir que el amor es nuestro “mandamiento nuevo”, nuestro mandamiento central, y que él es el que da sentido a nuestra vida.  Y que sobre él, y sólo sobre él, podemos construir un mundo nuevo, un mundo mejor.
7.  LA PAZ
“Paz es mi despedida; paz les deseo, la mía”.  Frente a un mundo de la discordia; la discordia entre bloques, la discordia entre naciones, la discordia dentro de los propios países; la discordia dentro de las propias familias; la discordia dentro del corazón de cada hombre; venimos a traer un mundo de paz, un mundo de armonía y de unidad, un mundo en el que el hombre pueda sentirse interna y externamente en paz.  Consigo mismo y con los demás.  Este es nuestro valor.  Nuestro valor tal vez incomprendido.  Nuestro valor tantas veces pisoteado, marginado.  Pero seguimos incansablemente hablando en contra de la violencia, hablando a favor de la paz..
Éstas son nuestras tablas de valores.  Estos siete valores son los que conforman el Reino de Cristo.  Éste es el proyecto al que Cristo, cada día, nos sigue llamando.

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