viernes, 25 de diciembre de 2015

ESPIRITUALIDAD ECOLÓGICA. NUEVA RELACIÓN SINERGÉTICA CON LA TIERRA

Leonardo Boff
 
La marca registrada de la Iglesia de la liberación, y de su correspondiente reflexión, consiste en la opción preferencial por los pobres, contra la pobreza y en favor de la vida. En los últimos años empezó a percibirse que la misma lógica que explota a las personas, a otros países y a la naturaleza, explota también a la Tierra como un todo, a causa del consumo y de la acumulación a nivel planetario. De ahí la urgencia de incluir en la opción por los pobres al gran pobre que es la Tierra. Hoy lo más importante no es la opción por el desarrollo –ni aunque fuera sostenible–, ni por los ecosistemas en sí, sino por la Tierra. Ella es la condición previa para cualquier otra realidad. Hay que salvar la Tierra.
El informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) que involucró a 2500 científicos de 130 países, reveló dos datos aterradores. Primero, que el calentamiento planetario es irreversible y que ya estamos dentro de él; la Tierra está buscando un nuevo equilibrio. Segundo, que el calentamiento es un fenómeno natural, pero que se aceleró enormemente después de la revolución industrial debido a las actividades humanas, hasta el punto de que la Tierra ya no consigue autorregularse.
Según James Lovelock, en La venganza de Gaia (2007), anualmente se lanzan a la atmósfera cerca de 27 mil millones de toneladas de dióxido de carbono, que, condensadas, equivaldrían a una montaña de un kilómetro y medio de altura con una base de 19 kilómetros de extensión. Es la causa del efecto invernadero que, según el Grupo, puede elevar todavía la temperatura planetaria en este siglo entre 1,8 y 6,4 grados centígrados. Con las medidas que tal vez se lleguen a tomar, es posible que el aumento se quede en 3 grados, pero no menos de eso. Las consecuencias serán incontrolables: los océanos subirán de 18 a 59 cm., inundando ciudades costeras como Rio de Janeiro; habrá una devastación fantástica de la biodiversidad y millones de personas correrán peligro de desaparecer.
Jacques Chirac, presidente de Francia, a la vista de estos datos ha dicho con acierto: «Ha llegado la hora de una revolución en el verdadero sentido de la palabra: una revolución de las conciencias, de la economía y de la acción política». Efectivamente, como no podemos detener la marcha del calentamiento, podemos por lo menos desacelerarlo mediante dos estrategias básicas: adaptarnos a los cambios -quien no lo haga, correrá el peligro de morir-; disminuir las consecuencias letales, permitiendo la supervivencia para Gaia, para los organismos vivos, y, especialmente, para los humanos.
A las tres famosas erres (reducir, reutilizar y reciclar) hay que añadir una cuarta: rearborizar todo el planeta, ya que son las plantas quienes capturan el dióxido de carbono y reducen considerablemente el calentamiento global.
Esta cuarta erre es fundamental para la conservación de la Amazonia. Sus selvas húmedas son las grandes reguladoras del clima terrestre. El desafío es cómo combinar el desarrollo con el mantenimiento de la selva en pie. No podemos deforestar al nivel en que lo estábamos haciendo. Pero no somos ni de lejos los campeones de la deforestación, como recientemente ha revelado E.E. Moraes en su libro Cuando el Amazonas desembocaba en el Pacífico (2007): África mantiene sólo el 7,8% de su cobertura forestal, Asia el 5,6%, América Central el 9,7%, y Europa, que es la que más nos acusa, apenas el 0,3%. Brasil aún conserva el 69,4% de sus selvas primitivas y el 80% de la desempleo estructural, nunca hemos selva amazónica. Esto no disculpa tenido tanta riqueza, pero nunca la nuestros niveles de deforestación ni es hemos tenido tan pésimamente motivo de orgullo, es un desafío a distribuída, la sociedad se dualiza en nuestra responsabilidad mundial para el ricos cada vez más ricos y en pobres bien del clima en todo el Planeta.
VUELTA A LA CASA COMÚN: MARCO PARA UNA ESPIRITUALIDAD ECOLÓGICA
Los datos expuestos nos hacen ver que el momento de la civilización actual presenta distorsiones y anomalías graves que deben ser diagnosticadas y curadas con urgencia si queremos sobrevivir.
Hay quien habla de la crisis señalando en ella un doble aspecto: el estructural y el terminal. Estructural, porque afecta a la totalidad y terminal porque no parece que el sistema disponga ya de mecanismos internos para restañar sus contradicciones y superarlas.
La alarma, pues, la tenemos encima: está amenazado el patrimonio común de la vida, crece la pobreza, se degrada el ambiente, progresa el desempleo estructural, nunca hemos tenido tanta riqueza, pero nunca la hemos tenido tan pésimamente distribuida, la sociedad se dualiza en ricos cada vez más ricos y en pobres cada vez más pobres, podemos dañar gravemente la biosfera y destruir las condiciones de vida de los seres humanos. La Tierra es como un corazón. Gravemente lesionado, el resto de los organismos vitales se verán afectados, los climas, las aguas potables, la química de los suelos, los microorganismos, las sociedades humanas. La sustentabilidad del planeta, tejida por millones de años de trabajo cósmico, puede verse desbaratada.
RAZONES PARA UN CAMBIO DE MODELO DE ESPIRITUALIDAD
Afortunadamente, está surgiendo la conciencia de que nosotros no podemos seguir actuando con la mentalidad que hasta ahora hemos poseído. Nuestra visión cartesiana-newtoniana de la naturaleza nos ha hecho dualistas, en el sentido de contraponer el hombre a la tierra. Nosotros estaríamos sobre la tierra y contra la tierra, como seres extraños y hostiles, mirándola como un conjunto de recursos y materias primas que se pueden explotar indefinidamente.
En este sentido, se nos han venido abajo dos ilusiones, la de creer que la Tierra es inagotable y la de que nuestro pogreso hacia el futuro es ilimitado. Llevamos así 400 años y el modelo ha hecho quiebra. El objetivo que perseguíamos se ha vuelto contra nosotros: de dominadores hemos pasado a ser dominados.
Sencillamente, estamos descubriendo que, por delante, por encima y por más abajo de todos los hallazgos y laberintos tecnológicos, se halla nuestra casa perdida, nuestro común hogar olvidado: la Tierra, la Comunidad Humana y Cósmica. Ya no admitimos que la Tierra sea una simple reserva físico-química de materias primas. Es un organismo extremadamente complejo y dinámico. Es la gran Madre que nos nutre y transporta. El destino común exige un cambio de rumbo.
CAUSAS, DE TIPO RELIGIOSO, DE LA CRISIS
Pero, para acertar en este cambio, debemos preguntarnos cómo ha sido posible que hayamos llegado a esta situación de guerra entre el ser humano y la naturaleza. Ha habido unas causas. Y, si no damos con las causas, difícilmente podemos dar con el remedio.
Quiero fijarme principalmente en la incidencia que la religión cristiana ha ejercido en esta crisis.
En la tradición cristiana podemos descubrir dos orientaciones: una integradora y otra desintegradora.
La primera es la que, partiendo de que Dios es el Creador y el Bienhechor, no puede haber creado algo hostil a la vida y a los sistemas vitales. La revelación de Dios es positiva y benéfica, profundamente integradora del ser humano con la naturaleza.
La segunda es la que le atribuye una buena responsabilidad en todo este proceso de distorsión, al haber propiciado la secularización , la falta de veneración a la Tierra y el resurgir del proyecto de la tecnocracia.
Señalo algunos puntos de esta tradición cristiana de carácter antiecológico.
Patriarcalismo:El patriarcalismo se caracteriza porque ensalza los valores masculinos y hace que ocupen los principales espacios sociales, en tanto que las características femeninas quedan marginadas. Dios mismo es presentado como Padre y Señor absoluto. Se da aquí, indudablemente, un reduccionismo que afecta al equilibrio de los sexos y que condiciona una ruptura de la ecología religiosa con la social.
Monoteísmo: Existen razones más que suficientes para sustentar el monoteísmo, pero tal como se formuló psicológica y políticamente supuso una lucha incansable contra el politeísmo de cualquier signo, negando en él cualquier momento de verdad.
La radicalización del monoteísmo desacralizó el mundo, contraponiéndolo y distinguiéndolo de Dios, separó excesivamente al mundo de Dios, no supo discernir las energías divinas en el universo y especialmente en el ser humano.
Políticamente se lo invocó para justificar el autoritarismo y la centralización del poder: un solo Señor en el cielo, un solo Señor en la tierra, un solo jefe religioso, una sola cabeza ordenadora de la familia.
Esta visión destruyó el diálogo, la equidad y la comunidad universal que supone el ser todos hijos e hijas de Dios. Se afirmó que únicamente el ser humano ha asumido la representación de Dios en la creación, sólo él es prolongador del acto creador de Dios. Se relegó al olvido a la gran comunidad cósmica, portadora del Misterio y por ello reveladora de la Divinidad.
Antropocentrismo: El texto bíblico de “sed fecundos, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad sobre los peces del mar, las aves del cielo….” (Gn 1, 28) es una invitación a la demografía ilimitada y al dominio de la tierra ilimitado. Otros textos (Gn 9,7; 9,2; Sal 8,6-8…) expresan un claro sentido antiecológico.
Ideología tribal: Me refiero a la ideología que ha hecho que, tanto hebreos, cristianos como mulsumanes se considerasen pueblos elegidos de Dios, con lo que no supieron eludir el riesgo de la arrogancia y la lógica de la exclusión. De hecho así ha ocurrido en las guerras de unos contra otros, en el intento de querer imponer las propias convicciones a los demás en nombre de Dios, llegando a vivir en una fraternidad del terror contra toda diversidad del pensamiento (inquisición, fundamentalismos, guerras de religión).

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