lunes, 5 de enero de 2015

¿A dónde va la religión en América Latina?

- ¿A dónde va la religión en América Latina?
Miguel Pastorino
Los sociólogos de la religión, desde los años 90 advierten que la tendencia religiosa de mayor crecimiento en el mundo, especialmente en occidente, y más concretamente en los países tradicionalmente cristianos, son los “creyentes sin adscripción religiosa”, o “creyentes sin religión”.
Los cuales, muchas veces, erróneamente, son calificados por las encuestas como “no creyentes” o como “agnósticos”, por no identificarse con ninguna religión, cayendo así en un error conceptual importante. No adherir a ninguna institución religiosa, no significa no tener creencias religiosas, por el contrario, suelen ser personas profundamente religiosas.
La crisis de la modernidad, de las instituciones, de las grandes iglesias históricas, especialmente las más burocratizadas y amalgamadas con los esquemas modernos, ha hecho creer que la experiencia religiosa estaba desapareciendo. Sin embargo estaba solamente cambiando de lugar. Lo que desaparece es un modo de vivir y practicar la fe.
En una cultura dominada por la lógica instrumental y consumista, ha crecido lo que los sociólogos franceses llamaron “religiosidad a la carta”, según la cual, cada uno compone y reconfigura su propio menú religioso, tomando de cada tradición religiosa, lo que mejor conviene a su necesidad.
El descenso de la práctica religiosa tradicional no significa un retroceso de la religión sino un cambio del espacio religioso y sus manifestaciones, por el cual se pasa de una fe social y culturalmente heredada, a una fe asumida como camino personal de búsqueda y experiencia particular.
Según los recientes resultados de Pew Research Center, los “creyentes sin religión” o “no afiliados” son en Europa un 18%, en Asia un 21%, y en América Latina un 8%.
La religiosidad postmoderna privilegia la experiencia antes que la doctrina, los itinerarios personales antes que las grandes tradiciones, las vivencias espirituales antes que los contenidos doctrinales. El peso del testimonio emocional, la vivencia y la interioridad en los movimientos neopentecostales y en las espiritualidades neoesotéricas y gnósticas, muestran los nuevos rumbos de la religión y presentan un gran desafío a las religiones clásicas y a las iglesias históricas.
En la cultura de las sensaciones solo vale lo que se experimenta interiormente, emocionalmente. Si no hay un acercamiento emocional, afectivo a la religión, esta es considerada inútil.
¿Qué sucede al interior del cristianismo?
Las iglesias más penetradas con la racionalidad moderna, cuyo discurso se centra más en el compromiso ético y social o en la fidelidad doctrinal intelectualizada, son las que más rápidamente pierden feligresía, como en amplios sectores del catolicismo -en sus versiones más secularizadas- y en las iglesias protestantes históricas y evangélicas más liberales.
En cambio, las iglesias evangélicas que enfatizan más la experiencia espiritual, la evangelización y especialmente la “vida sobrenatural”, son las que crecen exponencialmente, especialmente el pentecostalismo que hoy alcanza los 600 millones en todo el mundo.
Los pentecostales en Brasil pasaron de un 5% a un 20% de 1970 al 2010, en Argentina son 4 millones, en Chile han superado el 25%, en Guatemala el 45% y en Colombia un 30%.
En la Iglesia Católica el movimiento carismático y otros movimientos con similar estilo al del pentecostalismo, también crecen sin dificultades.
Habría que matizar que no todos los protestantes y evangélicos crecen por igual, y no todas las tendencias dentro del catolicismo están en crisis. Un modo de vivir la religión decrece, y otro modo lo está sustituyendo. No hay religión que no se vea cuestionada por esta metamorfosis religiosa que tiene profundas raíces socioculturales.
Un fenómeno complejo
Muchos juicios apresurados y formas de discriminación religiosa que aparecen a diario, se deben en gran parte al desconocimiento de la diversidad y complejidad del fenómeno religioso. La falta de conocimiento en materia de religiones, afecta la capacidad de muchos investigadores, que se proponen interpretar los fenómenos religiosos.
No se puede, por ejemplo, confundir “no afiliado” con agnóstico o ateo. No se puede confundir protestante con pentecostal, y mucho menos confundir a los neopentecostales con “Pare de Sufrir” o “Dios es Amor”.
Hay más cercanía doctrinal entre el catolicismo, el protestantismo y el pentecostalismo, que entre los pentecostales y aquellas iglesias brasileñas, cuya doctrina y práctica está más cerca del espiritismo y la magia que del cristianismo.
Alguien que se dice “católico” al ser consultado en una encuesta, puede creer, sin embargo, en la reencarnación, practicar el hinduismo en “El Arte de Vivir”, consultar un Pae de Umbanda para cuestiones personales y asistir a una sesión de “Pare de Sufrir” para liberarse de un “maleficio”. ¿Cómo será interpretada la identidad religiosa del encuestado? ¿Cómo debería ser clasificado?
Los cambios en la religión y su impacto en la vida personal y social deberían estudiarse con mayor profundidad y detenimiento. La falta de formación en estos temas, ha provocado un enorme desconocimiento de las herramientas necesarias para comprender el fenómeno religioso y las distintas religiones.

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