miércoles, 17 de diciembre de 2014



RAÍCES DE LA EXCLUSIÓN EN EL MUNDO JUDÍO
Abel Moya

La exclusión en el mundo judío, como en el resto de las culturas, posee raíces socioeconómicas y políticas identificables.

Un breve y rápido examen de las Escrituras provoca desconcierto frente a la situación de las/os excluidos en la tierra de Israel. Son muchos los pasajes del Antiguo Testamento que exigen la protección de los sectores considerados vulnerables, entre los que se destacan las viudas y los extranjeros. Sin embargo, la práctica social demuestra que la exclusión fue un hecho en la sociedad judía. La propia insistencia sobre la necesidad de auxiliar al pobre y al no judío demuestran que, en la cotidianidad, la exclusión económica y político-religiosa afectaba a buena parte de las/os moradores de la nación.

Como hemos dicho, la exclusión a pesar de estar condenada en diversos textos de la Biblia, tuvo matiz religioso. A nuestro modo de ver, esta situación encuentra fundamento en las estrategias de control socioeconómico y político de los sectores de poder quienes fomentaron interpretaciones de las Escrituras que sirvieran a sus objetivos.

No puede decirse que la ley aseguraba en absoluto el amparo de las/os marginados y que luego la elite económica y política tergiversara el sentido de la Escritura a su beneficio. En buena medida, la ley es ya resultado del pensamiento elitista en detrimento de los sectores vulnerables: interpretación segregacionista de lo sagrado. No obstante, la voz profética habla a favor de las/os discriminados y oprimidos, responde a experiencias populares en la lucha contra la marginación y la opresión, y en muchos casos hizo cambiar las leyes a favor de las/os humildes y desprotegidos. Ahora bien, no es menos cierto que, en diversas etapas, la elite endureció su actitud frente a los extranjeros, las mujeres, los enfermos, los pobres e interpretó los textos sagrados sin la mayor preocupación por la sobrevivencia de ellas/os.

Son muchos los pasajes del Antiguo Testamento que defienden al extranjero y a la viuda, sin embargo no son tantos los que, explícitamente, hablan en favor de las mujeres (por ser mujeres) y de los enfermos. Se percibe una profunda preocupación por mantener el control socioeconómico en manos de un reducido grupo con poder político y religioso.

Desvelada por mantener la gobernabilidad rentable, la elite de la sociedad judía consideró a los enfermos como un peligro contra la estabilidad social y el rendimiento económico de la comunidad. Las mujeres (posiblemente mayor en número respecto de los hombres) fueron vistas como un riesgo contra el status económico y político. Los extranjeros, más difíciles de controlar por proceder de tradiciones distintas y practicar costumbres diferentes, constituyeron una amenaza política y religiosa, en tiempos en que la religión aseguraba la cohesión nacional y no existían fronteras claras respecto de lo político.

De esta manera se extremó la imagen de Yahvé como único Dios de Israel, varón, santo, puro, celoso por la ley, su casa y el Templo de Jerusalén. El rostro oficial de Yahvé se asemejaba cada vez más al de la elite mientras se diferenciaba aceleradamente del rostro del pueblo.

En épocas del Nuevo Testamento, esta situación se agravó de manera considerable. La intervención del imperialismo romano complicó la situación de los sectores vulnerables. Las estrategias de control por parte de la elite judía se radicalizaron. Creció el fundamentalismo, al tiempo que se hicieron más visibles los conceptos económicos y políticos que le acompañaron. La elite renegaba aún más de los pobres, las mujeres, los enfermos, sin embargo acortaba la distancia con los invasores romanos al concertar alianzas políticas y culturales. 


Desocupación. Antonio Berni (Argentina)


La radicalidad segregacionista de la elite revela otra problemática no menos importante: la inconformidad de los sectores excluidos. No cabe duda que muchos extranjeros, mujeres, pobres, marginadas/os se revelaron contra las estrategias de control que aseguraba el poder en manos de la aristocracia sacerdotal y laical. Los movimientos de resistencia dentro del judaísmo que presentaban diversas alternativas económicas, políticas y religiosas, acrecentaron las preocupaciones de la elite.

Al mismo tiempo, se desarrollaron diversas interpretaciones populares sobre lo divino y sus relaciones con los seres humanos. Creció el sincretismo entre el desencanto popular frente a la actitud del liderazgo religioso oficial y el contacto con otras creencias, lo que atemorizó a la elite y extremó sus reacciones a favor de la “seguridad nacional”, imposible de comprender al margen de su propia estabilidad como clase dirigente propietaria de los bienes materiales y espirituales de Israel.

Las primeras comunidades cristianas no desconocieron esta situación. Algunos líderes de las iglesias originarias (varones judíos, celosos de sus tradiciones) sintieron temor de perder el prestigio y control que ejercían dentro de la comunidad. Las mujeres y los extranjeros constituían un desafío frente a los líderes judíos, en muchos casos, las alternativas que proponían amenazaron con descentralizar el poder.

(leer: El Nuevo Testamento, un mundo de excluidos)

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