Fue el sábado 15 de febrero, pasadas las 20 horas, cuando Melissa Sepúlveda twitteó desde su cuenta personal la declaración de La Fech ante la crisis de Venezuela. Seis días después, tras la avalancha de reacciones, diferencias con compañeros de otras federaciones y variadas columnas politizando al respecto, Sepúlveda salió a explicar lo que intentaron hacer.

Tras el debut triunfador del movimiento estudiantil en febrero, con la renuncia antes de asumir de Claudia Peirano a la subsecretaría de Educación, el “intento de golpismo” que denunciaron en el país llanero constituyó el primer “apretón” del Frente de Estudiantes Libertarios (FEL) al mando de la federación.
Por eso, apenas regresó de visitar una comunidad mapuche en defensa del Río Pilmaiquén, la estudiante de Medicina se reunió con el equipo que la respalda en su nueva tarea, definió el camino a seguir y aclaró que no era una defensa del gobierno de Maduro, sino que del pueblo venezolano.
“Se ha sobredimensionado y es importante decir algunas cosas”, dijo, en una intervención con la que se zanjó definitivamente el tema, pero que dio luces de lo que será la Fech 2014, un agente que además del debate educacional intentará abrir espacios para reinvindicaciones laborales, populares y de género con la figura pública más relevante de esa corriente en casi un siglo.
Buscando política
Nacida en Concepción, Melissa Sepúlveda Alvarado es la segunda de tres hermanas. Allá, en la Octava Región, cursó toda la enseñanza básica en el Colegio Bautista de Concepción, de marcada orientación evangélica.
Sin embargo, la “emancipación” de la religión familiar vino pronto. Cuando apenas cursaba segundo medio en el Colegio Almondale, de San Pedro de La Paz, un establecimiento particular subvencionado al que ingresó buscando una mejor preparación para la PSU.
Ahí le comunicó a Danilo y Silvia, sus padres, que ya no creía en Dios y que esperaba que respetaran su decisión tal como ella seguiría respetando la suya. Un tema complejo entonces, pero en el que a esta altura ya ni siquiera se detiene.
“Más que un choque, la decisión de no creer, que fue respetada por mis padres, fue la oportunidad de pensar por mí misma más allá de lo que me había inculcado mi familia”, dijo en una entrevista hace algunos días.
Y esa decisión, según ella, fue la que la motivó a buscar su propio camino, no sólo en el ámbito religioso. La historia de las reinvindicaciones laborales en Lota y un trabajo sobre la Comisión Valech fueron los primeros acercamientos, aún en el colegio.
Luego, con un excelente rendimiento académico (6,9 NEM) y ponderando casi 800 puntos en la PSU, decidió hacer las maletas y venir a Santiago a estudiar Medicina.
Pero Melissa no sólo venía a convertirse en médico: también, tras experimentar liderar el centro de alumnos del colegio Almondale, ingresó a la Universidad de Chile para seguir expandiendo sus horizontes y sumergirse en la política universitaria santiaguina.
Eso sí, no era lo que esperaba. Pensó que los niveles de organización en la capital eran mayores que los penquistas, pero no fue así hasta el 2011, el año de inflexión de la nueva generación de dirigentes estudiantiles de Chile. Buscó, se inmiscuyó en la discusión en su facultad y al alero de las movilizaciones, decidió entrar a militar al Frente de Estudiantes Libertarios.
Víctor, un amigo que conoció en la facultad que militó en el FEL, más el acercamiento a textos libertarios y de feminismo la llevaron a militar en esta organización y no en otra, según ella misma ha explicado.
Desde ahí comenzó a dibujar el camino que la llevó en noviembre pasado a la federación de calle José Carrasco, tras dos años de la Izquierda Autónoma en la presidencia Fech. Y más aún desde agosto de 2011, con el movimiento estudiantil en pleno apogeo, cuando los integrantes del FEL de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile buscaron expandir las demandas fuera de la Casa de Bello.
“Pensamos que no iba a llegar a nadie, pero vino mucha gente. Ese día cambió la perspectiva de todos, también la de Melissa. Yo diría que ahí comenzó a creer que la organización social con pobladores y trabajadores era más que un proyecto juvenil, sino que un proyecto de vida”, dice César Salazar, compañero de generación en Medicina y amigo de Sepúlveda.
Desde ahí, “la Meli” no paró. Tras consolidar la Asamblea Territorial de Independencia, pasó al Consejo de Estudiantes de Salud de Medicina, desde donde creó la secretaría de género y sexualidad, otro de sus grandes temas. No por nada formó, junto a algunas compañeras, “La Alzada, Acción Feminista Libertaria”, organización en la que milita paralelamente al FEL.
De ahí pasó a ser Consejera de Salud durante el año pasado y en septiembre se convirtió en la carta rojinegra para liderar la mesa directiva de la Fech durante el 2014. Ahora, desde esa plataforma, se catapulta como la figura pública más importante de los libertarios y apunta a reconvertir la federación de estudiantes de la Chile en una casa abierta que acoja a todas las organizaciones que trabajan por el poder popular.
“Es una líder innata y una dirigente en permanente formación. Siempre está preparada porque es muy matea y pide información para tener a la mano los elementos para estar al tanto. En ese ámbito está muy bien informada”, dice Francisco Sainz, encargado político del FEL y miembro del equipo de apoyo de Sepúlveda.
Melissa
Al tenor de sus nuevas responsabilidades, poco y nada de tiempo le queda para seguir tocando el cello y jugar voleyboll, deporte en el que ha destacado junto a sus dos hermanas. Su hermana menor, Silvia Belén, “la chichi”, incluso ha integrado el equipo nacional en su categoría.
Pero Melissa sigue siendo la misma mujer que su familia y amigos conocen. Una mujer de carácter fuerte, firme en sus convicciones, pero sensible y comprensiva a la vez. Amante de la trova y el folclore latinoamericano -tuvo una banda en el colegio- y de su bicicleta, con la que se moviliza a la universidad, el hospital, la Fech y hasta el Cajón de Maipo, cuando el tiempo se lo permite.
“Tiene una actitud afín al arte y la música, algo que le da sensibilidad aguda y apertura. Es una mujer muy sensible, con una formación moral muy estricta y amiga de sus amigos”, cuenta César.
Su segunda militancia es el feminismo. Sus compañeras en La Alzada la reconocen como una líder natural y cercana que pone sus conocimientos al servicio del trabajo comunitario. Hasta poco antes de la campaña a la Fech, era la encargada de talleres de sexualidad y género.
“Ha hecho muchos sacrificios para seguir este camino. Tuvo que suspender su internado, por ejemplo, y como es buena estudiante, habló con los profes y llegó a un acuerdo con ellos para después concentrarse en eso. Eso lo consiguió porque es buena estudiante, no por otra cosa”, cuenta Fernanda Cavada, también militante de La Alzada.
Como era un excelente alumna, Melissa consiguió incluso apoyo de académicos durante su candidatura y se ha consolidado como un referente en la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile. Y ahora, además, como una figura reinvindicadora del feminismo en el país.
Cavada cuenta que para la actual presidenta de la Fech es un tema clave, que ha discutido en varias ocasiones con sus amigas. La discriminación por género, a las minorías sexuales y a la sexualidad femenina, son algunos. También, no menos importante, el del machismo en política, incluso universitaria.
“De 10 personas que vienen a asambleas, 8 son hombres. Entonces se da eso de tener que hablar más ronco para que te escuchen. Por eso, y por cierto por otros temas, es que nos organizamos, porque creemos que hay un problema en general en el trabajo, sueldos, trato y que eso se reproduce en todos los estrato”, cuenta su amiga.
De hecho, hace algunos días, la Fech sirvió además como punto de encuentro para preparar las actividades para el próximo 8 de marzo, día de la mujer. Será su primera marcha de marzo, apenas tres días antes del cambio de mando y el aterrizaje de la Nueva Mayoría.
Hoy, tras explicar lo que significa ser libertario en Chile, criticar la polémica designación y posterior renuncia de Claudia Peirano a la subsecretaría de Educación y enfrentar las críticas por la declaración ante la crisis en Venezuela, Sepúlveda se alista para entrar de lleno a la discusión educacional.