jueves, 12 de diciembre de 2013

SEÑALES NAVIDEÑAS: UN TITULO NO COMERCIAL Y UN TEXTO TAN LARGO QUE NO DAN GANAS DE LEER.

Ricardo Morales

Lo que sucede es que la navidad es muy divertida!
Divertida en el sentido irónico. Realmente es tragicómico. Imagina que en tu casa se celebra tu cumpleaños y los invitados (especialmente convidados) nunca se enteren de qué tipo de celebración se trata. Reflexionaras en los motivos por los cuales estas personas están ahí, cuestionaras quizás su afectividad o sus intenciones y hasta su sentido común. Es evidente que eres el festejado, pero tus invitados han decidido celebrar el hecho de que se encontraron con amigos antiguos, que otro amigo (que no eres tú) está de aniversario en un par de semanas y que la promoción de tu escuela se reunirá la semana entrante para la gran fiesta. Todo esto en un ambiente festivo, mucha  comida y bebida sobre las mesas  listas para festejar diferentes razones, muchas razones, menos tu cumpleaños.  Eso es cómico y para el protagonista pienso que es tragicómico.
Creyentes o no, sabemos que el 24 de diciembre es navidad (al menos en occidente y zonas puntuales de este gran globo). Pues bien, todos tenemos una idea de la navidad, algunas profundas, otras urbanas, muchas fantasiosas (hollywoodense) y las más abundantes son las fusionadas con otras creencias y religiones clásicas o modernas.  A pesar de esto, quisiera mencionar algunos acuerdos ordinarios con los que espero coincidamos en general. Ejemplo: Luces (muchas y coloridas), árbol navideño (todos los tamaños), comida (mucha), regalos (diferentes precios), familia (hasta los  re-tatarabuelos), un “viejo” barbudo vestido de rojo, películas de la época, descuentos  y nieve. Sí, nieve!!  sin importar dónde vivas y si la conoces o no,  en navidad hay nieve!
Las cosas anteriores son, en más o menos medida, algo decorativo. Sin embargo,  en un par de ellas  y otras que quisiera mencionar más adelante,  se esconden grandes amenazas que no solo atentan con la espiritualidad y propósito esencial de la natividad, sino que son elementos que se están devorando nuestra sociedad. Vale la pena observarlos, incomodarnos y discutirlos y cambiar el rumbo?  Pienso,  que en la medida de lo posible,  no estoy dispuesto a comer excremento en plato de plata, prefiero alimento desde la mata, aunque me cueste subirme al árbol.
Tomaré algo que me produce risas, frustración y gran sentido de rebeldía. Me refiero a las señales Navideñas.  Te has dado cuenta que la navidad no cuenta con símbolos que la definan íntegramente? De hecho, me refiero a las señales que vemos en las calles, hogares, escuelas, iglesias, parques y donde quiera que te metas, nada de lo que vemos puede definir plenamente lo acontecido en la navidad de hace unos 2050 años atrás (aprox.) Ahora, no es que estas señales no existan en la historia, sino que han sido fuertemente suplantadas por señales provenientes de diversas enseñanzas, creencias  y narrativas históricas que han opacado el tremendo mensaje navideño. Sobre este tema, puedo mencionar que en el país en el que hoy vivo, la Coca Cola inicia su publicidad con un slogan fantástico “YO TAMBIÉN CREO EN TI”  -  Santa Claus - aparece con el típico refresco en su mano.  Ahora,  no te parece masoquista que alimentemos la imaginación de nuestros hijos con la idea de un abuelo vestido de rojo, montado en un trineo, jalado por renos que le brillan las narices y un polvo mágico que lo hace volar  por todo el mundo entregando presentes navideños a los que se portaron mejor! a los buenos!  A los que se lo merecen!.(Es una de las razones por las que nos cuesta entender la gracia de Dios a todo el mundo, un regalo inmerecido para buenos y malos…no solo los buenos.)  Ahora, si a tu hijo no le regalaste por motivos económicos, tendrás un nuevo problema tratándole de explicarle las razones por las cuales el buen Santa Claus no lo considero bueno y merecedor de un regalo.
Yo mismo me he vestido de rojo y recreado esta fantasía en la mente de mis sobrinos, para luego, a muy corta edad, desmantelar esta creencia y reconocer que no tan solo Santa Claus no existe, sino que nosotros le mentimos y abusamos de su inocencia y confianza para darles pequeños momentos de felicidad, suplantarles al protagonista de la historia (que parece ser más aburrido y menos atractivo) y educarles en una mentalidad de mercado apoyando la industria explotadora de un polo norte que esclaviza a un grupo de duendes para llenar el mundo de regalos divertidos que puedan saciar el deseo de consumo y reconocimiento del hombre…   
Este es un símbolo o señal de la navidad que puedo ver fácilmente. Si quieres puedes pensar un poco en el árbol de navidad y buscar donde es que este símbolo está presente en la natividad. Si quieres puedes cuestionar la nieve o bien los colores navideños, pero quisiera escribir de tres elementos  que creo son nuevos en alguna medida para mi y que no había pensado anteriormente. Junto a esto, quisiera sugerir nuevos símbolos cristianos para una navidad con mayor sentido. Son una idea, nada imperativo, pero interesantes logramos ponerlos en práctica.
En navidad hay tres cosas que funcionan como base: 
1.- Estar en Familia
2.- Estar Cómodos
3.- Compartir Regalos
Son cosas que en mayor o menor medida son aceptadas como lógicas y saludable, pero quisiera expresar algunas preocupaciones y propuestas.
1.       Estar en familia es la manifestación más individualista que se pueda desear en una navidad.  Nos educaron bajo la enseñanza de que al círculo familiar no ingresan extraños. El Extraño es el otro, un vecino, un amigo, un desconocido y hasta un tío lejano.  Esto es interesante, pues es tan contradictorio para un mundo que dice vivir en una aldea global, un mundo de redes sociales y millones de amigos en Facebook. No podemos experimentar la riqueza de una vida comunitaria si consideramos al otro como un extraño.  El extraño es excluido de muchas mesas navideñas. Los indigentes son extraños, los sin techo, los insoportables, los hijos de familias disfuncionales, madres solteras, padres solteros, ancianos y forasteros.
La navidad nos enseña otra cosa.  Nos muestra como Dios inicia su acto de amor redentor identificándose con los más necesitados. De hecho, Jesús nace lejos de su ciudad (como extranjero), en un lugar sin las condiciones más “apropiadas”(como indigente), con una madre que oculta su maternidad, debido a una sociedad legalista que no comprendería su maternidad divina. No es fácil para la joven adolecente este escenario ni mucho menos para José, su prometido, cargar con la dificultosa situación que viven. En medio de todo esto, nace Jesús, rodeado de animales que no han dejado de ser animales por su nacimiento, por lo tanto imagino que  el lugar tiene su aroma. Es interesante que los únicos regalos que se mencionan en la biblia provengan de extraños.  Esto debe hacernos pensar en el primer símbolo que quisiera sugerir “el otro en la mesa, un extraño”.  La oportunidad que la navidad nos brinda consiste en que experimentemos, de primera fuente,  una identificación con el nacimiento del hijo de Dios. No me refiero a espiritualizar el momento, sino que comprender las circunstancias en que se dio el nacimiento y generar  un acto (no millones de actos) que nos recuerde y re-oriente nuestra vida en relación al amor a otro. Invita a tu mesa a un extraño! Reunámonos con los vecinos, comparte la “sagrada mesa familiar” con un indigente o bien con alguien sin hogar o sin familia. Este acto, nos puede ayudar a encarnar lo que vivió Cristo en su nacimiento. Por cuanto a uno de estos se los hiciste, a mi me lo hiciste.

2.       Estar Cómodos es otro fenómeno muy deseado en estas fechas. Todos queremos pasar un buen tiempo, que exista buena comida en casa, que todo lo que se necesita para celebrar este asegurado. Podemos hacer la evaluación de una buena fiesta si todos los planes están bien y si en tu familia se vivió una cálida y seguro abundancia. 
A esto podemos llamarle, sin temor a duda, un acto de indiferencia. La indiferencia es algo más  común de lo que pensamos. Viene desde nuestros cimientes educativos. No hay clemencia en la competencia en tener mejores calificaciones en el curso. Siempre hay un ganador y “muchos” perdedores.  Es fácil alegrarnos cuando somos nosotros los que estamos bien, pero no es común que renunciemos a los primeros lugares, a los reconocimientos o en los mejores casos “bonos por desempeño” , para simplemente pasar al lado de los perdedores, compartir con ellos. Estos son los que no pueden alcanzar lo más alto, otros que por lo que su clase social los ha  destinado a quedarse en la planta baja del edificio. Lo más socialistas y comunistas pueden pensar que se trata de ricos y pobres, pero yo creo que tiene que ver con una enfermedad profunda en todo ser humano.  Todos cometemos el mismo “crimen humano” al repetir una y otra vez acciones como por ejemplo: Disfrutar de un buen momento en casa caliente, mesa llena, licorería abundante, un árbol navideño lleno de presentes y mucha luces “muchas de verdad” que hagan resplandecer el espíritu navideño.
En el pesebre la abundancia “posiblemente” no existió, y que bueno sería eso. Necesitamos como sociedad dejar de perseguir la abundancia, la sobre-producción, sobre-consumo, sobre-explotación y buscar la sobriedad, el compartir, el permitir a otro que sea la razón que sea no tiene para celebrar “sobriamente” de una comida navideña. No estamos dispuestos a desear menos en nuestra mesa para que exista en otra mesa con menos “recursos”.  Estoy seguro que Jesús comprende esto, pues su vida entera fueron asistidos como familia por la comunidad de amigos y desconocidos que les ayudaron a sobrevivir. De hecho, puedo imagina que los presentes que recibieron aquella noche por los desconocidos visitantes, les ayudaron a emprender el viaje a Egipto días después que se emitiera la orden de muerte en su contra. Aquí es que sugiero un segundo símbolo navideño “compartir tu abundancia en la mesa de tu prójimo” .  Re-eduquémonos con actos concretos  que en nada pueden afectarnos más allá de la sobre-abundancia en nuestra  mesa.
3.       El tercer elemento son los muy deseados y atractivos regalos. Recuerdo que desde niño los esperaba con ansias y me recostaba a su lado bajo el árbol de navidad para abrir cada uno de ellos. Los seleccionaba y separaba por nombres, los movía una y otra vez tratando de analizar su contenido.  Así fue toda mi infancia; aunque en el otro lado de la historia (desconocida por mi) estaban mis padres. Ellos sabían lo que esos regalos provocaban en nosotros, por lo que no importaba la pobreza que existiera, el show debía continuar. Las ansiedades son muchas en navidad. Podemos vernos correr a última hora en búsqueda del regalo que falta o el que está en promoción antes de que cierren la tienda. Es interesante, pues este fenómeno comercial obliga a muchos trabajadores estar presentes hasta altas horas del día en sus trabajos, para luego llegar a casa agotados y estresados por el intenso día navideño. Algo así como los duendes de Santa Claus trabajando arduamente para satisfacer los deseos más irrelevantes en una navidad.  Así corremos arrogantes con una tarjeta de crédito por las casas comerciales, firmando y afirmando que en los siguientes meses tendremos el dinero suficiente para pagar lo comprado. Esa arrogancia, en algunos casos suelen dar más amarguras que felicidades en un hogar común. El juguete o regalo generalmente deja de ser aquello tan preciado, para pasar a ser una “cosa más” de la amplia colección de cosas que estos niñ@s (grandes & chicos) nos gusta tener.  Así en navidad, perpetuamos uno de las adoraciones más evidentes y más fuertes de esta nueva religión imperante, el mercado.  Validamos con nuestros actos desenfrenados el poderío del dinero como única y exclusiva posibilidad de obsequiar. Fortalecemos este rito económico y nos alejamos de algo más trascendente y más valioso que es el otro, el ser humano con el que convivimos. Hemos perdido la capacidad de apreciar esto. Suplantamos nuestros afectos con objetos, que de paso menciono, viene a definir tu estilo, personalidad y estatus. Dejamos de valer por lo que somos y nos valida lo que tenemos. Por eso que ya no es común ver regalos con significado! Claro, para este tipo de regalo debes de dedicar tiempo, reflexionar en el otro, prestarle atención y conocerlo para obsequiar algo que demuestre un afecto especial.  De hecho, este tipo de regalos pueden ser creados o bien corresponden a desprendimientos de cosas que para uno son importantes. Estas cosas por lo general no son costosas, muy por lo contrario de aquellas que compras en un centro comercial. Si continuamos perpetuando estas señales en medio de una festividad tan importante, perderemos la oportunidad de conocer su grandeza y belleza en plenitud.
Por esto, quisiera proponer un tercer símbolo: “Regalos significativos”. Esto quiere decir “dejar de consumir como lo hacemos, dejar de comprar regalos y preparar cada obsequio con tus manos o bien heredar cosas que ya tengas. Esto nos puede ayudar a tener conversaciones e historias en la mesa o en la sala de la casa llenas de sentido y esperanza. Es un acto simple, que puede traer vida y retornar el sentido que la natividad a un mundo afectado por señales difusas.
Tenemos el deber de reflexionar sobre la navidad.  Pensar en la implicancia que esta tiene al mundo, aprender de ellas, crear nuevas historias que relaten con integridad y pasión lo que sucedió aquel día en Belén.
Imagina las señales del Reino en medio de la sociedad en la noche de navidad. Las implicancias que estas señales tendrían en tu barrio, en tu casa, en cada uno de nosotros. Veríamos personas sirviendo a otros, tiempo en familia, reconciliación y restauración de las relaciones, menos dinero derrochado, mejor alimentación, menos basura, menos estrés  y más paz a un  mundo que se ha olvidado al protagonista de la navidad.


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