miércoles, 20 de noviembre de 2013

Judaizando la fe cristiana: Sincretismo peligroso

Edward Falto
Desde tiempos del Nuevo Testamento (NT), y en base a la evidencia bíblica que nos brinda el libro de Hechos desde el capítulo 11, ha existido la tendencia a incluir en la cristiandad conceptos distintivos del judaísmo. En este capítulo, y a través de todo el NT, se aprecia claramente el gran debate que generó la llegada del Espíritu Santo a los gentiles y cómo estos se debían incorporar a la iglesia naciente. Estos debates llevaron a Pablo a mantener una ardua lucha para evitar someter a los gentiles a costumbres y modalidades religiosas típicas del judaismo y que no necesariamente eran características de la cristiandad que florecía en ese momento. Pablo entendía que todas las cosas pertenecientes a la ley judía y sus hábitos litúrgicos sólo eran la sombra de Cristo y habían quedado atrás.
Durante décadas han surgido movimientos con la intención de “rescatar” las prácticas típicas del judaísmo tradicional e incorporarlas en la cristiandad. Una de esas herejías se llama neo-judaísmo mesiánico.  A diferencia de los judíos mesiánicos, que son judíos de nacimiento que han creído en Jesús  pero que mantienen su practicas tradicionales sin que afecten a las doctrinas esenciales de la cristiandad, los neo-judíos mesiánicos son personas no judías que pretenden que los cristianos practiquen como parte de su liturgia ritos, costumbres y doctrinas típicas del judaísmo,  en otras palabras, se trata de “prosélitar” al cristiano.  Existe una variedad enorme de estas congregaciones, algunas de corte pentecostalista o carismático, así como también podemos encontrar ciertos rasgos de estas prácticas infiltradas en iglesias de concilios evangélicos históricos.
El gran problema con estas prácticas es que un gran número de cristianos no tienen los argumentos necesarios para refutar coherente y teológicamente estas modalidades. Esto surge como consecuencia de la falta de una teología concreta, el relativismo religioso, misticismos, la música carente de profundidad teológica, predicadores y maestros que no tienen un fundamento adecuado de la fe y que, a través de medios masivos exponen discursos sin sustancia bíblica… Estos y otros elementos han llevado a nuestra cristiandad a ser liviana y frágil en su apologética.   Lo lamentable del asunto es que muchas de estas prácticas hicieron su aparición años atrás y no hicimos nada al respecto. Llegaron las danzas hebreas con su colorido, particular vestuario e instrumentos musicales.  Después, los símbolos judíos: la estrella de David, el candelabro, el uso del “shofar” en  la adoración y la celebración del culto.  Además,  en algunos casos, se ha quitado la cruz de los altares para sustituirlo por el “menorah” y  otros símbolos judíos.  Estas prácticas se adoptan utilizando pretextos que no pueden sostenerse en un estudio serio de la teología cristiana, ignorando la gran riqueza que posee la cristiandad para desarrollar una adoración completa y con sustancia teológica.
Varias son la preguntas que podemos exponer para un cuestionamiento adecuado del asunto; ¿Por qué se dan estas prácticas en la cristiandad occidental? ¿Qué argumentos existen para sostenerlas? ¿Existe conexión entre la cristiandad neo-testamentaria y el judaísmo? y ¿Cuál es el pueblo de Dios?  Son muchos los elementos bíblica e históricamente sustentables para rechazar cualquier intento de judaizar o aplicar ciertas prácticas a la cristiandad.
En primer lugar, el apóstol Pablo en Efesios 2:11-22 expone claramente que los gentiles éramos extranjeros y estábamos lejos de las promesas de Dios. Ahora bien, una vez venido Cristo esa “muralla” que  nos separaba fue derribada, y “de ambos pueblos Dios hizo uno, edificado en el fundamento de los Profetas y Apóstoles siendo la piedra angular Cristo mismo”. Como vemos, según el apóstol no existen dos pueblos sino uno cuyo fundamento es Cristo, la Iglesia (el Israel Espiritual). En Gálatas 3:27-29 el mismo Pablo dice Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.”  Está claro para Pablo que ya no hay dos pueblos, sino uno sólo, la Iglesia y su doctrina está basada en Cristo. Además, no podía existir otro criterio de adoración, si Cristo es el fundamento lo demás es cosa del pasado.
No obstante, la lucha de Pablo por erradicar el acecho del judaísmo en la cristiandad era muy evidente en casi todos sus escritos, más aún, se atrevió a llamar la atención  al apóstol Pedro por actitudes como esa. De todos modos, la iglesia cristiana no tenía por qué mantener o practicar las costumbres del judaísmo para salvarse, sólo la fe en Jesucristo era suficiente para los apóstoles y lo ha sido para la toda la cristiandad hasta el día de hoy. Este intento de judaizar a los cristianos a través de danzas e instrumentos judíos es contrario a la escritura y a la tradición de nuestra fe.
Muchas iglesias de corte protestante carismático han adoptado estas prácticas sin la más mínima investigación. Son víctimas más de una estimación judeo-histórica-cultural que del judaísmo en sí. Han asumido como propias prácticas culturales-religiosas que no tiene nada que ver con la cristiandad. La estrella de David, el candelabro, el arca y otros, no son símbolos cristianos. Una simple búsqueda en internet bastaría para que nos diéramos cuenta de la diferencia entre ambas religiones. No obstante, es importante señalar que ninguno de estos símbolos judíos le añade más espiritualidad a una iglesia o al servicio religioso, simplemente es una percepción equivocada creer que aportan un ambiente más espiritual por el solo hecho de ser judíos. Lo que da vida a la Iglesia es la exposición de las Sagradas Escrituras, la fe en Jesucristo y la obra del Espíritu Santo en ella. Sé que estamos de acuerdo con que esto sería suficiente, por lo tanto ¿Por qué lo otro?
Lo peligroso de estas prácticas es introducir a los cristianos en un legalismo basado en la cultura judía, puesto que se tiende a sacramentar o a otorgarles un cierto nivel de santidad a elementos del judaísmo que en sí mismos no tienen valor ni significado para un cristiano. Por otro lado, para defender estas prácticas o posturas se apela a elementos o citas del Antiguo Testamento (AT) con el objetivo de justificar aparentes ministerios. Evidentemente, se puede pensar que omitimos el AT, pero en realidad no es así, ya que éste sigue siendo palabra inspirada y apunta a Cristo. El error básico de estas prácticas es que se toman de forma aislada elementos del AT para hacer doctrina en la iglesia del NT; algo realmente imposible de mezclar. La manera correcta de aplicar e interpretar el AT es filtrando sus enseñanza a la luz del NT y no utilizando textos aislados que lo único que provocan es caer en herejías y en deformaciones de la fe.
Resulta interesante notar que estas prácticas, que tanto proliferan en la actualidad, nunca han formado parte de la cristiandad, lo cual indica que en la tradición de la iglesia no se han considerado como un elemento importante para el desarrollo de la misma. Los grandes pensadores y educadores de nuestra actual teología entendieron claramente lo que era la cristiandad basada en Cristo. No se encuentra ni un solo dato en el que estos pensadores de la fe insinuaran o apelaran a prácticas distintivas del judaísmo. Por otro lado, los que sostienen esta práctica pretenden que se entienda como una nueva revelación para la iglesia, convirtiéndola en una acción totalmente extrabiblica. Pretenden también la restauración de las fiestas judías en iglesias cristianas (Yom Kipur, Rosh Hashana, Hannukah, etc). Estas fiestas se establecieron para conmemorar eventos de la historia o como momentos de la adoración específicamente judías.  Además, se les atribuye a ciertos elementos de estas prácticas un valor profético-escatológico que en realidad no tienen. Todas estas fiestas y días celebrados por los israelitas en el Viejo Testamento, o fueron específicamente diseñados para la nación de Israel o bien fueron sombra y figura de Cristo. Por esto entendemos que si Cristo ya vino y cumplió lo que estaba escrito sobre él y nos ha dejado un mejor pacto establecido sobre mejores promesas, entonces ¿para qué vivir bajo estos preceptos?
Es evidente que muchas congregaciones han adoptado estas prácticas y las han convertido en ministerios locales. Aunque no expliquen su valor teológico, estas iglesias le sacan el beneficio de la participación congregacional. En algunos casos, los pastores utilizan estos llamados “ministerios” para mantener una participación activa de su juventud y su feligresía, además de que ubica a la iglesia como parte de una vanguardia.  Fuera de esto no tiene nada más, ya que como se explicó anteriormente carece de valor teológico en un culto cristiano.
A lo largo de este artículo se han formulado algunas preguntas simples sobre estas prácticas,  pero podemos reflexionar sobre las siguientes:
  • ¿Cómo llegó esto al culto cristiano, si la evidencia neo-testamentaria no lo sostiene?
  • ¿Por qué en casi dos siglos de cristiandad es ahora precisamante cuando se ve?,
  • ¿Estuvo oculta esta revelación a la iglesia por tanto tiempo que ni los teólogos que le dieron forma a nuestra fe se dieron cuenta?
  • Si no tiene sentido teológico, ¿Por qué se sigue practicando? ¿Para qué?
Como ya he mencionado con anterioridad, el cristianismo no tiene nada que ver con el judaísmo.  La práctica de estos elementos, ya sea por malas interpretaciones o por modelos modernistas de entretenimiento son contrarias a la doctrina basada en Cristo. Su continua practica no aportará nada a la profundidad teológica, solo mantendrá ocupado a un sector de la iglesia en un ministerio que está lejos de su verdadero sentido.

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