viernes, 4 de octubre de 2013

Misoginia y literalismo: desafio de una iglesia postmoderna

 Ivelisse Valentin Vera
Como resultado de la supremacía de la razón sobre la religión heredada de la modernidad, hemos llegado a cuestionar la interpretación literal de los textos bíblicos y cómo estos continúan subordinando a la mujer al dominio del hombre y predisponiendo condiciones de violencia de género. Con tristeza debemos admitir que ni siquiera el secularismo ha logrado curar el mal de la misoginia, menosprecio o discriminación hacia la mujer. Sin embargo, las perspectivas postmodernas de cuestionar y desafiar las metanarrativas con las que hemos crecido son una herramienta con la que cuenta la iglesia contemporánea para enfrentar el prejuicio y la discriminación legendaria en nombre de Dios.
El hombre y la mujer cristianos del siglo XXI se han abierto a cuestionar este asunto, y muchos no tememos desafiar a la religión institucionalizada, pero ahora desde una espiritualidad basada en la experiencia y la compasión, no sólo en la razón. Hoy podemos decir que la ciencia y la razón se han quedado cortas para responder los grandes interrogantes de la existencia humana, y para demostrar que Dios no existe. Frente a una nueva manera de encarar la vida también existe una manera liberadora de leer el texto bíblico que nos permite encontrar a Dios en medio de esta humanidad limitada que puede ser misógina, discriminatoria, prejuiciada, injusta y hasta vil.
Si tomamos como referente los Evangelios, aunque parezca paradójico, veremos como la lente de la postmodernidad se asemeja a las perspectivas y estilos de acercamiento a los textos que conocemos de Jesús: cuestionar, mirar los textos bíblicos con sospecha y cambiar paradigmas siempre en favor del discriminado. Jesús desafió los mandamientos de la Torá Judía, “quién esté libre de pecado que lance la primera piedra” (Juan 8), dijo; y con esa declaración liberó la mujer de la muerte sin cuestionar sus acciones o motivaciones; le restituyó su dignidad y nos dejó en herencia una nueva manera de leer e interpretar la Biblia.
La postmodernidad nos interpela a una relectura de las grandes narrativas que han sentado las bases de nuestra identidad cultural y religiosa. Hoy leemos con nuevas lentes que anclados en la visión de Jesús nos permiten mirar hacia el futuro desde un presente complejo pero esperanzador. Tener la libertad de llamar “ al pan pan y al vino vino” sin temor de ser considerados herejes o de ser quemadas en la hoguera de brujas del medioevo, y que muchas mujeres puedan predicar o dictar cátedra desde lugares de privilegio en muchas partes del mundo, es muestra de que por más que pretendamos aferrarnos a absolutos, fundamentalismos o lecturas literales de la Biblia, el ser humano del siglo XXI se mueve en una relación con lo Sagrado basada en la experiencia, en la compasión y en la justicia; principios fundamentales del evangelio de Jesús, llamémonos cristianos o no.

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