miércoles, 23 de octubre de 2013

Dignidad al morir, con fe en la vida

Por:  |
Por Juan Masiá Clavel
El teólogo Hans Küng plantea, en el tercer volumen de sus memorias, la opción de asumir la muerte solicitando la aceleración médicamente asistida del fallecimiento. Lo afirma al constatar el avance de su enfermedad. Su testimonio estásuscitando reacciones ambivalentes desde posturas a favor y en contra del ordenamiento jurídico despenalizador de la eutanasia.
Contra la opción planteada por el teólogo se ha argumentado:
1) desde algunas instancias religiosas, diciendo que no tenemos derecho a adueñarnos de la propia vida violando una ley divina;
2) desde algunas posturas humanistas no religiosas, diciendo que la autonomía personal no justifica que renunciemos voluntariamente a la vida con una elección que implicaría la destrucción de esa misma autonomía.
Para apoyar la opción de Küng se ha argumentado:
  1) desde algunas posturas religiosas, diciendo que tenemos derecho a ejercitar la libertad dada por Dios para decidir el cómo y cuando del final de la vida;
y 2) desde algunas posturas no religiosas, diciendo que el ejercicio de esa autonomía es un derecho humano inalienable.
Tumblr_lozzl9T4DM1qe4t4to1_500
Ninguna de estas cuatro maneras
 (religiosas o no religiosas) de argumentar, centradas en obligaciones y derechos, me parece suficientemente convincente.
Además, la difusión mediática de estas cuatro argumentaciones fomenta en la opinión pública la impresión generalizada que identifica el rechazo de la eutanasia, como si fuera una señal de identidad religiosa, y su aceptación, como si coincidiese necesariamente con la actitud no religiosa o, incluso, antirreligiosa. Es decir, como si el rechazo o la aceptación fuesen cuestión de fe o increencia.
Frente a esa opinión tan extendida, hace años que vengo presentando este tema, en las clases de ética, como cuestión de decisión humana razonable y responsable.
Supongamos cuatro clases de personas (que llamaremos convencionalmente con las abreviaturas A, B, C y D), en la situación aducida por Küng ante la aproximación de la muerte. Dos de ellas (A, no religiosa, y C, religiosa) hacen la opción por la eutanasia. Las otras dos (B, no religiosa, y C, religiosa) rechazan la opción por la eutanasia.
Preguntadas por su motivación, la explican así:
A (persona no religiosa): quiere ser coherente con su convicción de que es razonable y responsable no sólo pedir ayuda en el morir, es decir, ayuda (curativa, paliativa y humana)para vivir dignamente hasta el final el proceso de morir, sino también pedir ayuda para determinar cómo y cuándo acelerar el final del proceso en circunstancias especialmente penosas y amenazadoras para su dignidad.
B (persona religiosa): está convencida en conciencia de que no contradice su fe en el Dios de la Vida la toma de decision personal acerca del momento de despedirse de esta vida y asumir la muerte que se aproxima como acto de confianza en la Vida de la vida. (Entiendo que es el caso de Hans Küng).
C (persona no religiosa): está convencida de que concuerda con su dignidad asumir la vulnerabilidad humana tal cual es, sin forzar la prolongación ni la aceleración del proceso de morir, sino dejándose llevar al mar del morir en que desemboca el río de su deterioro biológico.
D (persona religiosa): se siente llamada o invitada (pero no obligada, ni por ley divina ni eclesiástica) a confiar en el misterio último que da sentido a su vida, dejar la determinaciónn del cuándo y el cómo de su final en manos de quien se la dio,yencomendar su espíritu confiadamente para morir hacia la Vida de la vida.
He de atestiguar que mi propia opción personal es esta última (“D”), a la vez que respeto y reconozco la validez razonable y responsable de las otras tres, y no les impongo la mía en ningún caso, ni impongo a la sociedad civil que la haga suya.
Por eso no me opongo a la despenalización de la eutanasia y, compartiendo la declaración, científica y teológicamente respaldada, del Instituto Borja de Bioética (Hacia una posible despenalización de la eutanasia, Barcelona, 2005), pienso que “lucidez y responsabilidad en el último acto de la vida pueden significar una firme decisión de anticipar la muerte ante su irremediable proximidad y la pérdida extrema y significativa de calidad de vida. En estas situaciones se debe plantear la posibilidad de prestar ayuda sanitaria para el bien morir, especialmente si ello significa apoyar una actitud madura que concierne al sentido global de la vida y de la muerte”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Bienvenido! Tus comentarios y reacciones son bien recibidos