jueves, 22 de agosto de 2013

Salvación Individual, mal manejada, concepto peligroso

Edward Falto
Quizás este título te ha llamado la atención y pensarás que este artículo está diseñado para rebatir la idea de la salvación individual. Bueno, no necesariamente, ya que como ministro creo abiertamente en este principio y está claro que existe mucha evidencia bíblica que lo sostiene.  No obstante, la pregunta que podemos formular es: ¿por qué la salvación individual puede ser un concepto peligroso?
Este concepto como verdad bíblica lo encontramos a través de todo el nuevo testamento, citas como Juan 3:16; Juan 14 y 15; Hebreos 3-5; Gálatas 2:8-9 y muchas más, dan evidencia de su veracidad. Además, el concepto es apoyado por la mayoría de la cristiandad y es altamente conocido. Entonces, ¿cuál es el problema? Simple, se trata de la actitud con la cual el creyente interpela la idea en su medio ambiente. Es sabido que muchos conceptos teológicos mal interpretados y aplicados pueden llevar a conductas heréticas o a malas prácticas que adulteran el mensaje del evangelio. De ahí  la importancia de su cuestionamiento y comprensión para que, a su vez, evitemos caer en conductas contrarias a la fe.
No obstante, es en las iglesias protestantes donde este concepto encuentra su mayor aceptación y,  aunque la Iglesia Católica también lo sostiene, pone más enfasis en el efecto comunitario de la salvación. Las iglesias protestantes predican a viva voz esta idea, sin embargo y como ya se ha dicho,  el problema  no es la idea,  sino las implicaciones del concepto una vez recibido y administrado por cada individuo en su vida personal.  Para llegar al punto que queremos,  será saludable ver dos conceptos que, aunque en cierta manera relacionados, son completamente opuestos:
Individuo – (no divisible) en el caso de las ciencias sociales se le adjudica este concepto a toda persona que tiene características particulares y únicas. Deseo, voluntad, actitudes, formas de pensar que permiten su aprendizaje y definición de la personalidad.
Individualismo – es la actitud del individuo de separarse o aislarse de sus comunes en momentos determinados o permanentes. Ejecutar su deseo a base de su criterio o forma de pensar.  Esta puede ser una actitud del individuo o de una comunidad.
Quizás comprendiendo parcialmente estas definiciones podemos visualizar el peligro del concepto si no se concientiza adecuadamente. La realidad que permea muchas denominaciones protestantes es el énfasis en la salvación individual,  olvidando, de alguna manera, su efecto en la totalidad del Cuerpo de Cristo. Podríamos decir lo siguiente: “La Salvación es individual, pero no individualista”.  La iglesia debe entender que existen muchos peligros cuando esto pasa, ya que cuando un creyente asume, y posiblemente sin intención, una actitud individualista,  rechaza el concepto comunitario al que fue llamado.
Si bien está claro que la salvación es individual, ésta no se aleja del concepto comunitario, ya que cuando una persona recibe el mensaje de la Cruz no se convierte sólo en un individuo con fe, sino que es parte de una comunidad de fe: la Iglesia. Esta es un conglomerado de personas que tienen una misma fe (Cristo), una finalidad y una acción,  y es imposible que una persona que la haya conocido crea que puede llevar un evangelio aislado y a su manera.
Existen algunos indicadores que nos avisan acerca de los peligros de entender el concepto de salvación individual como salvación individualista:
  • El creyente cree que maneja su salvación: Sólo llevará a su vida  lo que a su entender “edifica”, desarrollando un criterio no necesariamente inclusivo y eclesial. No reconoce adecuadamente el significado de lo que representa una comunidad de fe.
  • Se centra en el éxito personal secular y espiritual.
  • Desarrolla cierto escepticismo y exclusivismo.
  • Su apoyo a las actividades de la iglesia estarán condicionadas (selectivo).  Al final dicen:  no ir a un servicio o ayuda comunitaria no hará que pierda la salvación”. Esto le lleva a secularizar la fe y a matizarla como una actividad más, olvidando el valor salvífico para otros.
Desde la perspectiva de Dios, la criatura es una moneda de dos caras, individual y comunitaria.  Por esto puedo afirmar que el propósito de Dios persigue un fin en ambos aspectos y que el balance merece tener una adecuada ejecución como creyentes en Cristo y como parte de una comunidad de fe.
No obstante, creo que ya hemos aclarado los peligros de una comprensión inadecuada del concepto y hasta dónde puede llegar su deformación. Sin embargo, deberíamos preguntarnos: ¿por qué pasa esto? y ¿qué lo alimenta?  Varias son las razones:
  • Los discipulados de las iglesias forman inadecuadamente al recién convertido.
  • Predicaciones modernistas, seminarios de motivación o liderazgo usando a Cristo como pretexto, enfatizan más el éxito que un individuo puede lograr que el éxito de éste como iglesia.
  • Las Leyes y Constituciones de algunos países enfatizan la defensa de los derechos del individuo.
  • En distintos países se educa a los hijos a ser grandes profesionales, políticos o figuras públicas y no con valores sociales o comunitarios profundos.
Como podemos ver no sólo es la mala aplicación o comprensión del concepto, sino que nuestra sociedad está diseñada del mismo modo hacia el individuo. Por eso, la pregunta la pregunta en la que deberíamos reflexionar es: ¿Qué podemos hacer? Pues bien, la Sagradas Escrituras son muy claras al exponer que nuestras actitudes como iglesia no pueden ser como las del mundo, el Apóstol Pablo aconseja que “no nos conformemos con el mundo” Romanos 12:2. Nuestro modelo de acercarnos como creyentes, iglesia y sociedad es espiritual y por eso sus componentes deben actuar.
Aunque es cierto el efecto de la salvación en el individuo, no podemos olvidar que nadie es salvado sin ser iglesia. Cristo no dijo que venía a buscar a individuos, sino a una iglesia.  Debemos cuidar nuestros enfoques colectivos y comunitarios, predicarlos y enseñarlos a las nuevas generaciones de creyentes y alejarlos del gran mal que representa el individualismo en el cuerpo de Cristo.

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