sábado, 17 de agosto de 2013

La teóloga que no sabe bailar

Por Matilde Córdoba | El Nuevo Diario

María López Vigil no tiene oído para el baile ni sabe menearse como la cubana promedio, porque creció pensando que eso de la danza, tan propio en su patria natal, era un pecado.

Su padre, un católico a ultranza que se fue al exilio al triunfar la revolución cubana, no veía con buenos ojos el baile. La danza era un pecado para su difunto padre, por eso, esta mujer de 68 años, de baja estatura, pelo canoso, ojos expresivos y sonrisa fácil, que viste de forma sencilla y vive de manera austera, es una cubana que extrañamente no sabe bailar, pero que sí toma café y tiene sentido del humor.

López Vigil, quien esta semana recibirá de parte del gobierno francés la Orden de la Legión de Honor, en grado de Caballero, fue la comadrona de la revista Envío, ha escrito siete libros de cuentos para niños, y tiene convicciones tan fuertes que puede defenderlas con una soga en el cuello o bajo la horca.

El uso de la palabra y la teología son dos temas recurrentes en la plática con esta periodista de profesión, escritora de oficio y nicaragüense de corazón, autodefinida como “aprendiz de feminista”.

“¿La Biblia es palabra de Dios? No señor, es palabra de hombres”. María López Vigil no se anda por las ramas. Al momento de hablar es filosa como un cuchillo recién afilado. Podría hablar por horas y horas, dando un argumento y otro, cada uno reafirmando más la hipótesis que confirma cada día en esa evolución diaria en que se convirtió su vida desde que dejó de ser monja, allá por 1974, luego de 13 años de vivir junto a las Teresianas.

Teóloga. “En Nicaragua me han dado ese título”. María López Vigil es periodista y maestra. Tiene esos dos estudios. Ningún otro. Pero la vida le ha dado el de teóloga, y los periodistas en Nicaragua también.

Trece años de su vida en un monasterio le permitieron conocer a fondo la Iglesia. O, como ella prefiere decir, citando a Martí cuando habla de su exilio en Estados Unidos: “Viví en el monstruo y le conozco las entrañas”.

Sus afirmaciones son contundentes. Ella solo cree en Dios, ¿y la Virgen María? “Pensar que una imagen me hará un milagro es superstición y magia”.

A su criterio, la teología es específicamente describirle a la gente las trampas que están ocultas en los dogmas, en las creencias, muchas de ellas cuestionables. “Yo me dedico a cuestionar eso desde mi tradición cristiana”.

Para ejemplificarlo, pone varios casos: “La Biblia no es palabra de Dios, es un libro escrito por hombres que buscaban a Dios… en la Biblia hay historias de genocidios, de guerras espantosas, normas de educación violenta, hay poesía, conceptos terriblemente machistas, eso no puede ser palabra de Dios…”

Y sigue: “Pablo de Tarso, San Pablo, fue un misógino, homofóbico. Yo he leído la Biblia porque no hay formación cristiana sin conocerla. Pero es un producto cultural de un pueblo que ha buscado a Dios y se equivocó. Es un libro de familia, un libro que la familia cristiana ha respetado siempre, sin embargo, está lleno de errores”.

A esas conclusiones ha llegado desde que dejó ser funcionaria de la Iglesia. ¿Va a misa la teóloga? La respuesta es sencilla: no. Y aquí vienen más afirmaciones polémicas.

“El rito de la misa me resulta vacío por rutinario y masculino. El hombrerío allí. La misa tiene una serie de conceptos que me parecen muy cuestionables, todo el tiempo se habla de sangre, de sacrificios. Me parece tan atrasado. Jesús no vino a morir por nosotros; fue matado, no vino a sufrir, vino a enseñarnos una ética de relaciones humanas y por eso lo mataron. No hay que creer que Jesús es Dios, hay que creer en Dios como creyó Jesús. Esa fórmula me gusta más”.

María López Vigil entró a la vida religiosa pensando que era una aventura, movida por los recuerdos que traía de Cuba, y ¿por qué no decirlo? también influyeron en ella dos películas sobre monjas. En una, la religiosa estaba en África y cuidaba locos, y aunque a ella le daban --y le dan-- miedo los dementes, le atrajo la idea de viajar a ese continente.

Siendo monja se metió a estudiar periodismo, y desde entonces no ha parado de escribir. Las palabras. Las palabras…

Un día llegó al convencimiento de que no quería continuar con su vida de monja. Esa vida no era real.

“Yo describo la vida religiosa como artificial. Haces votos de pobreza pero no eres pobre, si te enfermas, te llevan a los mejores lugares. Eres obediente, pero es falso, obedeces a la madre superiora, que puede ser mediocre, mezquina. No obedeces a la realidad. Haces votos de castidad pero es una imposición, no sabes si realmente quieres renunciar a tu sexualidad. No sabes quién eres, te dicen quién tienes que ser. Es una cárcel ideológica. Yo tenía psicología de presa, pero en esa cárcel recibía cartas de mis hermanos y eso me comunicó lo que pasaba en América Latina”.

¿Dónde está Dios? En la poesía, en la naturaleza, en la música. El Dios en el que cree María López Vigil no está en las iglesias ni es del que hablan los curas. “Yo encuentro a Dios en los pájaros”.

“Quisiera ser una voz que desentone con ese coro de mensajes religiosos que nos quitan responsabilidad a los humanos, que ponen toda la responsabilidad en Dios. Trato de ser una voz disonante y callarme a tiempo”.

La teóloga le da paso a la mujer que invierte gran parte de su tiempo armando rompecabezas, la adicta al correo electrónico, la que pasa horas y horas viendo noticias, leyendo novelas, libros de teología y admirando a los animales.

También está la María López Vigil defensora de las mujeres víctimas de abuso sexual. La que nada en Xiloá. La que lee varios libros a la vez. La que no va al cine, pues tiene una súper colección de películas piratas. La irónica. Y, por supuesto, la que escribe cuentos para niños.

Un güegüe me contó es el pasaporte nicaragüense que ostenta esta cubana. Este libro para niños marcó a gran parte de la generación de los 90. Sale una gran sonrisa en su rostro. El libro es uno de los siete chavalos de papel que ha parido esta mujer sonriente, enérgica, que cada día se prepara para la muerte. “Aprender a morir me parece una cosa muy importante y eso se logra aprendiendo a vivir cada momento”.

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