miércoles, 14 de agosto de 2013

El mayor proyecto religioso de la Historia

Por:  
Por: Juan Arias (periodista, autor del blog Vientos de Brasil)
Ecumenismo (5)
No sería una utopía si hubiese, por parte de todas las confesiones religiosas la voluntad de realizarlo. Las iglesias de las varias confesiones podrían llevar a cabo un proyecto religioso inédito en la Historia: juntarse para estudiar la evolución espiritual y humana del Homo Sapiens en esta coyuntura de cambio de civilización que estamos viviendo.
El modelo podría ser el que ofrece hoy la comunidad científica mundial que, al revés del pasado, en vez de trabajar individualmente en sus pequeñas iglesias, con sus investigaciones cerradas a los otros, se están juntando para abrir caminos sorprendentes en campos como la biología, la neurociencia o la física.
Justo, Pere Estupinya trajo a su blog lo que el llama El mayor proyecto neurocientífico de la Historia, que consiste en poder mapear por primera vez la actividad de circuitos neuronales del cerebro en su totalidad.
Un proyecto comparable, escribe, al descubrimiento del genoma humano en biología, al de la construcción del LHC en física, o al del viaje del hombre a la luna.
Todo ello está siendo posible gracias a que por primera vez, como escriben los creadores de la nueva experiencia,“grupos apasionados y dedicados de personas nos estamos juntando para emprender retos tan extraordinarios en beneficio de la Humanidad”.
En estos meses la atención mundial está puesta en la elección del nuevo jefe de los más de mil millones de católicos del mundo. Con dicho motivo se ha vuelto a colocar sobre la mesa la función de las religiones en el mundo.

Ecumenismo (7)
Negadas, perseguidas o aplaudidas, ellas forman parte del tejido de la Humanidad, que desde su existencia se sigue interrogando sobre el misterio de la muerte.
Como la física, la biología o la neurología, también el elemento religioso es una fuerza imposible de negar y que ha creado en el mundo al mismo tiempo destrucción y esperanzas.
Lo que las religiones no saben aún hacer, y quizás les venga de ahí su decadencia y crisis actual- basta ver a Alemania donde católicos y protestantes están vendiendo los templos -, es imitar a la ciencia y a los científicos. Hoy, hasta la jerarquía más conservadora de la Iglesia acepta que no existe incompatibilidad entre la ciencia y la religión. Ambas deberían dialogar. No lo hacen.
La una estudia las fuerzas de la materia, y la otra el tejido invisible del misterio, al que, por cierto, hoy se están interesando más que nunca los grandes científicos.
 
Hoy, el ecumenismo, es decir el diálogo entre las diferentes creencias religiosas, está paralizado, en buena parte por la rigidez de las grandes religiones incapaces de aceptar que sólo juntando lo que las une, más que lo que las diferencia, podrán convertirse en una fuerza ética, social y espiritual para un mundo en profunda transformación.

El Corán
El gran proyecto histórico que podría no sólo salvar de sus crisis a las Iglesias sino lanzarlas a una investigación conjunta de nuevos horizontes, sería, imitando a la comunidad científica mundial, juntar a sus mejores pensadores, a sus mejores teólogos e historiadores para elaborar juntos un proyecto mundial en la investigación religiosa.
Es fácil imaginarse lo que todas las fuerzas religiosas del mundo juntas, en un proyecto, pensado no para defender sus parroquias y privilegios sino para estudiar soluciones nuevas e innovadores, podrían llevar a cabo.
Eso, en los campos no sólo de la pura fe, sino también de la paz mundial, de la justicia social universal, de la defensa de todos los excluidos de la Tierra, para llevar no sólo esperanza religiosa al mundo, sino también soluciones creíbles contra los males que lo afligen.
El elemento religioso, liberado de sus alienaciones pasadas y de sus tentaciones inquisitoriales y dogmáticas, podría ser como el descubrimiento de la energía atómica del espíritu.
Para ello deberían ser convocadas las mejores mentes de las religiones, tanto de las monoteístas como de todas las demás, sin olvidarse de las animistas africanas. Y antes, deberían las religiones devolver la voz a la inteligencia religiosa que ha sido amordazada por miedo a que pueda llevar a cabo descubrimientos asombrosos en el campo religioso. Rehabilitar a todos los teólogos arrinconados.

He ahí un proyecto que el nuevo papa Francisco, podría empezar a pergeñar desde el momento en que le han colocado en su mano el anillo del Pescador junto con el peso de dos mil años de Historia de santos y demonios, cruzadas e inquisiciones, excomuniones y bendiciones.
Podría ser esta la hora de la reconciliación global de las fuerzas del espíritu puestas al servicio no de los propios intereses, sino de una gran apertura de esperanza universal.
Si el hombre ha sido capaz de llegar a la luna, de hurgar en su genoma y en sus neuronas y desintegrar el átomo, ¿ por qué no podría adentrarse en las entrañas más profundas de una religiosidad que nos recuerda a ateos y creyentes que aún no lo sabemos todo de nosotros mismos, porque aún no sabemos de verdad para qué nacemos y sobretodo por qué morimos?
Biblia hebrea
Y en ese plantel de gentes capaces de pensar la religión con ojos nuevos, abiertos a la modernidad, deberían figurar no sólo creyentes sino también agnósticos y ateos, ya que todos, lo quieran o no, pertenecen a ese misterio del Homo Sapiens capaz de pensar y de crear, y al que no será posible nunca despojarlo de esa chispa de misterio que lo acompaña desde las cavernas a hoy.
Por parte de la Iglesia Católica ha existido hasta ahora un escollo casi imposible de superar, como es su pretensión de que ella tiene "toda la verdad revelada", que fuera de ella "no existe salvación" y que el papa de Roma es "infalible" en temas de fe y de moral.
Bajo esas premesas, la posibilidad histórica de reunir lo mejor de cada experiencia religiosa a favor de la Humanidad, se hace difícil. Sin embargo, el nuevo papa Francisco, podría quebrar esas resistencias. Su idea de integrar lo mejor de cada religión lo sostenía ya antes de ser papa. Es clave, por ejemplo, el ejemplo que pone del "poliedro" para explicar cómo las diferentes creencias religiosas podrían integrarse.
Dice en sus conversaciones con el rabino Skorka, en su libroEntre el cielo y la tierra, que la globalizaciónno debería ser como una bola de billar sino como "la figura de un poliedro, donde todo se integra, pero cada cual mantine su peculariedad, que a su vez va enriqueciendo a los demás".
Esa imagen es la que debería servir para un verdadero ecumenismo si aplicada a las religiones, cada una con su identidad formando una sola imagen, ese precioso poliedro.
Sería una vuelta a Juan XXIII que defendía que Dios ha sembrado la verdad por doquier y que hay que saber encontrar y unir esas partes para inegrarlas en un todo más rico, sin que nadie prevalezca sobre los demás. Juntos.
De lo contrario, si el ecumenismo siguiese siendo un debate entre quien posee toda la verdad, y los que gozan de ella sólo en parte, todo el clamor en torno al nombramiento del nuevo papa acabaría en ruido de hojas secas y de profana vanidad.
Si cada científico o cada escuela científica pensase que sólo ellos han encontrado la solución a un problema, el avance en el campo de la investigación de la vida, de la medicina y del cosmos, estaría hoy parada, como lo está el ecumenismo en las iglesias.

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