sábado, 27 de julio de 2013

Espiritualidad y Salud Integral

Vìctor Rey
Por espiritualidad entiendo la búsqueda antigua y perenne del ser humano de la conexión con algo mayor y más fidedigno que nuestro ego: con nuestra propia alma, con los demás, con los mundos de la historia y de la naturaleza, con el aliento indivisible del espíritu, con el misterio de la vida.” (Richard Wolman)

“Salud es un estado de completo bienestar físico, mental, social y en armonía con el medio ambiente y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.” (Preámbulo de la Constitución de la Organizaciòn Mundial de la Salud, 1948)

Con el tiempo hemos llegado a reconocer que las causas de la enfermedad en el mundo son tanto socioeconómicas y espirituales como biomédicas.  La mayoría de las veces, la cuestión de la salud está supeditada a situaciones relacionadas con la justicia, la paz, la integridad de la creación y la espiritualidad.
También es un hecho reconocido que la principal causa de enfermedad en el mundo actual es la pobreza, resultado final de la opresión, la explotación y la guerra.  Las campañas de vacunación, los métodos tradicionales no resuelven de manera significativa los problemas que plantea la enfermedad debida a la pobreza.  Las religiones están llamadas a considerar esta situación como una cuestión de justicia que debe plantearse en los centros de poder a nivel local, nacional, regional y mundial.  Al mismo tiempo, esto es una llamada al compromiso para lograr una distribución más equitativa de los recursos disponibles en materia de salud, tanto en el plano nacional como internacional.
Al luchar por la justicia y los derechos humanos en el mundo, las personas que profesan una religión han descubierto nuevas señales del poder de curación de Dios y, confiando en Él, han aprendido a superar la desesperación y el miedo a la muerte.
Los conflictos armados y otras formas de violencia política han sido las principales causas de muerte en este último tiempo. El terrorismo  de Estado, ejercido a través de torturas, encarcelamientos, así como otras violaciones de los derechos humanos, han destruido la integridad física, mental y espiritual de personas en el mundo.  La amenaza de exterminio nuclear pesa sobre todo el orbe, eliminando toda esperanza de vida.
Ningún medicamento puede aliviar la enfermedad personal y social que surge como producto del clima militarista que azota al mundo.  Ante esta situación, las personas que tiene una vivencia espiritual deben recordar la bienaventuranza de ser artífices de la paz.
En el mundo de hoy, existe una buena cantidad de enfermedades causadas por los propios seres humanos. Por ignorancia, avidez o falta de control personal, hacemos, individual y colectivamente, cosas que ocasionan daños físicos, mentales, espirituales y ecológicos que no pueden ser reparados por la tecnología médica.  Los estilos de vida y los valores individuales perturban cada día más las relaciones sociales y la vida comunitaria.
En su gran mayoría las diversas espiritualidades llaman a defender y proteger la integridad de la creación, interesándose por el cuerpo humano, así como por las condiciones ambientales necesarias para conservar la vida.
Hoy la ciencia médica comienza a afirmar que las creencias y los sentimientos son los instrumentos y fuerzas que permiten la curación. Incluso en medio de la pobreza muchas personas gozan de buena salud, mientras que entre los ricos existen muchos con enfermedades crónicas.  ¿Por qué?  Esto es debido a que lo más importante para la salud es la dimensión espiritual.  Cuando optamos por la dimensión espiritual de la vida elegimos la vida abundante, la vida plena, la vida integral. La culpa, el odio, el resentimiento, el miedo y el sin sentido son los factores que más influyen en la disminución de la capacidad del sistema de inmunización del cuerpo, en tanto que las relaciones de amor, de paz, de justicia, de solidaridad en comunidad son las que más aumentan esa capacidad y también la resiliencia.
Quienes tienen una armonía amorosa con Dios, consigo mismo, su prójimo y el medio ambiente, no solo sobrellevan mejor la tragedia o el sufrimiento, sino que salen fortalecidos de esas pruebas.
Hace un tiempo leí un informe realizado por la Universidad de Missouri, donde examinó los resultados de tres encuestas en las que se preguntaron a budistas, católicos, judíos, musulmanes y protestantes sobre sus personalidades, niveles de espiritualidad y su salud física y mental. Entre las personas de las cinco religiones, se asoció un mayor grado de espiritualidad con una mejor salud mental, específicamente con niveles más bajos de neurosis (que implica inestabilidad emocional, estados de ansiedad, tensión y preocupación, así como tendencia a sentimientos de culpabilidad), y una mayor extraversión, en la que la atención y la energía se enfocan en el ambiente y las relaciones sociales.
Según las conclusiones del estudio, la espiritualidad podría ayudar a la salud mental de las personas al reducir el grado de egocentrismo, desarrollar el sentido de pertenencia a un todo más amplio y una mayor conciencia de unidad y conexión con el resto del universo. Los investigadores también resaltan que la salud mental de las personas que se recuperan de distintas condiciones como el cáncer, accidentes cerebrovasculares y lesiones de la médula espinal parecen estar muy relacionada con creencias espirituales positivas. Y concluyen que las creencias espirituales podrían ser una forma efectiva de enfrentar y manejar el estrés. Cualquiera que sea la religión, si se siente apoyado por ella, le ayudará a enfrentar mejor los problemas de la vida.
Esta es la razón por la cual el maestro de espiritualidad Anselm Grun en su libro, La salud como tarea Espiritual nos dice: “Muchas personas presienten que la salud es mucho más que una sustitución de piezas desgastadas y que no se puede garantizar con unas recetas médicas, porque supone una relación correcta del individuo consigo mismo, con los demás, con la creación y con su autor, Dios.”

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