jueves, 6 de junio de 2013

Mario Vargas Llosa critica la banalización de la cultura en su nuevo libro de ensayos


El Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa retoma su ensayística y denuncia la degradación del concepto de cultura y la entronización de la cultura del espectáculo o de "gran público' en su nuevo libro, La civilización del espectáculo, publicado esta semana por la editorial Alfaguara.

Vargas Llosa detalla la creciente banalización del arte y la literatura que ha privilegiado el "entretenimiento" para que los productos culturales "light", "ligeros" o fáciles" sean los que triunfen.


"No es extraño que la literatura más representativa de nuestra época sea la literatura light, ligera o fácil, una literatura que sin el menor rubor se propone ante todo y sobre todo ( y casi exclusivamente) divertir", señala Vargas Llosa en esta nueva obra, que esta estaba escribiendo en Nueva York cuando recibió la noticia de la obtención del Nobel de Literatura.

Vargas Llosa anticipa en las primeras páginas del libro que "este pequeño ensayo no aspira a abultar el elevado número de interpretaciones sobre la cultura contemporánea, sólo a dejar constancia de la metamorfosis que ha experimentado lo que se entendía aún por cultura cuando mi generación entró a la escuela o a la universidad y la abigarrada materia que la ha sustituido, una impostura que parece haberse realizado con facilidad, en la aquiescencia general".

Asimismo denuncia la "masificación" y la "frivolidad" de la cultura de nuestro tiempo, en donde los deportes han adquirido "una importancia que en el pasado sólo tuvieron en la antigua Grecia" y los "chefs" y modistos han desplazado en las páginas de los medios a los intelectuales, científicos o filósofos.

En este sentido, asegura que los grandes partidos de fútbol sirven sobre todo como "pretexto y deshago a lo irracional, de regresión del individuo a su condición de parte de la tribu o de pieza gregaria en la que amparado en el anonimato cálido de la tribuna, el espectador da rienda suelta a sus instintos agresivos de rechazo al otro".

Seis son los bloques en los que vertebra el escritor la metamorfosis del concepto de cultura, aunque todos ellos muestran la evidencia de que se está ante un irrefrenable cambio de paradigma cultural.

Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura
Mario Vargas Llosa nació en Arequipa, Perú, en 1936. Aunque había estrenado un drama en Piura y publicado un libro de relatos, Los jefes, que obtuvo el Premio Leopoldo Alas, su carrera literaria cobró notoriedad con la publicación de La ciudad y los perros, Premio Biblioteca Breve (1962) y Premio de la Crítica (1963).

En 1965 apareció su segunda novela, La casa verde, que obtuvo el Premio de la Crítica y el Premio Internacional Rómulo Gallegos. Posteriormente ha publicado piezas teatrales (La señorita de Tacna, Kathie y el hipopótamo, La Chunga, El loco de los balcones, Ojos bonitos, cuadros feos y Las mil noches y una noche), estudios y ensayos (como La orgía perpetua, La verdad de las mentiras, La tentación de lo imposible y El viaje a la ficción), memorias (El pez en el agua), relatos (Los cachorros) y, sobre todo, novelas: Conversación en La Catedral, Pantaleón y las visitadoras, La tía Julia y el escribidor, La guerra del fin del mundo, La Fiesta del Chivo, El Paraíso en la otra esquina, Travesuras de la niña mala o El sueño del celta.

Ha obtenido los más importantes galardones literarios, desde los ya mencionados hasta el Premio Cervantes, el Príncipe de Asturias, el PEN/Nabokov y el Grinzane Cavour.

EXTRACTOS POR CAPITULO

I. La civilización del espectáculo 
«La inmensa mayoría del género humano no practica, consume ni produce hoy otra forma de cultura que aquella que, antes, era considerada por los sectores cultos, de manera despectiva, mero pasatiempo popular, sin parentesco alguno con las actividades intelectuales, artísticas y literarias que constituían la cultura. Ésta ya murió, aunque sobreviva en pequeños nichos sociales, sin influencia alguna sobre el mainstream.»

II. Breve discurso sobre la cultura 
«Entre la cultura y la especialización hay tanta diferencia como entre el hombre de CroMagnon y los sibaritas neurasténicos de Marcel Proust.» 

«Cuando una cultura relega al desván de las cosas pasadas de moda el ejercicio de pensar y sustituye las ideas por las imágenes, los productos literarios y artísticos son promovidos,aceptados o rechazados por las técnicas publicitarias y los reflejos condicionados de un público que carece de defensas intelectuales y sensibles para detectar los contrabandos y las extorsiones de que es víctima.»

III. Prohibido prohibir 
«La teoría, es decir la interpretación, llegó a sustituir a la obra de arte, a convertirse en su razón de ser.»

IV. La desaparición del erotismo 
«El erotismo ha desaparecido, al mismo tiempo que la crítica y la alta cultura. ¿Por qué? Porque el erotismo, que convierte el acto sexual en obra de arte, en un ritual al que la literatura, las artes plásticas, la música y una refinada sensibilidad impregnan de imágenes de elevado virtuosismo estético, es la negación misma de ese sexo fácil, expeditivo y promiscuo en el que paradójicamente ha desembocado la libertad conquistada por las nuevas generaciones.» 

«Queríamos acabar con las elites (…). Pero hemos conseguido una victoria pírrica, un remedio peor que la enfermedad: vivir en la confusión de un mundo en el que, paradójicamente, como ya no hay manera de saber qué cosa es cultura, todo lo es y ya nada lo es.»

V. Cultura, política y poder 
«Responsabilidad e inteligibilidad van parejas con una cierta concepción de la crítica literaria, con el convencimiento de que el ámbito de la literatura abarca toda la experiencia humana, pues la refleja y contribuye decisivamente a modelarla, y de que, por lo mismo, ella debería ser patrimonio de todos, una actividad que se alimenta en el fondo común de la especie y a la que se puede recurrir incesantemente en busca de un orden cuando parecemos sumidos en el caos, de aliento en momentos de desánimo y de dudas e incertidumbres cuando la realidad que nos rodea parece excesivamente segura y confiable.» 

«El desprestigio de la política en nuestros días no conoce fronteras y ello obedece a una realidad incontestable: con variantes y matices propios de cada país, en casi todo el mundo, el avanzado como el subdesarrollado, el nivel intelectual, profesional y sin duda también moral de la clase política ha decaído (…). Probablemente ya no queden sociedades en las que el quehacer cívico atraiga a los mejores.»

«Nada desmoraliza tanto a una sociedad ni desacredita tanto a las instituciones como el hecho de que sus gobernantes, elegidos en comicios más o menos limpios, aprovechen el poder para enriquecerse burlando la fe pública depositada en ellos.»

VI. El opio del pueblo 
«La preservación del secularismo es requisito indispensable para la supervivencia y perfeccionamiento de la democracia (…). El laicismo no está contra la religión; está en contra de que la religión se convierta en obstáculo para el ejercicio de la libertad y en una amenaza contra el pluralismo y la diversidad que caracterizan a una sociedad abierta. En ésta la religión pertenece al dominio de lo privado y no debe usurpar las funciones del Estado, el que debe mantenerse laico precisamente para evitar en el ámbito religioso el monopolio, siempre fuente de abuso y corrupción. La única manera de ejercitar la imparcialidad que garantice el derecho de todos los ciudadanos a profesar la religión que les plazca o a rechazarlas todas, es ser laico, es decir, no subordinado a institución religiosa alguna en sus deberes de función. Mientras la religión se mantenga en el ámbito de lo privado, no es un peligro para la cultura democrática sino, más bien, su cimiento y complemento irreemplazable.»

Una reflexión final: 

«Me cuesta trabajo imaginar que las tabletas electrónicas, idénticas, anodinas, intercambiables, funcionales a más no poder, puedan despertar ese placer táctil preñado de sensualidad que despiertan los libros de papel en ciertos lectores. Pero no es raro que en una época que tiene entre sus proezas haber acabado con el erotismo se esfume también ese hedonismo refinado que enriquecía el placer espiritual de la lectura con el físico de tocar y acariciar.»

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