jueves, 13 de junio de 2013

‘Hannah Arendt’, cine contra el olvido

La directora alemana Margarethe von Trotta cierra con esta película su trilogía sobre 

el Holocausto. Barbara Sukova encarna a la pensadora y escritora judía

 Madrid EL PAIS
Barbara Sukowa es Hannah Arendt en el film homónimo de Margarethe von Trotta.
En 1986 arrancó del olvido a la activista judía Rosa Luxemburgo, esa mujer crecida en el XIX, el siglo de las esperanzas y las utopías socialistas. Hoy lo ha hecho con otra activista filósofa y también judía, Hannah Arendt, cuya utopía se centró en el pensamiento independiente y libre. A Margarethe von Trotta, la que fuera musa de Fassbinder, ex pareja de Volker Schlöndorf y brillante representante del conocido como nuevo cine alemán, no le gustan ni los silencios ni los olvidos. Bien conoce ella las dolorosas consecuencias de ese mutismo. Gafas naranjas, bufanda colorida en tonos azules y una melena rubia más que juvenil, la realizadora alemana hace gala, a sus 71 años, de unas firmes reflexiones. “Formo parte de una generación que no supo nada de lo que ocurrió en los años de la barbarie nazi. Nos enfrentamos a un silencio total por parte de nuestros padres. No fue hasta la década de los sesenta cuando de verdad empezamos a entender lo que había sucedido y la reacción contra nuestros padres fue muy dura. Es por eso que nació en nosotros una necesidad imperiosa por preguntar y saber...” Hace una pausa y continúa: “Aunque da igual lo que pienses o preguntes porque nunca acabarás de entender como pudo pasar aquelo, como determinada gente se pudo prestar a participar en aquella barbarie”.

Mi generación se enfrentó a un silencio total”, dice la directora alemana 
Con Hannah Arendt, la película que ayer inauguró el Festival de Cine Alemán en Madrid dentro de una retrospectiva dedicada a la realizadora, y que estará en las carteleras españolas a partir del 21 de junio, Von Trotta cierra, en una lucha titánica contra el olvido y a favor de la memoria, una trilogía sobre el holocausto judío. Tras el filme en torno a Rosa Luxemburgo —”fue asesinada por unos soldados que pasaron a formar parte de las huestes de Hitler, por eso siempre digo que ella fue la primera víctima judía”— , dirigió Rosenstrasse (2003), centrado en el único movimiento real de protesta que se vivió durante los años del nacionalsocialismo por parte de unos judíos refugiados en una fábrica del centro de Berlín. Interpretado por la sensacional actriz Barbara Sukova —”es la actriz más inteligente que conozco”, dice la directora—, el biopic de Hannah Arendt, exiliada en Estados Unidos en 1941 tras su huida de la Alemania nazi, se centra en la polvareda por la crónica que la filósofa y pensadora alemana, autora de Los orígenes del totalitarismo, publicó en The New Yorker en 1963, sobre el juicio celebrado en Jerusalen contra Adolf Eichmann, teniente coronel encargado del transporte a los campos de exterminio. “Lo que hizo Hannah Arendt fue mirar atrás, hacia esa época oscura e intentar comprender. Fue una pensadora independiente, una filósofa muy abierta al mundo, curiosa con todo lo nuevo. Hay una frase de ella que siempre cito porque me parece muy destacable: ‘Hay que pensar sin apoyos, sin nada a lo que agarrarse’. Mucha de la incomprensión que sufrió tras su artículo vino por parte de gente que ni siquiera se lo había leído y que se enganchó a la corriente de opinión crítica contra ella. De nuevo estamos ante unas personas que no supieron pensar por sí mismas”, asegura Von Trotta, mientras degusta con apetito unas aceitunas verdes acompañadas de un buen trozo de pan.
Firmante del documento de los cineastas europeos para proteger la cinematografía frente al ciclón de Hollywood, dice de sí misma que es una mujer de izquierdas —”por eso nunca he votado a Angela Merkel”— y europea convencida —”lo soy por el pasado de mi país y porque creo que una Europa unida es como una especie de flotador o salvación de cara al pasado alemán, para que nunca vuelva a ocurrir lo que allí pasó”—. Y lamenta las dificultades para vincular mentalidades tan distintas como la disciplina protestante del norte y la más alegre y católica del sur. “No se puede exigir lo mismo a unos que a otros. No se puede exigir a los países del sur la mentalidad de ahorro que impera en el norte, pero no entiendo la corrupción que impera en los países del sur, donde parece que enriquecerse de manera ilícita y no pagar impuestos es un deporte nacional. Como persona de izquierdas abogo por la solidaridad y la ayuda a otros cuando atraviesan dificultades, pero también entiendo a ese trabajador alemán que paga sus impuestos y que se rebela contra, por ejemplo, los griegos que nunca han hecho frente a sus impuestos”.
Una Europa unida es un flotador de cara al pasado alemán”
Sobre el poder que acumula Alemania en Europa, Von Trotta se muestra cauta. “Alemania está en mejor situación económica que el resto de los países europeos por las reformas que llevó adelante el anterior Gobierno socialdemócrata. Merkel se está aprovechando ahora de esa política socialdemócrata. La realidad es que, por un lado, se espera que Alemania ejerza ese poder en Europa y por otro se la crítica. Es muy complicado. La verdad es que no me gustaría estar en la piel de Angela Merkel”.

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