domingo, 12 de mayo de 2013



Stephen Covey. El hombre que nos enseñó a ser eficaces y

 cómo lo logró

Autor: Carlos Ruiz 


Entre sus asesorados se incluyen innumerables empresas de las más grandes del mundo, un sinnúmero de escuelas, entidades de gobierno y más de 36 cabezas de Estado. Mientras otros autores investigaban sobre cómo desarrollar mejores organizaciones, Covey se desmarcó al afirmar que el carácter personal, los propósitos firmes y la autodisciplina son los que realmente hacen la diferencia.
El 16 de julio de este año falleció Stephen R. (Richards) Covey (1932-2012), profesor y conocido autor de libros de negocios. Sin duda, su libro más famoso es Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva,1 un auténtico bestseller del mundo de los negocios, aunque hay que mencionar que Covey lo escribió pensando en mejorar la vida, no sólo de ejecutivos y directores, sino de todas las personas que lo leyeran.
Covey nació el 24 de octubre de 1932 (falleció a los 79 años) en Salt Lake City, en el estado norteamericano de Utah. Estudió Administración de Empresas en la Universidad de Utah, obtuvo un MBA de la Harvard Business School y un doctorado en Historia y Doctrina de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, de la Universidad Brigham Young, en donde hizo carrera como profesor, en la escuela de negocios. Además, recibió el grado de doctor Honoris Causa por 11 universidades.
Falleció en el Centro Médico Regional, en Boise, Idaho debido a complicaciones tras haber sufrido un accidente en bicicleta, en abril de 2012; se lastimó la cabeza, se rompió varias costillas y un pulmón colapsó parcialmente, nunca se recuperó del todo.
Covey era devoto practicante de la religión mormona y de joven participó en misiones en Inglaterra e Irlanda. A lo largo de su vida, casi todas las mañanas se levantaba temprano, buscaba un lugar donde pudiera estar solo, y meditaba, leía las escrituras y hacía oración, era lo que él llamaba su victoria privada diaria y la identificaba como guía, fuente de seguridad, sabiduría y poder. Decía a sus hijos: Si pasan diariamente 20 minutos con el Salvador en privado, pasarán la eternidad en su presencia. Le sobrevive su esposa Sandra, con quien estuvo casado 55 años y con quien procreó una familia extensa: 9 hijos, 52 nietos y 6 bisnietos.

LA HISTORIA DE LOS 7 HÁBITOS
Al iniciar su doctorado, en 1969, Covey enfocó su tesis en la literatura estadounidense, relacionada con el éxito personal, desde 1776, hasta la fecha en que la escribió. Esta investigación produjo un documento que fue el «caldo de cultivo» de donde más tarde saldría el libro de los 7 hábitos.
Stephen Covey afirmó al comentar acerca de su famoso libro, que la idea de los 7 hábitos le llegó a raíz de haber conocido los libros de un gran gurú del management: Peter Drucker, quien afirmaba que la eficacia es un hábito.2
Para la creación de su texto, Covey siempre habló de diversas «fuentes», incluyendo a las principales religiones, a la Filosofía y a la Psicología clásicas; algunos críticos afirman que sus creencias mormonas tuvieron fuerte influencia en toda su obra.
El doctor Carlos Llano comentó acerca de este libro: «A lo largo de su obra, se detectan en Covey diversos hábitos requeridos por la eficacia de la acción, los cuales, (…) coinciden curiosamente con virtudes humanas puestas en relieve tanto en la antropología griega como en la ética del cristianismo: la integridad, humildad, fidelidad, temperamento (sic), valor y justicia, como atributos que son la esencia misma de la vida del hombre».3
Este libro de Covey tuvo un éxito enorme, vendió más de 30 millones de ejemplares, se tradujo a 40 idiomas y dio lugar a numerosos cursos, videos y seminarios. (Otros tres libros suyos rebasaron la cifra de un millón de ejemplares vendidos).
Durante la administración del presidente Clinton, en una reunión familiar en casa de Covey, varios de los asistentes criticaron las políticas del entonces Presidente y le preguntaron a Covey qué pensaba (buscando sin duda que criticara a Clinton), él prefirió no hacerlo: no quisiera criticarlo porqué quizá tenga la oportunidad de influir en él, y no quisiera ser un hipócrita si me necesita.
Dos meses después, celebrando la Navidad con su familia, le llegó una llamada, era el presidente Bill Clinton, que le dijo: «Acabo de leer el libro de los 7 hábitos dos veces, quiero integrarlo a mi presidencia». Tres días después Covey voló a Camp David (la residencia de descanso del presidente de los Estados Unidos) a reunirse con Clinton y su esposa Hillary. Covey siempre actuó de acuerdo con los principios de sus libros; «quizá por ello era tan convincente como profesor» afirman sus hijos.
Según Covey sus 7 hábitos son eso: hábitos (es decir costumbres, actos reflejos) que están presentes en personas eficaces. Para Covey se trata de principios universales, que hasta podrían considerarse leyes, como la ley de la gravedad. Para hablar de esos principios usaba una dinámica especial en sus conferencias, le pedía a la audiencia que cerrara los ojos y señalara con su mano derecha hacía dónde creían que estaba el norte, después les indicaba que abrieran los ojos, había manos señalando en distintas direcciones, Covey entonces sacaba una brújula y mostraba hacia dónde estaba el norte; no es cuestión de opiniones; ni de votación, es una verdad natural, para él, así son las verdades en que se basan los hábitos de la gente eficaz.
El libro se mantuvo varios años en la lista de los diez libros de negocios más leídos, y se intensificó la demanda por tener al profesor Covey como consultor. Entre sus discípulos se incluyen 75% de las 500 empresas más grandes del mundo (según la lista de Fortune) y un sinnúmero de escuelas y entidades de gobierno, más de 36 cabezas de Estado, incluyendo los presidentes y gabinetes de Colombia y Corea del Sur. Ya mencionamos a Bill Clinton, también George Bush (padre e hijo), Nelson Mandela, Oprah Winfrey, Álvaro Uribe y Margaret Thatcher, el obispo sudafricano Desmond Tutu, Mikhail Gorbachev y Vicente Fox. El psiquiatra vienés, Viktor Frankl, autor de El hombre en busca de sentido era su muy admirado amigo.

LOS 7 HÁBITOS
Presentamos una muy breve reseña de los célebres 7 hábitos que le dieron la fama mundial y un diagrama (esquema 1), de cómo se relacionan entre sí, su interdependencia, la relación secuencial y su sinergia.
Los primeros tres hábitos nos llevan, de ser dependientes a ser independientes, a tener «imperio» (mando) sobre nosotros mismos. Son: victoria privada (Independence or Self-Mastery), es decir, independencia o dominio maestro de uno mismo.

•          Hábito 1: (Be Proactive) Sea proactivo; la proactividad nos da libertad para escoger nuestra respuesta a los estímulos del medio ambiente, incluyendo adelantarnos a esos acontecimientos (precisamente en esta parte cita la obra de Viktor Frankl). Ser proactivo (tomar la iniciativa) es el factor más importante para ser eficaz, Covey resalta también la importancia de tomar responsabilidad de nuestras elecciones y de sus consecuencias, de las acciones que siguen a nuestras decisiones.

•          Hábito 2: (Begin with the End in Mind) Comience con un fin en mente. Covey indica que hay que auto-descubrir y clarificar nuestros valores y objetivos en la vida, elaborando una «visión» que contenga las características ideales para cada rol que desempeñamos (padre, esposo, hijo, empresario, amigo, voluntario, etcétera) y sugiere además poner nuestra misión personal por escrito.

•          Hábito 3: (Put First Things First) Primero lo primero. Hay que priorizar, planear y ejecutar nuestras tareas o quehaceres basados más en lo «importante» que en lo «urgente». También, sugiere Covey, que evaluemos si nuestras acciones están en concordancia con nuestros valores y nos llevan a los objetivos que definimos en el hábito 2. Clasifica las actividades que realizamos, de acuerdo a su importancia o no importancia y a su urgencia o falta de ella (ver esquema 2).

Los siguientes tres hábitos tienen que ver precisamente con lo que Covey define como interdependencia (trabajar con otros, ya no dependiendo de ellos, sino «sumando». victoria pública (Interdependence), es decir, interdependencia.

•          Hábito 4: (Think Win-Win) Piense en ganar/ganar (beneficio mutuo). Covey recomienda buscar genuinamente soluciones o arreglos que beneficien a ambas partes, afirma que siempre es mejor entender y buscar «ganar» para ambos, lo que, en el largo plazo, siempre será mejor solución que aquella donde sólo una de las partes se salió con la suya.
•          Hábito 5: (Seek First to Understand, Then to be Understood) Buscar comprender primero y después ser comprendido es la esencia del respeto a los demás. Se trata de ser «empático» (una de las características que menciona el doctor Carlos Llano en el capítulo «El liderazgo anamórfico, la otra versión del liderazgo», del libro El nuevo empresario en México,4 es «ponerse en los zapatos del otro» entenderlo muy bien, escucharlo con mente abierta, ser empático, eso siempre crea un ambiente de cuidado, respeto y solución positiva de problemas.

•          Hábito 6: (Synergize) Sinergizar es resultado de cultivar la habilidad y tener la actitud de valorar la diversidad de saber trabajar bien en equipo, es lograr una buena combinación (sinérgica) de las competencias individuales de los integrantes del equipo, volviéndolas competencias del equipo. Así se logran resultados que de manera individual no se lograrían. Se trata de alcanzar resultados (muy buenos resultados) alentando contribuciones significativas a través de un liderazgo inspirador y de apoyo.

El último hábito se refiere a la auto-renovación. Renovación, mantenerse «afilado».

•          Hábito 7: (Sharpen the saw) Afilar la sierra, renovarse. Es lo que nos permite establecer un balance entre todas las dimensiones de nuestro ser, a fin de ser efectivos en los diferentes papeles (roles) que desempeñamos en nuestras vidas (en los ámbitos: físico, familiar, profesional, espiritual, etcétera). Equilibrar y renovar nuestras capacidades, usando energía propia y apoyándonos en nuestra salud, para crear un estilo de vida sustentable a largo plazo y eficaz. Cuidando hacer ejercicio (para la renovación física) la oración (meditación, y hasta menciona el yoga) y las buenas lecturas para la renovación mental y finalmente el «servir» a la sociedad (como llaman los norteamericanos al hecho de involucrarse en una organización no lucrativa (por ejemplo, Cruz Roja, Scouts, AA, dispensario parroquial, etcétera) para renovarse espiritualmente y contribuir a la sociedad (dejando algo, una parte de un legado, mencionaba Covey).

OTRAS OBRAS DE COVEY
Nuestro autor escribió otros libros, quizá no tan enormemente exitosos, pero también muy interesantes, entre los principales están:

•          First Things First, Primero lo primero. ¿Se ha puesto a pensar sobre lo que realmente es importante en su vida? (las 3 o 4 cosas que más le importan), ahora bien, honestamente: ¿Le esta dando a estas cosas el tiempo y la importancia que se merecen? Covey afirma que, si es usted es un profesional «workahólico» muy probablemente la respuesta sea no, quizá trata, pero no lo logra. Para Covey el problema no es hacer más en menos tiempo, sino «determinar» lo que hay que hacer; este libro ayuda a identificarlo, y ya conociéndolo como darle la importancia que se merece.
•          Principle-Centered Leadership, Liderazgo centrado en principios. Casi todos tratamos de organizar nuestra vida (y administrar nuestro tiempo) basados en listas de prioridades, para Covey se trata de un error, si realmente queremos ser eficaces hay que organizar nuestra vida basados en principios es decir en normas y leyes (naturales) que tienen validez universal (recordemos el ejemplo de la brújula: ¿Hacia adonde está el norte?). Para nuestro autor el liderazgo es la capacidad de resolver problemas basados en estos principios. Covey invita a los lectores de este libro a centrar su vida y su liderazgo en principios que perduran en el tiempo.

•          The Seven Habits of Highly Effective Families, Los siete principios de las familias muy efectivas. En este libro Covey presenta los conceptos de su libro Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, como una guía para resolver los problemas (grandes y pequeños; mundanos y extraordinarios) que enfrentan las familias. Covey era un hombre que tenía un gran cariño a su familia y, coherente con su discurso, le dedicaba mucho tiempo. La obra presenta anécdotas acerca de situaciones ordinarias y también sugerencias muy útiles para ir modificando comportamientos «reflejos». Toca, entre otros temas, los siguientes: cómo llevar reuniones familiares, la importancia de cumplir lo comprometido, cómo equilibrar las necesidades individuales y las familiares y cómo pasar de la dependencia a la interdependencia.

•          (The 8th Habit). El 8º hábito. De la eficacia a la grandeza. Vivimos en un mundo lleno de cambios (nuevos métodos, nuevas tecnologías) y seguimos considerando a los trabajadores como un «factor» de producción, como un insumo más, (es decir una materia prima). Considerándolos así no se logrará sacar (y aprovechar) lo mejor del individuo. Ante ello, Covey propone en este libro que cada trabajador identifique sus principales competencias y aprenda a utilizarlas en su propio beneficio (y también en beneficio de la organización). El 8º hábito se refiere a escuchar esa «voz interna» propia (y hacer, también, que cada quien identifique la suya) para poder sacar provecho de lo que es propio de cada persona, de modo que pueda ser valorada por sus propias (y valiosas) capacidades.

INNOVADOR QUE PARTÍA DE LO ESENCIAL
En 1989, cuando apareció su libro de Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, el resto de los autores de management estaban ocupados en cómo desarrollar mejores organizaciones, Covey se desmarcó y fue innovador al afirmar que el carácter personal, el tener propósitos firmes y la autodisciplina (el poder mandarse a sí mismo que comentara tantas veces Carlos Llano) era lo que realmente importaba; lo que hacía la diferencia.
Se trata de un mensaje, afirma la revista The Economist al reportar su fallecimiento, que es aún muy relevante (como recientemente los repugnantes hábitos de algunos banqueros «altamente ineficaces» dejaron claro). Finalmente Covey afirmó que los empleados no son meras piezas (o incluso «obstrucciones») en una maquinaria movida por premios y castigos, sino individuos, personas, y que son ellos quienes hacen la diferencia, como afirmó en su libro El 8º hábito.
Otra de sus más insistentes enseñanzas (que no sólo escribió, sino que vivió) era que las personas deben equilibrar su vida (incluyendo todos los ámbitos: Dios, familia, amigos y sociedad) con su trabajo, Covey siempre se dio tiempo de convivir gustosamente con su familia.
Hay personas que hacen la diferencia, Stephen Covey fue una de ellas, con palabras sencillas basadas en principios universales, fue capaz de mostrar cómo sí es posible para las personas aplicar la calidad a ellas mismas, a su carácter, y hacerse reingeniería a sí mismas, buscando una vida equilibrada, más plena, más eficaz, más lograda.

Notas
1          Editorial Paidós Ibérica, ISBN 978-8449304323. En inglés The Seven Habits of Highly Effective People, Free Press, Estados Unidos de América, (1990), ISBN 978-0671663988
2          Uno de los mejores libros de Peter Drucker se titula precisamente El ejecutivo eficaz, Editorial Elipse, España, ISBN 9788493664909. En inglés The Effective Executive, Harperbusiness, EUA, escrito en 1966, ISBN 978-0887306129
3          En El nuevo empresario en México, Fondo de Cultura Económica, México, 1994, p 265., ISBN 968-16-4507-3
4          Carlos Llano, op. cit, p 246,

10 frases de Stephen Covey Para reflexionar, aplicar y compartir
1. Tienes que decidir cuál es tu máxima prioridad y tener el coraje de decir «no» a otras cosas.
2. No somos seres humanos teniendo una experiencia espiritual, somos seres espirituales teniendo una experiencia humana.
3. Lo mismo que el cuerpo, la televisión es buen siervo pero mal amo.
4. La persona que no lee no es mejor que la persona analfabeta.
5. El enfoque proactivo de un error consiste en reconocerlo instantáneamente, corregirlo y aprender de él.
6. El enfoque proactivo de un error consiste en reconocerlo instantáneamente, corregirlo y aprender de él.
7, Si nuestros sentimientos controlan nuestras acciones, es porque hemos abdicado nuestra responsabilidad y les hemos otorgado el poder para hacerlo.
8. Tomar la iniciativa no significa ser insistente, molesto o agresivo. Significa reconocer nuestra responsabilidad de hacer que las cosas sucedan.
9. Si dos personas tienen la misma opinión, una de ellas es innecesaria.
10. Si seguimos haciendo lo que estamos haciendo, seguiremos consiguiendo lo que estamos consiguiendo.

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