sábado, 18 de mayo de 2013

"Las religiones están enfermas de fundamentalismo"

  El PAIS

El teólogo brasileño Leonardo Boff, que en diciembre cumplirá 67 años, una de las voces más perseguidas por el Vaticano, sigue proclamando la necesidad de un acercamiento interreligioso entre el mundo cristiano y el musulmán, y la lucha contra el sufrimiento al que el actual sistema mundial somete a los pobres. El padre de la teología de la liberación está impartiendo conferencias en Guipúzcoa y Navarra sobre ecología y espiritualidad, la nueva ética planetaria y el mundo globalizado.
Pregunta. ¿Cuáles son sus grandes preocupaciones vitales?
Respuesta. La Humanidad tiene dos problemas graves e inminentes. El primero es la crisis social mundial, todo el proceso de unificación de los mercados que favorece a unos pocos. Hay un océano de sufrimiento, de marginación, de hambre y sed. Vivimos situaciones de barbarie frente a una superabundancia de medios de vida. Hay riesgo de una bifurcación de la humanidad, por un lado los pudientes, que crearán para sí un mundo aparte, montarán un nuevo muro de Berlín y podrán vivir hasta 130 años gracias a la biotecnología; y de otro, el resto, que vive el proceso común de la vida. El problema es considerar desiguales a los que son diferentes hasta apartarles de la familia planetaria. El otro gran problema es la alarma ecológica. La Tierra está enferma y está llegando al límite. Son preocupantes la creciente escasez de agua potable y el calentamiento del planeta. Puede crearse un enorme desequilibrio de la paz social.
"Benedicto XVI ha reasumido del Concilio Vaticano II la necesidad de reforzar el diálogo entre la Iglesia católica y las demás religiones"
"Dentro de no muchos años, los recursos serán tan escasos que todos seremos socialistas por instinto de supervivencia, no por ideología"
P. ¿Teme una guerra global?
R. Además, eso, la guerra infinita de Bush. No sólo hay que estar por la paz; hay que estar decididamente contra la guerra. La estrategia de Bush consiste en utilizar la violencia y todo tipo de armas para resolver problemas. Es muy arriesgado, porque sólo un país cobarde puede hacer la guerra contra Irak y Afganistán, pero no contra Pakistán, Rusia o China, que tienen armas de destrucción masiva.
P. En este contexto, ¿cuál debe ser el papel de la Iglesia?
R. Hay que hacer distinciones en la Iglesia. El Vaticano es una multinacional que participa de la cultura de Occidente y es cómplice de su política ambigua. Pese a ello, es importante que el Papa Juan Pablo II fuera tan decidido contra la guerra y a favor de los derechos humanos. La tarea fundamental de la Iglesia, más que cuidar su persistencia, es alimentar la llama espiritual junto al resto de religiones. En cambio, Juan Pablo II se alejó de las demás religiones y tensionó las relaciones.
P. ¿Ve a Benedicto XVI capaz de reconducir esta línea?
R. El Papa ha hecho bien al reasumir el Concilio Vaticano II, que significa abrir la Iglesia al mundo, aceptar la existencia de muchas iglesias locales y, sobre todo, la necesidad de reforzar el diálogo entre religiones desde la perspectiva de la paz. Él, como teólogo inteligente, sabe que éstos son los ejes básicos, aunque habrá que esperar a su encíclica.
P. No se puede imponer la paz, dice usted. ¿Cuál es el método para la resolución de conflictos?
R. La disposición al diálogo y a las negociaciones para buscar acuerdos. Hay que saber renunciar, conceder y pensar que todos ganan. Hasta hoy, Occidente siempre ha impuesto los términos del orden mundial, lo que ha producido mucha decepción en el mundo árabe y humillación en el Tercer Mundo.
P. ¿Hay disposición al acuerdo en el mundo musulmán?
R. Las grandes religiones tienen hoy una gran enfermedad: el fundamentalismo. Hay grupos y documentos del Vaticano muy fundamentalistas. Los musulmanes, igual. En ambos casos, la raíz de la falta de entendimiento no está en la religión, sino en la política.
P. En lugar de bifurcarse la Humanidad, más parece que habrá un choque entre civilizaciones.
R. El mundo árabe y el occidental están enfrentados desde el siglo VIII y aún está por superar la satanización mutua. Musulmanes y cristianos necesitan estrategias de mutua hospitalidad.
P. Cabría hablar de un tercer bloque, encarnado por el socialismo real que inspiró la teología de la liberación. ¿Fracasó esta vía por culpa de algunos dirigentes?
R. El socialismo es un movimiento de gran generosidad porque su propósito básico es rescatar a los pobres y oprimidos del mundo. Es uno de los sueños más antiguos del mundo y sigue como una utopía, pero el problema es que se han empleado medios totalitarios para hacer realidad ese sueño. El socialismo teórico consiste en la radicalización de la democracia, y ese sueño no debe perderse. La democracia como valor universal, como forma de gobierno, de participación, control y distribución del poder. Yo veo futuro en el socialismo. Digo más, dentro de no muchos años todos seremos socialistas por instinto de supervivencia, no por ideología. Los recursos de la tierra serán tan escasos que o bien los gestionamos de forma equitativa o no habrá para nadie. El capitalismo está llegando a su límite.

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