viernes, 3 de mayo de 2013

 "Cambiar la vida, transformar la sociedad"


Hace 45 nació el Mayo Francés 68
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Primero que nada: ¿Qué fue lo que pasó en aquel París? Más de alguno mal informado dirá que fue una movida hippie francesa, o una rebelión ante la represión política como las que conocemos por acá, etc...
No es fácil dar una respuesta corta. Una aproximación sería hacer la crónica de ese mes, de las jornadas en que una pequeña manifestación estudiantil se fue agigantando hasta convertirse en una revuelta a nivel continental, acompañada por masivas huelgas y preocupación seria por el futuro de los gobiernos (al menos el de Francia, al que algunos ciudadanos eminentes consideraron por momentos desahuciado). Pero no se entenderá mayo sin entender el 68, el año de la primavera de Praga, el año del asesinato de Luther King y de Robert Kennedy. Un año antes mataban al Che en Bolivia; un año después, Neil Armstrong pisaba la luna. Y no se entenderá el 68 sin tener una idea de lo que fueron los 60's, y de lo que fue la postguerra.

Sobre el marco histórico:

Click para agrandarLas protestas de aquel mayo no son del todo comparables a las de los estudiantes chinos en Tiananmen, a las de los coreanos a cada rato, a las de los sudamericanos en nuestra época de dictaduras y en algunos dolores de bolsillo posteriores. Si bien inauguraron la era del poder estudiantil (fue la primera vez que la juventud apareció como un factor social y político de importancia), no estaban en aquel momento respondiendo a una situación de autoritarismo, de desigualdades sociales extremas, etc. La rebelión sorprendió a sus contemporáneos no sólo por ser llevada a cabo por un grupo social hasta entonces mudo, sino porque se produjo en un mundo que llevaba dos décadas de crecimiento sostenido, de democratización, y en general de un bienestar como occidente no ha conocido en otro momento de este siglo. El boom económico estaba en su apogeo, las masas trabajadoras estaban tranquilas, la guerra fría pasaba por una época "tibia", había más educación, y el futuro se veía promisorio (recién en los 70's aparecieron los problemas que siguen quitando el sueño al mundo de fin de siglo).¿Cuál fue entonces el carácter de la protesta? La reacción, y eso es lo más interesante, fue contra el sistema completo, contra elestablishment, contra la sociedad tal como se conocía. No importaba que hubiesen más y más televisores, ni que ahora se votara por De Gaulle en lugar de besar las botas nazis: lo que se criticaba era la sociedad occidental en sus fundamentos, en sus estructuras básicas. Si bien el marxismo revolucionario era la ideología de moda, el pensamiento que guió implícitamente los movimientos estuvo más cerca del anarquismo a la Bakunin, o tal vez un marxismo pero al estilo de Marcuse, que por cierto fue un pensador muy popular en aquella época (y el eco de su voz se siente en muchos de los graffitis y eslóganes). Se buscaba "transformar la sociedad", como hubiese querido Marx, pero también "cambiar la vida", como lo pidiera Rimbaud. La transformación profunda de la vida cotidiana era una exigencia tanto o más importante que la igualdad social. "Mis deseos son la realidad": la libertad por sobre todo. Rehacer la sociedad, utilizando la tecnología para crear un mundo definitivamente mejor, eliminando toda forma de autoritarismo, desde los exámenes universitarios hasta la presidencia de la República.

¿Y cómo fue la cosa?

Click para agrandarPor desgracia no tengo a mano mucha información en cifras o cosas así. Una breve descripción entonces. La cosa comenzó en Nanterre, en las afueras de París, en la hacía pocos años inaugurada Facultad de Humanidades. Allí comenzó en marzo del 68 un movimiento por mayor libertad de expresión política, en un momento en que las instituciones universitarias francesas estaban bastante anquilosadas (no piensen en nuestra universidad; tal vez la comparación habría que hacerla con nuestro sistema judicial, la institución más polvorienta que conozco). Esto pudo haber sido otra más de las habituales movilizaciones de grupos izquierdistas universitarios, y nada hacía prever lo que vendría. El 22 de marzo un grupo se tomó algunas dependencias, y se transformó en el Movimiento 22 de Marzo, liderado por Daniel Cohn-Bendit, un estudiante de sociología de 23 años que pronto sería conocido en todo el mundo como "Dany el Rojo". La reacción autoritaria de la Universidad y los ataques violentos de algunos grupos derechistas dio notoriedad a los "rabiosos" (como se les llamó desde un principio), y les granjeó popularidad. Por otro lado, ellos fueron generando un movimiento ajeno a los tradicionales sectarismos de las juventudes de los partidos políticos, y su convocatoria se fue ampliando. La detención de Cohn-Bendit y el allanamiento de su domicilio rebalsan el vaso, y empiezan amplias manifestaciones de apoyo, que son contestadas con el desalojo policial de la Facultad en Nanterre y algunas detenciones.El viernes 3 de mayo se realiza una concentración en la Sorbona, en solidaridad con la situación en Nanterre. La policía cierra la Facultad, sin dejar entrar ni salir a nadie. Luego deja salir a la gente, prometiendo que no habrá detenciones, lo que no cumple. Los estudiantes que andan en el sector, y también simples transeúntes reaccionan ante la masiva y prepotente presencia policial, y el resto del día se suceden numerosas manifestaciones espontáneas. Al caer la noche la policía clausura la Sorbona y vigila las calles: cualquier estudiante es sospechoso. Hasta aquí las noticias informan sólo sobre "pequeños grupos de agitadores",y la izquierda tradicional -incluyendo al Partido Comunista y a su juventud- critica fuertemente a estos "grupúsculos exaltados". Los dirigentes estudiantiles se reunen y llaman al paro, teniendo como única exigencia la vuelta a la normalidad (liberación de los detenidos, reapertura de facultades, retiro policial).
El fin de semana del 4 y 5 de mayo, un tribunal condena a cuatro estudiantes a penas de prisión. Los estudiantes se organizan para la semana que vendrá.
El lunes 6 casi unánimemente los 600.000 estudiantes de Francia acatan el llamado a paro. Una comisión que debía juzgar a Cohn-Bendit y a otros se reserva su deliberación para el día siguiente, mientras 10.000 estudiantes marchan gritando "somos un grupúsculo", y organizan las primeras barricadas. La organización para el combate callejero funciona, y la policía se siente desbordada.
El martes 7 el gobierno comienza a preocuparse. Ya no habla de manifestación, sino de revuelta. Hay estado de sitio en el Barrio Latino. Las manifestaciones de solidaridad se multiplican, en el país y en el exterior. Las centrales obreras desconfían del movimiento, pese a que los sindicatos de base quieren solidarizar contra la represión.
Click para agrandarEl miércoles 8 la izquierda cambia de línea, ataca al gobierno e intenta tomar la dirección del movimiento, lo que es rechazado por los estudiantes, que lo juzgan oportunista.
El jueves 9 marca un punto de inflexión. Mientras el gobierno cree que la cosa va camino de calmarse, y planea reabrir lentamente las facultades, los diversos grupos estudiantiles se mantienen en conversaciones y reuniones. Pero pronto llega la tempestad, el viernes 10, con la toma de la facultad en Nanterre, y una amplia manifestación que levanta barricadas en el Barrio Latino. Esa noche hay una verdadera batalla campal. La "noche de las barricadas" conmueve al país por lo violento de la represión y lo heróico de la resistencia. Fue la chispa que desencadenó el movimiento popular. Balance: un millar de heridos, quinientos detenidos, 200 autos incendiados, el barrio arrasado.
El sábado 11, en respuesta a sus bases y a los estudiantes, las centrales obreras llaman a huelga para el día lunes. El gobierno intenta calmar los ánimos con algunas concesiones, pero fracasa. Los estudiantes se mantienen en asambleas permanentes.
Click para agrandarEl lunes 13 Francia conoce las mayores manifestaciones desde la Liberación del 45: más de un millón de franceses marchan por París: estudiantes, obreros, profesores, artistas... La policía desaparece de las calles.
Conscientes de que el futuro del movimiento pasa por el apoyo de los trabajadores, el martes 14 delegaciones de estudiantes parten a las fábricas. El miércoles 15 200 obreros jóvenes se encierran en la fábrica Renault, secuestrando a los directores, pasando la noche en el lugar. Al día siguiente la inmensa mayoría se pliega a la ocupación de la fábrica. Esta acción imprevista sorprende al estado mayor sindical. Los obreros pasan a la ofensiva, y la fábrica Renault, "la Nanterre obrera", se transforma en un símbolo del más vasto movimiento de huelga que haya conocido el país. En una semana y sin ninguna coordinación sindical, Francia queda absolutamente paralizada: diez millones de obreros se han lanzado a la huelga.
El movimiento, pese a estar centrado en París, se repite por toda Francia. Los eslóganes de los estudiantes empezaron a ser reemplazados por ataques directos a De Gaulle, y el gobierno temió por su permanencia. Varios políticos de izquierda, entre ellos Francois Miterrand, llaman a formar un gobierno alternativo, "ante la desaparición del estado".
Pero comienza el fin del movimiento. El gobierno reacciona con energía, De Gaulle alerta al ejército, disuelve la Asamblea Nacional y llama a elecciones. Llegan las vacaciones, y el movimiento estudiantil pierde convocatoria en los meses que siguen (el Odeón y la Sorbona son desalojados a mediados de junio). Las elecciones le dan apoyo al gobierno: la mayoría se la juega por la estabilidad. Aún así, De Gaulle habría de marcharse un año después.

Algunos comentarios

Si la revuelta del 68 fue una sorpresa para todos, incluso para sus gestores, es importante preguntarse por qué. Y la respuesta no está en los problemas de la administración universitaria (que no era mucho peor que la de cinco años antes o cinco años después), ni en descontento de los obreros (que se subieron a un carro que ya estaba andando, y jamás habrían iniciado un movimiento así en un período de calma, estabilidad y crecimiento). Lo novedoso fueron las motivaciones de los protagonistas: el deseo de cambiar la forma de vivir en este mundo. Hacer una sociedad de personas libres y plenamente desarrolladas, una utopía que por primera vez (y hasta ahora única, salvo que se consideren las comunas happy y despreocupadas de los hippies californianos) alcanzó resonancia como movimiento social. Si bien los discursos y las demandas hablaban de Vietnam, de la universidad, del antimperialismo, basta echar un vistazo a los graffitis y a las declaraciones de los dirigentes para ver que se apuntaba a un sueño fuertemente utópico, a una mutación casi en la forma de vivir en sociedad.Click para agrandarLa mayor parte de las ideas de aquel tiempo sólo podían provenir de una generación que jamás había pasado hambre, que no había vivido la guerra, que podía escribir en las paredes, con ingenuidad, que prefería "morirse de hambre antes que de aburrimiento". Es la vieja máxima: aquellos que tienen satisfechas sus necesidades primarias (como las corporales) empiezan a preocuparse de las secundarias (como las espirituales). Un mundo que llevaba décadas de bienestar empezaba a cuestionar los fundamentos morales del sistema, las relaciones de autoridad, la falta de plenitud en la vida, y empezaba (creo) a sentir, con rechazo, ese vacío de la modernidad con el que los jóvenes de los 90's hemos crecido y que nos produce hastío.
Luego vino el endurecimiento de la guerra fría, las crisis económicas, y los soñadores de los 60's debieron orientarse a la lucha contra el hambre, la conservación de la ecología, el freno de la carrera armamentista. El mismo Cohn-Bendit es hoy un político "verde" en Alemania. Pero otros muchos que fueron rebeldes en los 60's son hoy parte del sistema que algún día criticaron. Después de todo, ¿qué queda?
En primer lugar, no hay que despreciar las consecuencias que el 68 tuvo para el mundo. Los jóvenes, en particular los universitarios, emergieron por primera vez como un actor político. La izquierda tradicional dio paso a una nueva variedad de grupos progresistas, y se acabó la hegemonía del comunismo soviético como "única verdad" para quienes quisieran cambiar la sociedad. Se marcó el fin de la sociedad de postguerra, se marcó la diferencia definitiva entre las generaciones del siglo XX y las que tendrían que vivir la posmodernidad. Y se podría agregar un largo etcétera, en consecuencias de corto y largo plazo.
Pero no es lo único. Al ser la primera, y la más grande, de las movilizaciones estudiantiles que han existido (el único precedente que se me ocurre es la influencia universitaria en el liberalismo europeo para la revolución de 1848), se convirtió en un referente obligado para todas las movilizaciones posteriores. En un ejemplo y en una lección, de lo que se puede lograr, de cómo hacer las cosas y de cómo no hacerlas, que ha sido útil para los movimientos estudiantiles de diversas latitudes, bajo distintos signos.
Pero es poco probable que un movimiento como el del 68 se vuelva a repetir. Podrán haber rebeliones, podrán haber revoluciones, pero un movimiento cuya motivación sea al mismo tiempo "cambiar la vida", romper las fronteras entre el arte, la ciencias, la vida cotidiana, entre la política y el amor, entre el que trabaja y el que estudia, un movimiento que busque reclamar para el hombre todo aquello de lo que la sociedad lo ha ido despojando, y crear un sistema en que cada quien pueda desarrollarse de manera completa, en todas sus capacidades, con libertad y alegría... dudo que vuelva a verse. Porque las circunstancias excepcionales en las que se dio no se repetirán. Porque con su fracaso pocos están dispuestos a asociar un proyecto de reforma social con un sueño de cambio profundo de las relaciones humanas. Porque quedó en evidencia que la utopía estaba mucho, mucho más lejos de la realidad que lo que los más pesimistas habían supuesto. Porque en nuestro mundo multiforme, interconectado, confuso, inundado de información, de individuos aislados interactúando más con la tecnología que con sus semejantes, la generación de cualquier tipo de movimiento social que no obedezca a los dolores en el bolsillo resulta improbable.
Y sin embargo, si me interesa aquella época, y quito un poco del polvo adherido a sus graffitis, es porque al menos a nivel individual, o a nivel de comunidades pequeñas, los sueños siguen vivos, y tienen sentido. Tal vez la imaginación no tome el poder, pero al menos podría ser puesta en primer plano. La creatividad como forma de liberación, la comunicación directa, la participación, muchas cosas que los 60's nos mostraron, siguen siendo aspiraciones legítimas e imaginables, al menos en alguna escala. Quisiera que cayeran las barreras que separan los ámbitos de desarrollo personal, y los transforman en profesiones incompatibles y castradoras. Quisiera que la "irracionalidad organizada", como llamó Marcuse al sistema que nos rige, dé paso a una racionalidad solidaria. Y aunque el intento sólo haga más feliz a unos pocos espíritus, ya valdrá la pena (siempre que en el camino no se haga infelices a todos los demás). En última instancia, soñar es necesario para estar vivo; mi libertad verdadera pasa por la libertad de los demás, y sólo puedo apoderarme plenamente de mi vida si de paso cambio al menos un pedacito de mundo. Los 60's tienen aún mucho que enseñar.
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