jueves, 16 de mayo de 2013


Ernesto Sabato y el existencialismo

Grace Smith

El existencialismo es un movimiento filosófico que emergió como un movimiento del siglo XX, el cual defiende la no existencia de un poder trascendental, implicando que el individuo es libre y totalmente responsable de sus actos. Jean-Paul Sartre, filósofo, escritor y dramaturgo francés, fue el exponente del existencialismo, en el cual considera que el ser humano está “condenado a ser libre,” es decir, arrojado a la acción y responsable plenamente de la misma, y sin excusas. La existencia humana, en otras palabras, es una existencia consciente. Esta visión produce en el individuo una falta de comunicación que causa una soledad cósmica en aquel. El Túnel es esencialmente un drama de la incomunicación, el tema principal siendo el problema de la existencia humana y la búsqueda de una identidad personal, dando como resultado, un aislamiento individual por la incapacidad y soledad de no poder comunicar. En esta primera novela, era la intención de Sábato, escribir acerca de un pintor introvertido, que odia y desprecia todo lo que lo rodea, y que al fin se vuelve loco por el no poder comunicarse con nadie. Su segunda novela, Sobre héroes y tumbas, quería dejar una impresión de esperanza, más bien que desesperanza. Al igual que el pintor, el protagonista de esta obra, busca encontrar en una mujer, algo que le de significancia a sí mismo. Pero la falta de comunciación, lo deja frustrado y al borde de suicidarse. Esta obra, al contraste de su primera, no termina en una tragedia, sino en una esperanza perenne. Sábato confieza que tenía miedo que se muriera antes de terminar esta obra, porque en la parte final es donde muestra al lector que además del dolor, de la crisis, y de la perversidad humana, existe una solidaridad entre hombres y una esperanza (Lipp).
Ernesto Sábato nació el 24 de junio de 1911, en un pequeño pueblo llamado Rojas, provincia de Buenos Aires. Su padre era italiano y un hombre muy lírico. Su madre pertenecía a una importante y vieja familia italiana y fue una mujer inteligente, pero inflexible que inculcó en sus once hijos un sentido de responsabilidad, de amor por el trabajo y el estudio. El hogar estaba lleno de afecto pero también de rigidez, de disciplina y de obediencia (Dellepiane 19). Muy pronto Sábato abandonó este mundo por una educación secundaria en La Plata, la capital de la provincia. Aquí se encontró muy solo y se empezó a volver cada vez más sobre sí mismo. Por consecuencia, descubrió sus temores, contradicciones y una gran confusión dentro de sí, además de un sentimiento de asco por lo feo y turbio que descubrió en el hombre (Dellepiane 21). En 1929 ingresa a la Universidad Nacional de La Plata y logra obtener un doctorado en física en el año 1938 y trabajar en el Laboratorio Curie de Francia, para luego abandonar su trabajo en las ciencias a causa de ser contrario al régimen totalitario de Perón. Decide dividir su tiempo entre la enseñanza de la ciencia y la creación literaria, lo cual lo convertirá en una de las figuras más destacadas del ambiente intelectual de la Argentina contemporanea. Ensayista y novelista, ha logrado lanzarse a la lucha contra los problemas de nuestro tiempo. Parece obsesionado con los temas de la soledad, el absurdo, la muerte, la desesperación, pero también la esperanza (Lipp). Sus dos novelas y varios artículos revelan la actitud que la vida no es más que un gran pozo de sufrimineto y que “nada tiene sentido.” Sábato es un hombre lleno de contradicciones y así lo encontramos en sus obras; el real y el mental son inseparables para él.
El clima espiritual que caracteriza el ambiente de Argentina se refleja en la obra de Sábato (Lipp). Durante los años en los que Sábato cursó sus estudios universitarios, 1919-1937, fueron años cruciales en la vida política de Argentina. Después de más de dos décadas de conflictos políticos y sociales, se logró la primera elección presidencial en la cual los conservadores fueron derrocados por los radicales, asumiendo Hipólito Yrigoyen (1916-1922 y 1928-1930) la presidencia del gobierno. En 1930, durante su segunda presidencia, ya viejo y sin energía para poder gobernar, hubo un golpe militar en el cual los militares tomaron control y lograron sofocar y retardar la vida democrática de la nación. Argentina, pues, se convierte en un país conservador que no tiene interés en industrializarse ni en introducir modernos conceptos sociales, los cuales se estaban instalando por todo el mundo (Dellepiane 23). El pueblo Argentino parece haber sido engañado y se vuelve escéptico, pesimista y cínico. Este desaliento infiltra en todos los niveles de la vida y se convierte en una angustia. Este angustioso meditar sobre la vida humana, atormentada por el caos de su existencia, se ve plenamente en los protagonistas de Sábato, los cuales son retratados como individuos atormentados.
Para Sábato, el hombre solitario se espanta del mundo que lo rodea y se siente abandonado en este clima de melancholia (Lipp). Sus personajes son algo ambiguos y contradictorios y su obra es una interpretación histórica. En los últimos años, el mundo había presenciado dos guerras mundiales, dictaduras totalitarias, campos de concentración y luego con el comienzo del siglo XIX, vino el optimismo con la revolución científica y el siglo XX con el asesinato en masa de judíos y el fin del liberalismo. Con esto hemos aprendido que la ciencia no es siempre buena y que no garantiza nada, que lo que falta son ideas y valores éticos. Según Sábato, esto es el fin de una concepción de la vida, una deshumanización de la humanidad causada por la razón y el dinero. Por esta razón es fácil caer en la desesperanza si paramos de creer en Dios y empezamos a vivir en un mundo sin sentido. Con esta pérdida de la ilusión eternal, quedan aniquilados los valores de la vida. Por consecuencia, vemos que los temas principales de las obras de Sábato son la soledad, lo absurdo, la desesperación y el suicidio (Lipp). Sus novelas, como muchas del mismo siglo, son novelas del hombre en crisis, como podemos ver en El Túnel y Sobre héroes y tumbas.
En su primera obra, El Túnel, Sábato presenta un relato confesional de un pintor, Juan Pablo Castel, desde la cárcel en la que se encuentra por haber cometido un crímen de amor. Desde las primeras páginas, el lector se encuentra sometido a un mundo de sentimientos y reacciones a través de los ojos del protagonista. Desaparece todo el mundo exterior y lo que vemos es un punto de vista estrictamente subjetivo con una actitud psíquica ante el mundo (Dellepiane 34). La sociedad representa, para él, una fuerza a la cual es necesario someterse, más bien que adaptarse (Lipp). Desprecia profundamente a la gente y está lleno de resentimientos y una cólera que crece hasta el punto de estallar. La técnica empleada para narrar este complejo proceso psicológico y mental que lo lleva a cometer un crímen, es la retrospección. A través de una memoria predispuesta por el protagonista, solo recuerda lo malo que determina la persistencia de un pasado horrible y un presente que no es menos; el mundo es horrible y el género humano es despreciable. Además, podemos observar una obsesiva analisis lógica de los hechos y un autoanálisis ante estos, con el propósito de justificar a sí mismo y sus hechos. Este análisis de lógica subjetiva, lo conduce “a priori,” en otras palabras, a deduccionar gratuitas que no tienen sentido. Sus dudas crean una contradicción constante entre sus juicios lógicos y su actuación entre lo que él crea ser y lo que es de verdad. Sin embargo, El Túnel es más bien la historia de un hombre escribiendo acerca de su crímen, que la historia del crímen en sí. El valor literario no reside en la narración del crimen, sino en la recreación de este crimen a través del proceso de la literatura (Urbina 138).
La conciencia del protagonista, Castel, como sujeto-escritor es la principal característica de El Túnel, porque es esta conciencia explícita que determina el discurso de la obra. En el segundo capítulo vemos como Castel plantea la pregunta que ya empezaba a formularse en la mente del lector:
“Podrán preguntarse qué me mueve a escribir la historia de mi crimen ( no sé si ya dije que voy a relatar mi crimen) y sobre todo, a buscar un editor ( Sábato 9).
De esta manera se establece un paralelismo de razonamiento entre el escritor-personaje y el sujeto-lector creando una relación dialógica. (Urbina137). La escritura se vuelve para él un instrumento de comunicación, con una nota de esperanza:
“me anima la débil esperanza de que alguna persona llegue a entenderme. AUNQUE SEA UNA SOLA PERSONA.” (11).
Para Sábato, el proceso de la escritura de los hechos narrados, no solo revela los acontecimientos, sino también la naturaleza humana. El escritor-personaje, Castel, es la imágen y reflejo del sujeto-escritor, Sábato, que escribe de un hombre que escribe sobre un crimen cometido (Urbina 139).
En el primer capítulo, Juan Pablo Castel, se presenta a su sujeto-lector como: “Juan Pablo, el pintor que mató a María Iribarne.” (Sábato 7). Con esto, nos presenta una visión autoreflexiva en la cual llegamos a mirar al protagonista como un personaje cínico que mira a las cosas y al mundo como algo horrible y que considera que los criminales son más honestos que otros seres humanos. La historia del crimen pasional se trata de cómo él llegó a conocer a María Iribarne y las relaciones que ocurrieron entre ellos, hasta que estas lo llevan al homicidio. Su confesión del crimen es interesante, no por el actual crimen, sino por cada palabra que simboliza el proceso de locura, y su locura como un símbolo de una metafísica desesperada (Urbina 136). Castel quiere el amor total, expresando su lado absolutista, en contraste con María la cual representa la madurez relativista y moderada. Castel busca desesperadamente la integración total en el amor, lo que nunca va a alcanzar. Por este motivo, Castel se ve obligado a matar a su amada, lo cual preserva la pureza del objeto de su amor (Lipp). Castel demuestra una naturaleza neurótica y obsesiva. Tiene una constante preocupación de no parecer ridículo ante otros, pero cita no importarle:
“Piensen lo que quieran; no me importa un bledo; hace rato que me importan un bledo la opinión y la justicia de los hombres.” (9).
Sus dudas constantes crean una contradicción entre sus juicios lógicos y su actuación, entre lo que él crea ser y lo que es en verdad. Este comportamiento refleja una conciencia obsesiva que se traduce en incapacidad para comunicarse por su inestabilidad psiquica, conduciédolo a un aislamiento existencial. Este aislamiento total es magnificado por el hecho que Castel desprecia la humanidad de una manera repugnante. Se refiere a grupos de gente como “conjuntos de bichos,” y no puede soportar la repetición del tipo. << This phenomenon is encountered in clubs, professional organizations, large families, wherever traits are repeated, with some deformation perhaps, but not to the extent that the result is “otra cosa.”>> ( Gibbs 429). Precisamente por su modo particular que lo impide ser parte de la masa, se siente superior a los demás y consecuentemente, surge su aislamiento. El único escape para este personaje, parece ser su arte.
Prometiendo al lector que tratará de hacer un relato imparcial, una nota de ironía, nos presenta la ubicación temporal del drama: primavera del año 1946 en una exposición en la cual Castel presenta su cuadro titulado Maternidad. Aquí es donde ve a María por primera vez, que aparenta ser la única interesada en un pequeño motivo del cuadro en que se ve una ventana con vista hacia el mar y una mujer que mira como “esperando algo.” (Dellepiane 35). Esta pequeña escena de soledad ansiosa y absoluta en el cuadro, se convierte en un leitmotivo de su existencia a través de la obra. A través de su pintura, Castel intenta comunicarse con María, pero el mundo de María y sus relaciones con otros permanecen ajenos para Castel como también para los lectores. El mundo de María no se puede comprender ni reconstruir, por medio de un punto de vista limitado, como es el de Castel, prolongando su soledad y aislamiento absoluto.
Este aislamiento se ha desarrollado en una mania persecutora en su relación con María y los demás, causándolo una serie de sueños que resumen el núcleo del problema psicológico de Castel, el tema central de la obra. Castel cita que no los comprende, ni trata de asignarles un sentido, sino que simplemente los relata (Dellepiane 73). Estos tres sueños forman una secuencia en la cual nos anuncia que el desenlace se aproxima y que la crisis es eminente. En el primero, Castel todavía se encuentra en un ambiente que puede constituir un refugio, que encuentra en María, a pesar de su paranoia de la humanidad. Este sueño se realiza en una casa vieja y solitaria que le traía recuerdos de su infancia. Sin embargo, se sentía que:
“me encontraba perdido en la oscuridad o tenía la impresión de enemigos escondidos que podían asaltarme por detrás o de gentes que cuchicheaban y se burlaban de mi y mi ingenuidad.....cuando me desperté, comprendí que la casa de sueño era María.” (63)
En el segundo sueño, Castel es transformado, por un mago, en un pájaro de tamaño humano, mientras sus amigos no notaban su transformación ni oían sus chillidos. Pablo comprende que se siente ajeno a este mundo “de afuera,” y aunque hace enormes esfuerzos, nadie lo comprende ni lo ayuda (Dellepiane 74):
“Entonces comprendí que nadie, nunca, sabría que yo había sido transformado en pájaro. Estaba perdido para siempre y el secreto iría conmigo a la tumba.” (95).
En el último sueño, Castel se ve encapsulado dentro de un túnel oscuro y solitario, mientras observa a María vivíendo afuera una vida normal y poco a poco olvidándose de él. Vemos que ya no intenta comunicarse, y sus esfuerzos para comunicarse con el mundo, han cesado por completo:
“Y entonces sentía que mi destino era infinitivamente más solitario que lo que había imaginado” (152).
Los tres sueños de Castel, son consistentes con su personalidad; torturantes y destructores. Este elemento onírico o superrealista, es indispensable para la novela psicológica. Sábato se vale de esto para hacer más evidente el desequilibrio mental de su protagonista y además reforza la atmósfera de misterio, de acontecimientos inescapables, predeterminados, fatalísticos, en que se desarrolla la obra (Dellepiane 74-75).
La obra escrita supera a la obra cinematográfica, en que mantiene el interés del lector de una manera casi obsesiva y maniaca, semejándose a la personalidad del propio protagonista. El lector se encuentra totalmente sumergido en la acción y los acontecimientos que premonizan un desenlace trágico. Sin embargo, la película no trae consigo este mismo sentimiento. El desarrollo del tema es un poco lento y no capta la atención de la misma manera que la obra escrita. El marco escénico es recreado en la oficina de un psicólogo en el tiempo actual, en la cual Castel cuenta su historia, utilizando su punto de vista, por medio de una retrospección. Esta retrospección nos lleva a un bar, a su estudio, a las calles de Buenos Aires, al museo de arte, al parque, al pueblo y finalmente, al apartamento del protagonista. El apartamento proyecta la soledad universal y alienación urbana por parte de Castel. En las calles, podemos observar una nota de total alienación. Cada persona está en su propio mundo. Las ciudades modernas están llenas del hombre contemporaneo que encuentra una compañía solitaria. Castel camina acompañado por otros, pero en verdad está separado de ellos. Los personajes viven su propia angustia existencial que trae como resultado la soledad. Esta obra se sitúa en el año 1946 después de la Segunda Guerra mundial. El humano ya ha perdido la fé y, existe en la humanidad, una soledad cósmica.
La estructura interna de la obra cinematográfica se encuentra en tres espacios temporales. La primera parte es la indroducción dada en el tiempo presente en la oficina del psicólogo. La segunda parte es la retrospección de Castel y el relato del crimen cometido, por la cual nos enteramos de sus sentimientos y su imagen de cosas y seres. La tercera parte es la conclusión, o el regreso al tiempo presente en la oficina del psicólogo. La extructura externa contiene una intermisión o interrupción que logra impulsarnos al tiempo real de nuestras vidas, para luego sumergirnos de nuevo en el mundo surrealisto de Sábato. En la técnica cinematográfica se utilizan las tomas a primer plano y plano medio. En primer plano el enfoque es Castel y su estado anímico y su tortura agónica y existencial, lo cual produce una falta de comunicación y soledad. También se muestra el rostro de María, expresando temor y angustia. El plano medio nos demuestra las caminatas de Castel por la ciudad, enfatizando lo que el primer plano nos presenta; la soledad individual, a pesar de otros seres que lo rodean, y la soldedad colectiva de los demás, el tema del existencialismo.
La segunda novela de Sábato, Sobre heroes y tumbas, está dividida en cuatro partes. Las tres primeras partes exponen la agonía, no solo de los personajes, sino también de Buenos Aires. Se trata del amor que siente el protagonista, Martín, por Alejandra. Este amor es un amor trágico causado por un existencialismo autodestructivo por parte de Alejandra (Lopez). Martín nunca había tenido un hogar y ve en Alejandra, el refugio y su salvación, pero hay tantos obstáculos que impiden su realización (Lipp). Argentina, para Martin, es un “territorio enriquecido y devastado por el amor, la desilución y la muerte.” Para Alejandra la existencia “ carece de sentido….el mundo es una porquería.” Al igual que en El Túnel, los temas esenciales que se han desarrollado son; la ansiedad del absoluto, la soledad, la necesidad y la imposibilidad de la comunicación. Los protagonistas de estas dos novelas; María y Juan Pablo, Alejandra y Martín comparten una personalidad alucinante, obsesiva y fantástica. Sin embargo, El Túnel es una novela clásica con un tema oscuro, desesperado y existencialista, mientras Sobre heroes y tumbas es una novela barroca que contiene en su cuarta parte una metafísica de esperanza (Dellepiane 119). Esta novela es conciderada barroca por su temática. Alrededor de un eje novelesco de interés, se encuentra un sinúmero de subtemas. Cada uno de los personajes entraña una historia subdiaria de la principal y junto a estos, aparece un leitmotivo obsesionante acerca del tema de los ciegos, el cual aprace en la tercera parte titulada “Informe sobre ciego,” y de la marcha del ejército de Lavalle con el cadaver del general, que ocurre en la primera parte titulada “El dragón y la princesa.”
Sábato, a tráves de sus personajes y su temática, expresa una crisis espiritual de nuestra civilización que ya no puede experimentar sin pensar, o simplemente vivir sin tener reservas mentales acerca de los problemas de la vida diaria. Sábato concibe esta novela como una indagnación de la condición del hombre y su existecia, como un instrumento para conocer la realidad. También se puede decir que Sobre heroes y tumbas es una novela realista por la visión totalizadora del mundo y la fragmentación técnica, además de los contenidos sociales en que ella abunda y que configuran el tema del libro. (Dellepiane 126). Los estratos sociales argentinos se demuestran enlazados en las historias desde la gran clase media argentina, que vemos encarnada en Bruno Bassán que poseé recursos económicos moderados y cultura, hasta la clase media baja en Martín, considerado parásito de la burguesía. Por medio de estos personajes, y muchos más, Sábato nos ha presentado la pluralidad de gentes y de ambientes en Argentina, siendo él mismo un argentino preocupado por la realidad nacional y por la indagación del “ser” no solo argentino sino universal. Los tipos humanos y conflictos de los personajes en sus novelas, no son historias particularmente argentinas, sino son los de hoy en cualquier parte del mundo. A pesar de que la mayoría de acontecimientos están centrados en Argentina como; el peronismo, las luchas de la semana del 19, y el episodio de Lavalle, Sábato quiere plantear problemas universales de tipo metafísico como el existencialismo, la soledad y la muerte (Dellepiane 130).
Ya que la estructura de la novela está dividida en cuatro partes, los protagonistas son varios. Estas cuatro historias se presentan desde diferentes puntos de vista que se mesclan varias veces. Bruno Bassán es uno de los personajes más importantes. Es el hombre de ideas de la novela y muchas veces interfiere en las reflexiones de Martín para ayudar a dar una visión objetiva al lector. Muchas veces, Bruno agrega con sus observaciones una dimensión metafísica a los problemas individuales de Martín, ofreciéndolo una compresión y simpatía que nunca pudo obtener de su madre. Sábato usa a Bruno como su vocero de su pensamiento existencial acerca de todos sus temas, pero principalmente acerca del hombre y su destino, de la creación literaria y del destino de su patria (Dellepiane 140).
Otro protagonsita de esta misma obra, podemos decir es Martín del Castillo, un muchacho pobre que no parenta tener muchas ambiciones. Es romántico y muy sensible, absolutamente enamorado de Alejandra. Está obsesionado con el suicidio porque siente haber sido un hijo indeseado por su madre. Martín siente pavor por los seres humanos y en cambio las estatuas lo hacen feliz. Martín, al igual que Castel, Sábato y Bruno, ve el mundo como impuro, sucio, caótico. Martin ha sido traumatizado desde joven por su madre, despreciándolo e hiriéndolo con su maldad:
“…que no lo había amamantado para no deformarse y también le explicó que había hecho todo lo posible para abortar.”
Para Martín las mujeres son o vírgenes puras o seres superficiales, pero no obstante, cree en la humanidad y tiene fe en las mujeres, a pesar de su madre. Este personaje sabatiano tiene esperanza y esto lo hace un héroe en la novela, a diferencia de Juan Pablo Castel, un anti héroe. Es un héroe romántico porque no se puede permitir el lujo de morir para complacer a su dolor individual después de la muerte de Alejandra, sino que sigue viviendo y sufriendo, demonstrando de esta manera, que sí tiene fe y esperanza.
Para Martín, Alejandra Vidal Olmos es una mujer bella, incomprensible, soberana y portentosa (Dellepiane 152). A través de la obra, Alejandra resulta ser una mujer de carácter violento y fuerte. Muestra pasiones contradictories como ansiedad y fastidio, violencia y distraimiento, sensualidad y asco por lo físcico. La unión de hombre y mujer, para ella, es una porquería y está dispuesta a matar a Martín si le toca, aunque le provoca con su desnudez. Alejandra, la mujer, se diferencia de Alejandra, la adolescente, en que la mujer ha descubierto que no es Dios la que la ha hecho una basura o una perdida, sino que se ha convertido en eso por sí misma. Alejandra llega a ser, como totalidad, una encarnación de todo lo que el ser humano es; bondadoso y malo, religioso y pagano, de carne y de espíritu, de amor puro e impuro, masculino y femenino y finalmente, autodestructivo y masoquisto. Es decir, que Alejandra es la representación de Argentina al igual que la humanidad (Dellepiane 160).
Todos estos personajes y los demás no mencionados, demandan la activa colaboración del lector, quien los construye poco a poco a través de la obra. Son reflejos de las ambivelencias y conflictos interiores del autor y del lector. Estos personajes son flexibles y están utilizados por Sábato con multiples objetivos. Uno de estos objetivos es el plantamiento de dudas en la mente del lector, mientras otro es demonstrar el rostro de la humanidad, un rostro que parece deforme a veces. Vemos una crítica amarga, pero a la misma vez, una pasión por la tierra, el amor y el orgullo. Tambíen se presenta un desfile de episodios históricos de Argentina cuales traen consigo momentos de desesperación, de lucha entre hermanos y de caos (Lipp). Pero en esta obra, Sábato a terminado de una manera optimista. A pesar de todas estas guerras, de la miseria humana, y características negativas del ser humano, seguimos luchando y viviendo. Tenemos una esperanza perenne:
“Si la angustia es la experiencia de la Nada…¿no sería la esperanza la prueba de un Sentido Oculto de la Existencia, algo por lo cual vale la pena luchar?”
Sabato pertenece a un grupo de escritores argentinos que se han sumergido en los valores universales que se abarcan en la problemática angustiosa del país. En El Túnel, Sábato expresa la soledad, tristeza y falta de comunicación que existe en su país, dejando al ser humano decepcionado y sin fe ni esperanza en la sociedad o en la humanidad, lo cual finalmente, resulta en un aislamiento total. Sin embargo, Sábato no quería que el público sacara una impresión imprecisa o errónea de él, sino una de esperanza, más bien que desesperanza. El resultado fue ser su segunda novela, Sobre heroes y tumbas. En esta obra, Sábato expresa varios de los mismos temas ya mencionados, como también el dilemma de la “civilización o barbarie” de la naturaleza humana (Lipp). En efecto, presenta una visión de la conflictividad histórica argentina, especialmente al final del período peronista, con todos los enfrentamientos de una sociedad dividida y en decadencia (López). Esta sociedad se ve compuesta de varios tipos humanos de diferentes estratos sociales, sufriendo de ansiedad, soledad y falta de comunicación, que los conduce a una soledad cósmica y existencial. Estos personajes no solo son una representación de la sociedad argentina, sino también de la humanidad universal. La salvación de Martín, señala el triumfo de la confianza existencial y una conclusión esperanzada de la obra (López). Como Sábato afirma en una entrevista:
“debemos recuperarnos como raza, como humanidad. Tenemos el deber de resistir, de ser cómplices de la vida aún en su suciedad y su miseria.” (Univ. de Madrid).

BIBLIOGRAFÍA
Dellepiane, Angela B. Sábato – Un análisis de su narrativa. Argentina: Editorial Nova, 1970.
Gibbs, Beverly J. “El tunnel:” Portrayal of Isolation.” Hispania. 48.3 (Sept., 1965): 429-436.
Lipp, Solomon. “Ernesto Sábato: Síntoma de una época.” Journal of Inter-American Studies. 8.1 (Jan., 1966): 142-155.
Lopez, Pablo S. “Notas sobre la representación de la mujer en la obra de Ernesto Sábato.” Espéculo (2005).
Sábato, Ernesto. El túnel. Florida: Planeta Publishing, 2004.
Sábato, Ernesto. Sobre héroes y tumbas. Argentina: Editorial Sudamerica, 1967.
Urbina, Nicasio. “La escritura en la obra de Ernesto Sábato: Autorreferencia y metaficción.” Revista de Crítica Literaria Latinoamericana. 18.35 (1992): 135-145.

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