lunes, 13 de mayo de 2013

EL AUTORITARISMO Y HUMANISMO EN LAS CONCEPCIONES DE
HOMBRE, RELIGION Y ETICA DE ERICH FROMM
por Manuel Abraham Paz y Miño Conde. Lima: EDICIONES DE FILOSOFIA APLICADA, 1994

En este trabajo hemos visto, en primer término la concepción del hombre de Erich Fromm, luego sus nociones sobre lo que es para él la religión (y por supuesto la filosofía) para finalmente acabar en su ética. Recordemos que para él el ser humano tenía una naturaleza caracterizada por necesidades existenciales especificas -tales como la de un marco de orientación y devoción, de arraigo, de individuación, de trascendencia, etc.- producto de su biopsiquis peculiar (o conciencia) y su socialización que suple su casi absoluta carencia instintiva.
Para la antropología frommiana, el hombre es un sistema viviente con las características peculiares propias de su especie tanto biológicas -su conformación anatómico-morfológica y singular ontogenia- como psicológicas -las necesidades existenciales de un mmarco de orientación y devoción, de relación, de trascendencia, de individuación, etc.-, y que, de acuerdo a las circunstancias sociohistóricas en las que evolucione su vida y satisfaga -o no- aquellas necesidades, tenderá a desarrollarse en dos grandes vías o alternativas conductuales: la de la expresividad de sus potencialidades "positivas" (razón, amor, cuidado y respeto a sí mismo y a los demás y a la vida en general: biofilia o humanismo) o la de sus potencialidades "negativas" (irracionalidad, temor, miedo, rencor, odio, destructividad: necrofilia o autoritarismo). Es decir, según cual sea el carácter social predominante las personas tenderán a tener tal o cual forma de ser y de pensar, es decir, tal o cual carácter ya sea de tipo biófilo o necrófilo. Y es así como tal carácter determinaría la manera de satisfacer las necesidades existenciales como es el caso de la de la necesidad de un marco de trascendencia y/o devoción, esto es de religión.
Fromm tiene un concepto muy amplio de lo que considera que es la religión: en ella se incluirían, no sólo los sistemas teológicos clásicos y humanistas como los del judeocristianismo, islamismo, confucionismo, etc., o las religiones primitivas con ritos de sangre y aniquilamiento, sino también filosofías biófilas como el budismo zen, el antiguo humanismo griego o el del renacimiento europeo, el existencialismo sartriano e, inclusive, ideologías políticas como los autoritaristas fascismo o stalinismo. Además pueden ser consideradas como religiosas conductas patológicas como el masoquismo y el sadismo. Por otra parte, una determinada religión pudo haber sido humanista en sus orígenes y en los postulados básicos que predicaron sus fundadores, pero con el transcurso del tiempo se pervierte y tiende al autoritarismo tomando una actitud distinta ante la vida tergiversando lo que sus maestros hayan enseñado primigeniamente.
Sea cualesquiera la religión que se practique, eclesiástica, partidaria, o individualista ella apunta a un tipo particular de conducta ideal y prototípica al cual sus prosélitos deben aspirar. Y tal conducta se encuadra en una determinada ética que, una vez más, puede tener como centro la vida o la muerte. Las religiones tradicionales, por ejemplo, tienen como norma principal común el amor y respeto al prójimo: el no hacer a los demás lo que no queremos que nos hagan o en caso inverso, el hacer a los demás lo que queremos que ellos nos hagan. En nante de su psiquis producto a su vez de las tendencias de su carácter social. Así también sus formas de concebir y sentir la realidad tomará este patrón y por supuesto, sus actitudes ante la vida.
La mayoría de los seres humanos estamos -según el mismo Fromm reconoce- en un punto intermedio: no somos exclusivamente necrófilos ni biófilos. Sólo en casos extraordinarios se dan sujetos claramente distinguibles, es el caso, por una parte, de los mártires, los santos y los grandes maestros de la humanidad, y el de los psicópatas, sadomasoquistas y masacradores, por la otra.
Claramente, y como el mismo Fromm lo ha dicho, su dualidad necrofilia vs. biofilia ha sido producto de la influencia que ha tenido en él la de eros vs. tánatos de Freud. Por cierto tal dualidad ya se hallaba en los antiguos filósofos griegos y en las múltiples mitologías del pasado.
Pero ¿cuál sería entonces el mérito frommiano? Sus mismos estudiosos y críticos, como hemos visto, lo dicen: el de no solamente haber alertado sobre las deficiencias de los sistemas políticos predominantes en el mundo contemporáneo [véase su Psicoanálisis de la Sociedad Contemporánea] (del riesgo de caer bajo el autoritarismo de una burocracia necrófila como la de Hitler o la de Stalin, del peligro de destrucción de la humanidad producto del avanzado desarrollo tecnológico en el armamentismo nuclear [v. Podrá sobrevivir el hombre?], de la cosificación y el consumismo de la vida humana bajo el sistema capitalista), sino que también del análisis del carácter del propio individuo, de sus actuales limitaciones y de sus posibilidades futuras.
No solamente advirtió ya que además de diagnosticar dio alternativas de solución a los problemas sociales, políticos, económicos y psicológicos -si bien, no tuvieron gran aceptaci&oaacute;n o "éxito" en su momento- al propugnar su misticismo ateístico en un tipo de socialismo comunitario humanista donde se dé el mejoramiento de las relaciones sociales en el cual los individuos tiendan a la biofilia, desde luego, con los requisitos fundamentales para tal desarrollo (que como ya hemos visto no son meramente políticos o económicos sino que también deben ser psicológicos).
Y por otro lado, dice a cualesquiera que se halla desarrollado en un ambiente o una sociedad no biófila predominantemente, que no todo está perdido ya que puede escoger escuchar las voces de los grandes guías humanistas y así "salvarse" a sí mismo. Esto es, que pueden mejorar sus vidas tratando de superar su irracionalidad, luchando contra el miedo, el temor, el odio, y la ignorancia.

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