martes, 30 de abril de 2013



Ernesto Sábato (a dos años de su muerte)‏

 
 
 
 
 
 
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Un pesimista comprometido

Ernesto Sabato, al otro lado del túnel

El autor de ‘Sobre héroes y tumbas’ muere en Santos Lugares, cerca de Buenos Aires, a dos meses de cumplir 100 años – Fue la conciencia política contra la dictadura

SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ - Buenos Aires – 01/05/2011
Ernesto Sabato, el gran escritor argentino autor de Sobre héroes y tumbas y El túnel, pero también el hombre atormentado y horrorizado que presidió la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) falleció en la madrugada de ayer sábado, dos meses antes de cumplir 100 años. Sabato, que iba a ser objeto hoy de un homenaje en la Feria del Libro de Buenos Aires, padecía una bronquitis que no pudo superar, según anunció su compañera, Elvira González Fraga. El velatorio se realizará en la localidad de Santos Lugares, a 40 kilómetros de la capital porteña, donde tenía su domicilio.
Sabato fue un escritor popular, extraordinariamente leído en Argentina en los años 70 y 80, aunque en los últimos tiempos estuvo prácticamente recluido y retirado en su casa: no volvió a hacer una aparición pública desde 2004. “A los argentinos nos gusta derribar a nuestros iconos y eso también pasó con Sabato”, explica María Rosa Loja, coordinadora de la edición crítica de Sobre héroes y tumbas, publicada en 2008. “Es cierto que el ambiente literario argentino le dio un poco la espalda, quizás por su propia figura, polémica, y su carácter difícil, pero también por sus posiciones políticas, inclasificables, que le colocaban en un lugar complicado”, afirma. “Sabato era ante todo, él mismo”, resume.
“Primero, El túnel, que tiene una trama casi policiaca, aunque se conoce el nombre del asesino desde la primera pagina, y después, Sobre héroes y tumbas, que habla de la historia pasada y presente del país, fueron en su momento enormes éxitos editoriales, una lectura muy seductora para miles de jóvenes”, asegura Lojo. “Sabato habló a los argentinos sobre quiénes eran. Por eso tuvo tanto gancho. Sobre héroes y tumbas es una novela larga, con mucha capacidad de síntesis, que, escrita al poco de caer Perón, enlaza distintos tiempos de la construcción de país”.
Descendiente de padre italiano y madre albanesa, Sábato está considerado como uno de los grandes de la literatura latinoamericana no solo por sus novelas, incluida Abaddón el exterminador, sino también por su amplia obra ensayística sobre la condición humana. Obtuvo el Premio Cervantes en 1984, ocasión en la que pronuncio un discurso en el que describió El Quijote como “un simple mortal, tierno desamparado, andariego, el hombre que alguna vez dijo que por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida”.
Sabato tuvo también una vida andariega, marcada por la literatura y por su peculiar compromiso político, que le llevó al final de su vida a declararse más cercano al “anarco-cristianismo” y a Tolstoi que al activo comunismo de su juventud. El escritor empezó su vida profesional como físico, en Zurich (Suiza), pero muy rápidamente comenzó su actividad literaria y su amistad con el Grupo Sur, donde conoció a Victoria Ocampo y a Jorge Luis Borges, con quien mantuvo siempre una relación conflictiva pero que dio origen, en 1976, a un hermoso libro titulado Diálogos con Jorge Luis Borges. Fue en esa época cuando se casó con Matilde Kusminsky, con la que tuvo dos hijos, y que vivió con él hasta su muerte, en 1998.
Su primera gran novela, El túnel (1948), un agudo ensayo psicológico, lleno de ironía, pero también de amargura y del pesimismo que marcaría toda su obra posterior, le proporcionó un inmediato reconocimiento no solo en Argentina sino internacional. Su segunda obra, Sobre héroes y tumbas, que incluye su estremecedor Informe sobre ciegos, le confirmó como un autor extremadamente original, pese a su lenguaje cotidiano y fácilmente accesible, y le colocó entre los autores mas grandes en lengua española. “Esa es la obra en que intento dar una versión total de mi realidad. De toda mi realidad, sobre héroes y tumbas, sobre esperanzas y desesperanzas, sobre la vida y la muerte, el bien y el mal”, dijo en una entrevista.
El fuerte carácter de Sabato, su egocentrismo y su gusto por las polémicas, origen de multitud de anécdotas, hicieron de él un personaje controvertido en las letras argentinas, aunque nunca se discutió su extraordinaria importancia literaria. “No se por qué, pero siempre fui especialista en hacerme enemigos”, confesó el propio Sabato en una charla en 1996.
Su vida y su obra no se comprende sin su faceta de luchador por los derechos humanos y su compromiso contra la dictadura militar que gobernó Argentina entre 1976 y 1983, pese a que en los primeros meses del golpe participó en una comida con el general Jorge Videla, a la que asistió también Jorge Luis Borges. Sabato se espantó al conocer los continuos asesinatos y abusos contra los derechos humanos que protagonizaba la dictadura y, como recordó ayer la periodista Magdalena Ruiz Guiñazú, “firmó todas las peticiones que pudo reclamando la aparición con vida de quienes habían sido secuestrados”.
Terminada la dictadura, Ernesto Sabato recibió el encargo del primer presidente democrático, el radical Raúl Alfonsín, de encabezar la recién creada CONADEP. El equipo de investigación de la Comisión recogió el testimonio y documentó minuciosamente 8.960 desapariciones y la existencia de 340 centros de detención ilegal y tortura. El informe titulado Nunca más, pero conocido también sencillamente como Informe Sabato, fue entregado a Alfonsín en un acto inolvidable para la inmensa mayoría de los argentinos, el 20 de septiembre de 1984, y dio origen al procesamiento y condena de los máximos responsables de las juntas militares de la dictadura, entre ellos el propio Videla, que fueron enviados a la cárcel. Sabato se opuso siempre a las leyes de Punto Final y a los posteriores indultos concedidos por el peronista Carlos Menem.
El escritor sufrió durante mucho tiempo una fuerte depresión que le llevó un día, de visita en España, a contestar a quienes intentaban darle ánimos: “Ustedes no entienden nada. Yo me despierto cada mañana, y me doy cuenta de que soy argentino”. Pasó sus últimos años sin escribir pero pintando, su segunda vocación artística, que siempre supo compaginar con la literatura.
“La razón no sirve para la existencia”, afirmaba. No quería que se le encasillara en ninguna tendencia literaria: “Tengo con la literatura la misma relación que puede tener un guerrillero con el ejército regular”.
Ernesto Sabato afirmaba a menudo que creía en el hombre, “a pesar”, solía añadir, “de que estamos ante el animal más siniestro”. “La vida es tan corta y el oficio de vivir tan difícil, que cuando uno empieza a aprenderlo, hay que morirse”, se quejaba.
- “Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona”. El túnel

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