miércoles, 21 de septiembre de 2011

¿UN DESFILE A FAVOR DE LA PAZ?


Alexander Cabezas M
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El pasado 19 de setiembre la bella nación chilena se pintó con cientos y miles de colores que adornaron las principales vías de Santiago.  No faltó el color  rojo, blanco y el azul; matices que recuerdan la bandera patria. Pero también otro color sobresalió: el verde olivo, símbolo del ejército que celebraba “El día de las glorias del ejército”.


Se dice que cerca más de 7.500 uniformados y un centenar de vehículos, aviones, tanques, entre otros, hicieron gala del poderío militar de esta nación suramericana.



Sin pretender entrar en detalles y controversias, sobre todo para una persona como yo, ajena a este contexto de país con cultura militar, pero identificado con la gente chilena por el vínculo de amigos forjados en el tiempo y gracias al influyo de mis padres, quienes me enseñaron desde muy niño amar esta tierra de trovadores y artistas distinguidos.  Pablo Neruda, Victor Jara, los Illapayu, los Jaivas, Violeta Parra, entre otros.  Hombres y mujeres que no cesaron de entonar sus melodías para que el pueblo no perdiera las esperanzas de recobrar algún día  la tan soñada libertad, violada precisamente por un golpe militar.

Es por eso que no dejo de pensar en lo que representa el ejército en términos generales y no solamente como fuerza de resistencia o defensa, sino lo que implica el militarismo como factor que incita al odio, a la violencia a la imposición, al sometimiento del más fuerte sobre el más débil, climas que no favorecen la construcción de una  sociedad que busca formar una cultura de paz.


Lo cierto es que cualquier paradigma militar cercena las posibilidades de crear una visión  comunitaria que contemple el uso de los fondos públicos, para el desarrollo de programas y proyectos de bienestar integral para las poblaciones más vulnerables.
No dejo de preguntarme ¿Cuánto se podría lograr con al menos una fracción de los recursos que se gastan en armamentos en el mundo entero?


Para ubicarnos un poco y a manera de referente.  Según Periódico digital “El Comercio.Pe”, ese día durante la celebración del Bicentenario en Chile desfilaron: Tanques Leopard 2, helicópteros MD 530 y en  los cielos sobrevolaron ocho F-16, siete F-5 y aviones C-130. 


Una breve investigación en línea, me ayudó a calcular el valor de estos instrumentos bélicos que tienen un precio que sobrepasa millones de dólares por unidad. Por ejemplo, un Tanque Leopard 2 $4 millones de dólares. Un helicóptero MD 530, ronda los $2,4 millones de dólares y cada avión militar fácilmente puede llegar a llegar a costar $100 millones de dólares.  Dinero que sin duda saldrá de los bolsillos de cada ciudadano que paga sus impuestos donde hay ejercito, y se verá en la obligación de sostener un régimen militar lo quiera o no.


Tomando en cuenta los billones de dólares se gastan en armamento, ¿acaso no es justo reclamar por la  solución a los 80.000 alumnos aún no han podido reanudar sus estudios por causa del pasado  terremoto en esta nación? ¿Qué decir de los 500.000 hogares que quedaron destrozados y miles más deteriorados?  O ¿No valdrá la pena recordar a los 200 mil niños, niñas y adolescentes, quien según UNICEF, trabajan para el sostén de los hogares más flagelados por la pobreza? 


Recordando el  pasado mes de junio cuando estudiantes y educadores se manifestaron pidiendo reformas educativas y lo que recibieron fue golpes ¿Acaso no se podría encontrar respuestas  a la problemática de la educación que dejó de ser gratuita y accesible para muchos en Chile con parte del presupuesto que cubre esta ignominia militar?


Henry Nowen (2003), supo lo que era pronunciarse en un contexto militar como lo fue la Guerra de Vietnam.  Además nos enseñó cuál debería ser el camino que hombres y mujeres debemos trazarnos:
Cuando caminamos hacia el centro de la ciudad con las manos vacías y volvemos con velas en lugar de fusiles, queremos expresar no sólo nuestra profunda tristeza, sino también nuestra esperanza de que la tristeza conduzca al arrepentimiento, el arrepentimiento lleve a la compasión y la compasión conduzca a la paz (p.105).


Amen porque las Escrituras nos recuerda a quienes Dios llama bienaventurados (Mateo 5:9). Estos son los verdaderos hijos e hijas del reino, que en su visión de mundo saben que el camino hacia la paz se forja con el amor y perdón, pero nunca con herramientas de destrucción.

Biografía:
·        Nowen, Henry (2003). El camino hacia la paz,  Sal Terrea, Bilbao, España.
·        Unicef. http://www.unicef.org/spanish/earlychildhood/chile_36227.html