domingo, 3 de julio de 2011

SOCIEDAD, IGLESIA Y HOMOSEXUALIDAD

Alexander Cabezas Mora

“Argentina, primera nación en América Latina en aprobar el matrimonio homosexual”


Titulares como estos, aparecieron hace pocos días en los principales medios de comunicación, mayormente en Argentina como epicentro de la noticia.


Para los defensores de la causa, éste es un gran salto hacia “la transformación social, rumbo a una sociedad más justa e igualitaria”.  Anticipando la celebración y gracias a un recurso de amparo, meses atrás Norma Castillo y Ramona Arevalo, ambas señoras de 67 años y con más de 30 años de relación, “se juraron amor”, convirtiéndose así en uno de los tres matrimonios gays legales en la Argentina, según declaró el CLARÍN (Argentina, 9 de abril de 2010).

Por otro lado, dos jueces, ambos argentinos, aseguraron que “no casarían a parejas homosexuales por cuestiones morales y principios cristianos” (Diariochaco.com).

Y las reacciones seguirán produciendo diversas opiniones en nuestra sociedad. Por eso creo que ya no podemos permanecer ausentes, o continuar ignorando el tema de fondo que va más allá de la legalidad, o no legalidad, del matrimonio gay y ciertamente demanda de la respuesta clara y concreta de la iglesia.

Me pregunto: ¿Acaso podemos ofrecer más que una posición radical? ¿Deberíamos hacer algo diferente a las ya tradicionales manifestaciones evangélicas?
  
Es comprensible que muchas estrategias del pasado respondían a un contexto y momento particular; pero es preocupante que en pleno siglo XXI sigamos creyendo que las únicas alternativas que tenemos, sean las pancartas, los gritos y otros actos de algunas denominaciones, que en ocasiones tienden a asemejarse más a manifestaciones homofóbicas que a verdaderas evidencias de amor y respeto.

Con cierta tristeza reconozco que se nos ha moldeado para asumir una actitud confrontativa.  Nos hemos vuelto expertos atacando con pasajes bíblicos en búsqueda de señalar pecado. Cuando el tema requiere más que la aplicación ligera de textos (en muchos casos fuera de contexto) y, erramos cuando obviamos aquellos pecados que se han enraizado sigilosamente en nuestras congregaciones, tales como la manipulación, el abuso del poder, la soberbia, la murmuración, los prejuicios, la falta de unidad y son los que en verdad están consumiendo nuestras congregaciones como un “cáncer silencioso”.

Por temor o ignorancia, se ha visto a las personas homosexuales y a las lesbianas como un objeto de befa, crítica y menosprecio y son exiguas las alternativas que estamos brindando para alcanzarlos.  Debemos recordar que evangelizamos también en la medida que somos capaces de generar espacios de reflexión desde diferentes enfoques y sectores bíblicos- teológicos, sociales, éticos, genéticos y médicos, para ofrecer propuestas que puedan brindar acompañamiento y pastoreo sin excepción de personas, recordando que es Dios quien produce la transformación.
No dudo que muchos valores que la sociedad tolera son y serán antagónicos a los principios bíblicos y éticos del reino de Dios y nuestra voz no puede callar; pero no olvidemos que nuestro camino debe estar trazado sobre la base del amor antes que el prejuicio, la inclusión antes que la exclusión, fundamentos presentes en las enseñanzas de Jesús y el Reino.  

Dios permita que los desafíos que se perciben en el horizonte, nos ayuden a repensar nuestra posición y cambiar de rumbo para abrir los ojos ante lo que deberíamos ser y hacer como Iglesia del Señor. Que las prioridades que demanda el Reino y nuestro amor por la expansión de éste, nos guíen a abrir puertas, antes que a cerrarlas, amar antes que a condenar, a todas aquellas poblaciones que demandan una Comunidad Sanadora y reconciliadora, en su afán por atender a las personas más necesitadas y vulnerables de la sociedad.  



Alexander Cabezas M.
Coordinador de Relaciones Eclesiásticas
Viva de America Latina y el Caribe