lunes, 20 de junio de 2011

El rostro de la indignación

Alexander Cabezas 


Coordinador de Relaciones Eclesiásticas de Viva de América Latina y miembro de la FTL


En el mes de junio se conmemora las protestas de las  personas en la plaza de Tiananmen de Pekín (República Popular China). Esta manifestación inició de forma pacífica por parte de un grupo de estudiantes que exigían reformas democráticas, pero concluyó con actos sangrientos por parte de los soldados. Se estima que hubo entre 2600 y 4 mil muertos y 5 mil heridos, en aquellos trágicos días.   
Pero ¿qué tanto recordamos estos hechos acontecidos dos décadas atrás nosotros los de este otro lado del mundo?...

... Probablemente muy vagamente. Sin embargo, coincidirá conmigo, la fotografía es conocida: 
Un individuo menudo con una bolsa plástica en su mano, “como si viniese de compras.”  Impávido anclado al suelo; no dudó instante alguno ante el avance de los amenazantes tanques T-59.  Así se contuvo hasta que las bestias de hierro refrenaron su marcha ante la débil pero fuerte, pequeña pero gran presencia, de aquel desconocido, que se atrevió a “dar la cara” por su pueblo. Minutos después algunos hombres lo sacaron de la escena y se perdió entre la multitud y en la historia. 
Curiosamente se sabe más de la imagen inédita que le dio la vuelta al mundo y le valió un World Press Award en el 89, a uno de los tres fotógrafos.  Pero, del hombre, ¡no hay rastro alguno!  Le llegaron a llamar: “el hombre tanque” o el “rebelde desconocido.”  Hay quienes  aseguran que fue ejecutado por la policía secreta, otros afirman que aún vive.  Lo único cierto es que dejó una huella, movido por su indignación. 
Hoy más que nunca nos enfrentamos a las embestidas brutales; a las orugas asesinas que devoran todo lo que se ponga a su paso. No respeta sexo, edad, condición física o social. Y entre ellos se encuentra la violencia que sufren millones de niños, niñas y adolescentes en todo el mundo.  
Cada día mueren por hambre 25 mil personas en el mundo, según la FAO 
La Organización Internacional del Trabajo (OIT), estima que 1.2 millones de niños y niñas son víctimas del tráfico cada año.
El 25 % de los embarazos en niñas y adolescentes son consecuencia del abuso sexual (Kastberg, 2007, p.18-19). 
Y la convención de los Derechos del Niño, informa que cada día mueren 220 niños y niñas víctimas de violencia doméstica en Latinoamérica.


Si al ver dichas estadísticas no nos inmutamos o escandalizamos, creo que como ciudadanos del Reino de Dios, aún nos falta conocer un poco más el “rostro de la indignación.” Es ese mismo que nos presenta Jesús cuando toma un azote y saca del templo a aquellos comerciantes que estaban convirtiendo la fe en un negocio (Juan 2:15).  Es guardar silencio y tragar fuerte porque el Maestro va a hablar: ¡Ay de aquel que haga tropezar a uno de mis pequeños...! (Mateo 18:6).  Es la cara enrojecida, los ojos exaltados, para ver la descarga del Dios-hombre, cuando se “enoja en gran manera” (griego: indignarse), ante la actitud de sus seguidores que estaban no solamente despreciando, sino impidiendo; el acceso de aquellos niños a Jesús (Marcos 10:14-16). 


En cierto momento histórico Dios le reclamó a su pueblo por sus malas acciones: Los gobernantes despojaban a los huérfanos y a las viudas.  Los magistrados mataban para obtener dinero; el pueblo había aprendido de sus príncipes a abusar del poder y, oprimían a los más débiles. El Señor estaba dispuesto a retener su ira si al menos encontraba una persona que estuviese dispuesta a: “pararse en la brecha” (dar la cara), pero tristemente: “no halló a nadie” (Ezequiel 22:30). 


En la actualidad también urgimos de creyentes dispuestos a “dar la cara”, si en verdad creemos que por momentos no habrá más opción que reclamar, denunciar y exigir justicia y protección por el bienestar de nuestra niñez. No será fácil, pero ¿acaso hay otro camino?  Harold Segura, encargado de testimonio Cristiano de Visión Mundial, comentando Marcos 10:14 agrega: 
La promoción del Reino y la defensa de “sus herederos” (10:14) implica siempre el riesgo de la indignación. Jesús afrontó ese riesgo y pagó con la cruz su atrevimiento.
Seremos más efectivos en nuestro sueño de defender a los más pequeños en la medida en que seamos más valientes en nuestra indignación, incluso cuando en algunas ocasiones ésta tenga que dirigirse contra los mismos discípulos y seguidores del Maestro (2007, p.3).


Sin duda alguna, el “hombre desconocido” esa mañana que salió de su casa para “hacer mercado”,  jamás esperó convertirse en figura mundial o ser fotografiado para llevarse el aplauso público y mucho menos convertirse en un icono de muchas causas sociales, cuando todo lo que buscaba era manifestar su justa indignación.  


Para nosotros, nuestro modelo seguirá siendo: “el Jesús indignado,” quien se enoja por el atropello que hoy también sufren nuestros menores de edad. No obstante, me parece que como cristianos aún nos falta recorrer un poco más el camino angosto,  tomar nuestra cruz y seguir sus mandatos; si hemos de encarnar el mensaje que él nos confirió en búsqueda de “arrebatar el Reino” (Mateo 11:12).
  
Para el creyente ser “valiente” no es ausencia de temor, es actuar con la firme convicción que sin importar los resultados, el Señor promete estar con nosotros. Así que ¿estaremos dispuestos a mostrar el rostro de la indignación ante el avance de la violencia?



Bibliografía


Kastberg, Nils, Alvarado, Ruth Alvarado, Sánchez, Edesio, Enns, Marlene (2007). Seamos como Niños. Buenos Aires, Kairós.
Segura, Harold (2007). Artículo: ¿Reprender o Atender?  Estudio Bíblico Participativo. San José, Costa Rica.