jueves, 14 de junio de 2018

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52 AÑOS DE LA PELÍCULA “UN HOMBRE Y UNA MUJER”
Víctor Rey

Cuando era niño escuché acerca de esta película que tenía una música muy pegajosa compuesta por Francis Lai y la voz de la cantante Nicolle Croisille la hacía más atractiva.  En ese tiempo está película estuvo catalogada para mayores de 21 años, así que no pude verla hasta muchos años después cuando ya estaba en la universidad en un ciclo de cine francés en la Alianza Francesa de Concepción.  La segunda vez la vi en Quito, Ecuador en otro ciclo de cine francés por la misma institución.  Ahí la vi con mis hijos que estudiaban en esa institución educativa.  Lo novedoso fue que a ellos les gustó, cosa diferente que ocurrió cuando volvimos a Chile, junto a unos amigos adolescentes de ellos en casa en Valparaíso se aburrieron y no la entendieron. Cuando estudiaba en Bélgica descubrí la segunda parte de este film que se hizo con los mismos actores pero 20 años después.  Con amigos la hemos vuelto a ver este año para conmemorar los 52 años de esta película que se ha transformado en un clásico que se estrenó un 27 de mayo de 1966.
Su melodía quedó en el recuerdo colectivo, al igual que su historia y la química de sus intérpretes, Anouk Aimée y Jean-Louis Trintignant. Una trama romántica, una situación cotidiana, sobre una guionista de cine y un piloto de carreras, ambos viudos, que un día coinciden en la escuela de sus hijos en Deauville.
Como pequeña obra de arte esta producción tiene sus curiosidades. El realizador Claude Lelouch escribió el guion en apenas un mes. El rodaje duró tres semanas, bajo la batuta de un joven cineasta que quería expresar emociones diferentes, alternando el color con el blanco y negro e incluso el sepia.
Fue estrenada en el Festival de Cannes en 1966, y el director se llevó la Palma de Oro. Un año después la Academia de Hollywood le entregó dos Oscars, al mejor guion y la mejor película extranjera.
El éxito del film fue tan grande que originó veinte años después una segunda parte, con el mismo equipo. Allí se narraba el reencuentro de estos dos viejos amantes, por entonces separados.
Aparte de los premios mencionados, el film obtuvo otros galardones, e incluso existe una placa recordatoria en Normandía (uno de los escenarios del rodaje), ante la cual desfilan parejas de enamorados y amantes del cine que recuerdan con nostalgia esta magnífica producción francesa. Es bueno volver a ver este film o recordar escuchando la banda sonora de la película con un buen café.

viernes, 8 de junio de 2018


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69 años de1984

"-El Hermano Mayor Existe?
-Naturalmente, él existe.  El partido existe.  El Hermano Mayor es la personificación del Partido.
-Existe de la misma manera que yo existo?
-Usted no existe, dice O Brien." (1)

(1) Orwell, "1984", Paris: Gallimard, Coll. Folio, 1983.


Víctor Rey


Ya han pasado más de 30 años de que se cumplió la fecha del libro de Orwell, y 69 años de su publicación creo que tiene más vigencia que nunca, en especial por los grandes cambios que se han producido a nivel mundial en la política, la economía, las comunicaciones, los valores y las creencias.  En estos días he vuelto a encontrar  y a revisar este libro de una vieja edición argentina.  Lo volví a leer ahora, que ya no existe la "Guerra Fría",  en estos tiempos de globalización, neoliberalismo y postmodernidad.  He constatado con asombro que la vigencia que tiene y la importancia de volver a leerlo y estudiarlo, ya que da muchas luces sobre esta nueva época y cultura que nos ha tocado vivir.  Por su magnífico análisis del poder y de las relaciones y dependencias que crea en los individuos 1984 es una de las novelas más inquietantes y atractivas del siglo pasado.

1984  es una novela política de ficción distópica, escrita por George Orwell entre 1947 y 1948 y publicada el 8 de junio de 1949. La novela introdujo los conceptos del omnipresente y vigilante Gran Hermano o Hermano Mayor, de la notoria habitación 101, de la ubicua policía del Pensamiento y de la neolengua, adaptación del idioma inglés en la que se reduce y se transforma el léxico con fines represivos, basándose en el principio de que lo que no forma parte de la lengua, no puede ser pensado.  Muchos analistas detectan paralelismos entre la sociedad actual y el mundo de 1984, sugiriendo que estamos comenzando a vivir en lo que se ha conocido como sociedad orwelliana, una sociedad donde se manipula la información y se practica la vigilancia masiva y la represión política y social. El término «orwelliano» se ha convertido en sinónimo de las sociedades u organizaciones que reproducen actitudes totalitarias y represoras como las representadas en la novela. La novela fue un éxito en términos de ventas y se ha convertido en uno de los más influyentes libros del siglo XX.  Se le considera como una de las obras cumbre de la trilogía de las distopías de principios del siglo XX (también clasificadas como ciencia ficción distópica), junto a la novela de 1932 Un mundo feliz, de Aldous Huxley, y Fahrenheit 451 de Ray Bradbury (publicada originalmente en 1953).

Corre el año 1948 y la tuberculosis avanza mientras George Orwell escribe un nuevo libro.  Sabe que será el último y quiere que sea el más combativo, el más explícito, el más convincente.  Su última obra describe una sociedad en la que la máquina y el Estado han triunfado sobre el hombre y la mujer individual.

En esas páginas estarán las cosas que le ha tocado vivir.  El colonialismo inglés en la India y Birmania, los medios de comunicación convirtiendo la mentira en verdad y a los amigos en enemigos durante la Guerra Civil Española, las demencias lúcidas del nacismo, el fascismo, el stalinismo.

A los cuarenta y cinco años, está viejo y enfermo.  George Orwell, cuyo nombre original era Eric Blair, nació en un modesto hogar anglosajón en Motihari, India.  El hombre que abandonó su nombre a los treinta años de edad, después de graduarse en Eton y patrullar con uniforme blanco y sombrero cucalón las calles de Rangoon, para emprender una carrera de proletario escritor.  Flaco y alargado, con aire de sacerdote, dos mechones de pelo bailando sobre la frente llena de arrugas.  George Orwell, individualista, agnóstico, maniático de la limpieza, carente de vanidad, eternamente mal vestido, ausente, de ademanes rudos.  Un rebelde más que un revolucionario, siempre consecuente, siempre coherente, siempre decente consigo mismo y con los demás.

No le gustaba el mundo y quiso cambiarlo.  Reclamó contra la deshonestidad y la ola de mentiras en todos sus ensayos y artículos periodísticos, combatió junto a los trotskistas en la Guerra Civil Española y defendió a los anarquistas en "Homenaje a Cataluña" (1938).  En plena Segunda Guerra Mundial denunció los desesperanzadores resultados de la revolución soviética, escribiendo la fábula satírica "Rebelión en la Granja", donde dijo: "Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros".

Terminada la guerra, la paz no llegó.  Orwell advirtió los gérmenes del totalitarismo presentes en todas las sociedades del mundo.  Intuyó que el planeta se dividiría en bloques inexorablemente antagónicos, que la permanente pugna entre esos bloques justificaría todo tipo de atropellos a los derechos humanos, que el poder se concentraría cada vez más, que el mundo podía llegar a convertirse en una dictadura irreversible. Contra eso gritó, escribió y se comprometió.

Su libro "1984" fue publicado siete meses antes de su muerte en Londres en 1949, y constituye más una advertencia que una profecía.  La novela señala un camino que no debemos recorrer.  Y como tal nunca perderá vigencia, mientras existan la humanidad y la tentación del poder.

Este famoso libro escrito por el inglés George Orwell,  es una obra de ficción en la cual el autor se imaginaba el futuro.  Cuando él la escribió al finalizar la Segunda Guerra Mundial, no pensó que iba a transcurrir tan rápido el tiempo.  "1984" era una fecha lejana en la que todo iba a ser posible.  Lo que Orwell hizo fue tomar algunas tendencias de su época y mostrar como se iban a desarrollar en el transcurso del tiempo.

Algunas de estas profecías se han cumplido, otras no.  Como algunas cosas horribles que parecían muy distantes, son ahora cosa de todos los días.  Son parte de la escena mundial que aceptamos con naturalidad.  Es una inquietante interpretación futurista basada en la crítica a los totalitarismos y la opresión del poder situada en 1984 en una sociedad inglesa dominada por un sistema de “colectivismo burocrático” controlada por El Gran Hermano.  Londres 1984: Winston Smith decide sublevarse ante un gobierno totalitario que controla cada uno de los movimientos de sus ciudadanos y castiga incluso a aquellos que delinquen con el pensamiento.  Consciente de las terribles consecuencias que pueden acarrear la disidencia Winston se une a la ambigua Hermandad por mediación del líder O Brien.  Paulatinamente, sin embargo, nuestro protagonista va comprendiendo que ni la Hermandad ni O Brien son lo que aparentan y que la rebelión, al cabo, quizá sea un objetivo inalcanzable.

Quiero nombrar tres elementos del libro “1984” que me parecen importantes y que creo que de alguna manera esas profecías ya se han cumplido:

Primero: Una cosa que Orwell da a conocer con insistencia, es lo referente a la manipulación de la historia.

El Winston Smith, trabajaba en el "Ministerio de la Verdad" y una cosa que tenía que hacer cada día, era revisar la historia, leer los periódicos y libros, para acomodarlo a lo que el partido había dicho en esos días.  Existía un partido que dominaba la sociedad y había que demostrar que la ideología  que estaba escrita en los libros se cumplía en la realidad, y si no era así, había que cambiar la teoría, borrar los discursos, los periódicos y para eso se recurría a las técnicas modernas.  La función del personaje central era la de acomodar la historia a los intereses del partido.  Pero en América Latina hemos visto estos ejemplos con mucha frecuencia.  Una de las cosas que hoy particularmente se está dando en América Latina y en el mundo es justamente la revisión de la historia. Todo grupo que  se encuentra en el poder, no sólo tiene el poder de manejar la historia hacia delante, sino que también hacia el pasado.  En América Latina se está enseñando la historia desde una perspectiva en la cual se da primacía a lo económico por encima de otras áreas de la vida y todo aquello que no tiene trascendencia económica se deja de lado como poco importante.

Segundo: Otra cosa que nos advertía Orwell, es que iba existir una forma de lenguaje ambiguo.  En lo cual lo negro es blanco, la paz es guerra, libertad es esclavitud, ignorancia es fuerza, la verdad es mentira.  Se manipulaba el vocabulario.  Las palabras no significaban lo que significaban originalmente.  En nuestros días asistimos a una situación parecida, en la cual las palabras, verdad, libertad, igualdad, democracia, etc. Se manipulan de acuerdo al gobierno de turno que se encuentra en el poder.

Tercero: Una expresión famosa del libro de Orwell era; "El hermano mayor te está vigilando".  El mundo de pesadilla que imagino Orwell, es un mundo en el cual la vida privada, la interioridad, la vida individual, ya no es posible.  Había todo un sistema de espionaje a través de la electrónica, de manera que las acciones de una persona estaban controladas por el estado, a través de una red de investigación.  El personaje de la novela de Orwell se da cuenta que no puede pensar por su cuenta.  Todo está vigilado.  Por todas partes el "Hermano mayor te está vigilando", por lo tanto debe autocensurarse.  Esta situación hoy es una realidad.  Vemos como las grandes potencias tienen información acerca de todos los países del mundo, a través de satélites y otros mecanismos sofisticados.

En pensador francés, Jacques Ellul, dijo que la propaganda, la publicidad, es un fenómeno característico de nuestra época.  Dijo que la propaganda es una realidad porqué todo estado cualquiera que sea su signo, lo necesita.  Y hoy todas las instituciones utilizan ya sea políticas, religiosas, económicas la propaganda, el marketing, la influencia de los medios de comunicación, para transformar el mensaje solamente en una propaganda.  Esto da que pensar.

Gracias a este libro "1984" no es "1984"... todavía.

jueves, 7 de junio de 2018

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El Llanero Solitario cumple 85 Años y vuelve a cabalgar

Víctor Rey

El Llanero Solitario ha sido uno de los personajes favoritos de mi infancia.  Recuerdo que con mi hermano mayor llegábamos corriendo del colegio a instalarnos frente al aparato de radio para escuchar las aventuras del Enmascarado y su amigo Toro.  Con el fondo de la Obertura de Guillermo Tell y el galope de su caballo Plata soñábamos y nos imaginábamos cabalgando por las praderas de Texas.  Con los compañeros del colegio comentábamos en los tiempos de los recreos esas aventuras  y jugábamos a ser el Llanero Solitario y su amigo Toro.  También tema de conversación eran las lecturas que hacíamos de las revistas de historietas que cada quince días adquiríamos en los kioscos de nuestro barrio.

El 30 de enero de 1933 en la estación de radio WXYZ de Detroit, Michigan, se estrena el primer episodio de “El Llanero Solitario”. Atrapó  a los oyentes desde el primer momento, en total se emitieron 2.956 episodios.

Cuenta la leyenda que El Llanero Solitario era realmente un Texas Ranger llamado John Reid, único sobreviviente de una emboscada del forajido  Butch Cavendish y su banda. El indio Toro lo encuentra y  lo cura.  Reid jura  ayudar a combatir la injusticia, Toro lo acompaña a lo largo de todas sus aventuras.

Siempre bajo un antifaz negro y  montado en su caballo Silver. Se enfrenta sin temor a sus adversarios, no dispara a matar con sus balas de plata, sino los desarma  para imponer la ley y el orden en el viejo oeste americano.
A lo largo de las transmisiones radiales “El Llanero Solitario” fue interpretado por varios actores: Juan L. Barrett, George Seaton, Earle Graser y Brace Beemer. John Todd  hacia de Toro.

Lo que más atraía era escuchar a través de la radio la voz del locutor que decía: “En los primeros días del Oeste de Estados Unidos, un hombre enmascarado y un indio cabalgan las llanuras, en busca de la verdad y la justicia.  Vuelve con nosotros ahora para aquellos emocionantes días de antaño, cuando a partir del pasado vienen los cascos atronadores de Plata, gran caballo, ¡El Llanero solitario cabalga de nuevo!”.  Centenares de adultos, jóvenes y niños lo escuchaban extasiados.

El 15 de septiembre de 1949 se estrena la serie para tv “El Llanero solitario” con episodios de alrededor de 24 minutos de duración en blanco y negro hasta 1956. En este año cambiarían a color hasta el final  de la serie el 6 de junio de 1957. En total se emitieron 221 episodios.

Protagonizada por Clayton Moore y el actor de las Primeras Naciones de Canadá, el Mohawk indio Jay Silverheels, tuvo un gran éxito convirtiendo al Llanero Solitario en un icono de la cultura estadounidense.

La popularidad de ambos seriales (radial y televisivo) dio lugar a través del tiempo a comics, filmes, libros, música grabada, videojuego  y se espera el lanzamiento de un Lego en 2013.

A 85 años de su estreno, “El Llanero Solitario” regresó en julio  del 2013 de la mano del director: Gore Verbinski,  protagonizada por Johnny Depp, Armie Hammer  y  Tom Wilkinson.

La película recupera los elementos clásicos del personaje, desde su sombrero blanco a su antifaz, pasando por su caballo Silver, su conocida melodía orquestal, la Obertura de Guillermo Tell, de Rossini y su inseparable compañero, el indio Tonto (Toro en español) que en la piel de Johnny Depp pasa a ocupar un primer plano.  Una de las cosas que destaca de este film es el humor, algo novedoso en las películas de este estilo.

Su director Gore Verbinski comentó en un entrevista que lo que hizo fue: “Construir la historia desde el punto de vista de Tonto, es como si Don Quijote fuera narrado por Sancho Panza.”  También confesó ser un aficionado a los western.

Tras la máscara del llanero Solitario se encuentra el actor Armie Hammer, que se encarga de hacer evolucionar a su personaje desde un hombre de ciudad que rechaza las armas hasta un “cowboy” que decide imponer la ley por su cuenta.

Esperamos que el Llanero Solitario con su compañero Toro y sus caballos Plata y Pinto, sigan cabalgando por muchos años más por las praderas de Texas, de otros films, de otras historietas y de otras imaginaciones para deleites de grandes y chicos.

viernes, 1 de junio de 2018

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80 AÑOS DE SUPERMAN, EL HEROE DE TODOS LOS HEROES.
Víctor Rey

Superman fue uno de mis primeros héroes en esos tiempos en los cuales todavía la televisión no era parate de la vida cotidiana.  Estaba atento todas las semanas cuando aparecía la revista en los kioskos de períodicos y revistas.  Nos deleitabamos de sus portadas  e imaginabamos las aventuras. Luego alguno de los amigos podía comprar la revista y la leiamos y la volviamos a leer imaginando que volabamos y luchabamos contra la injusticia defendiendo la paz y la justiacia. Sus aventuras eran el tema de conversación en los recreos.  Luego vienieron otros héroes de papel como El Llanero Solitario, Tarzán,  Batman, etc. Con su traje azul, capa roja y unos músculos sobrehumanos, Superman estrellaba un coche verde contra un acantilado en aquella primera edición de "Action Comics", de la que este año se cumplieron 75 años. Había nacido el primer superhéroe de la historia del cómic.

Diez centavos costaba en 1938 el cuadernillo de 64 páginas, un precio que entonces equivalía al de una barra de pan o cuatro litros de gasolina. En 2011, tras más de siete décadas de historia, un ejemplar de esta primera edición se subastó por más de dos millones de dólares.

En realidad, Superman no estaba destinado a ser un superhéroe, sino más bien un supervillano. Sus creadores, Jerry Siegel y Joe Shuster, se conocieron en la escuela en Ohio e idearon juntos el musculoso personaje enfundado en un ajustado traje azul.

Al parecer, la muerte del padre de Siegel durante un robo marcó el punto de inflexión, y Superman pasó a ser un superhéroe bueno con superpoderes: velocidad y fuerza extremas, invulnerabilidad, oído privilegiado, vista telescópica y microscópica y por supuesto, la capacidad de volar.

Siegel y Shuster diseñaron una completa biografía para su "hombre de acero". Nació con el nombre de Kal-El en Krypton, llegó a la Tierra lanzado por su padre -un científico- en un cohete espacial para protegerlo de la inminente destrucción del planeta. Superman aterrizó por casualidad en Kansas, donde fue adoptado por un matrimonio sin hijos que lo crió como Clark Kent.

Más tarde, Clark empezaría a trabajar como reportero en el diario local, mientras compagina su tarea con la de Superhéroe allá donde haya crímenes o injusticias.

Tras muchos rechazos, una editorial accedió a publicar la primera historia de Superman en la colección "Action Comics #1" con una edición de 200.000 ejemplares. Y muy pronto, aquel primer cuadernillo se convirtió en un éxito de ventas, tras el que vendrían cómics dedicados sólo a Superman, películas de Hollywood y series de televisión.

Superman se convirtió en un icono estadounidense mientras el mercado del cómic clásico se iba desmoronando. Shuster y Siegel murieron en los años 90, tras décadas de campañas en los tribunales por los derechos del superhéroe. El año pasado, sus sucesores convirtieron en bloguero al reportero Clark, en un intento de adaptarlo al espíritu de los tiempos y atraer lectores.

Aún hoy sigue sin conocerse a quién tenían en mente Siegel y Shuster cuando idearon a Superman. Según contó a "The New York Times", Larry Tye, autor de un libro sobre el padre de todos los superhéroes, héroes clásicos como Hércules y Sansón habrían tenido su influencia.

Además, también se conservan .algunos bocetos realizados por Shuster, encargado sobre todo del dibujo, de un hombre que encontró por la calle y cuyo rostro utilizó como modelo para el personaje. Al parecer, incluso él mismo se puso frente al espejo para crear a Clark Kent y Superman.
En estos días se han organizado diversas actividades para conmemorar este hecho de las historietas o comics.  Exposiciones, películas, charlas, etc. Para los que tuvimos la exeriencia de vivir  ese mundo de las revistas y cuadernillos será un festín volver a esos tiempos.  Para los niños de hoy será descubrir ese mundo que ya se fue y que a sus padres los hizo vivir momentos inolvidables. 

jueves, 24 de mayo de 2018

Carl Jung y el mundo Espiritual

                                                                    


Leonardo Boff

Coordiné en la Editorial Vozes de Brasil la traducción de la obra completa del psicoanalista C.G. Jung (18 tomos), lo que lo convirtió en unos de mis principales interlocutores intelectuales. Pocos estudiosos del alma humana han dado más importancia a la espiritualidad que él. Veía en la espiritualidad una exigencia fundamental y arquetípica de la psiqué en su desarrollo hacia la plena individuación. La imago Dei o arquetipo Dios ocupa el centro del Self: esa Energía poderosa que atrae todos los arquetipos a sí y los ordena a su alrededor como el sol hace con los planetas.
Sin la integración de este arquetipo axial, el ser humano queda manco y miope y con una falta de completitud abisal. Por eso escribió:
«Entre todos mis pacientes que se encontraban en la segunda mitad de la vida, es decir, con más de 35 años, no hubo ni uno cuyo problema más profundo no estuviese constituido por la cuestión de su actitud religiosa. Todos en última instancia estaban enfermos por haber perdido aquello que una religión viva siempre ha dado a sus seguidores. Y ninguno se curó realmente sin recobrar la actitud religiosa que le era propia. Esto es claro que no depende de una adhesión a un credo particular, ni de hacerse miembro de una Iglesia, sino de la necesidad de integrar la dimensión espiritual».
La función principal de la religión, o mejor, de la espiritualidad, es la de religarnos a todas las cosas y a la Fuente de donde proviene todo ser: Dios. Ese es el propósito básico de su grandioso libro Mysterium Coniunctionis (Misterio de la Conjunción) que Jung consideraba su obra magna. En él se trata de realizar la coniuntio, o sea, la conjunción del ser humano integral con el mundus unus, el mundo unificado, el mundo del primer día de la creación, cuando todo era uno y todavía no había ninguna división ni diferenciación.
Era la situación plenamente urobórica del ser. Uroboros era la serpiente primigenia, enrollada sobre sí misma que se mordía la cola, arquetipo que representa la unidad originaria antes de las diferenciaciones entre masculino y femenino, cuerpo y espíritu, Dios y mundo. Esta fusión es el anhelo más secreto y radical del ser humano y el llamamiento permanente del Self.
Espiritualidad significa vivenciar esta situación en la medida en que es buscada permanentemente, aunque no se deje aprehender y vaya siempre un paso por delante. El drama del ser humano actual es haber perdido la espiritualidad y su capacidad de vivir un sentimiento de conexión. Lo que se opone a la religión o a la espiritualidad no es la irreligión o el ateismo sino la incapacidad de ligarse y religarse a todas las cosas. Hoy las personas están desconectadas de la Tierra, del ánima (de la dimensión del sentimiento profundo), y por eso sin espiritualidad.
Para C. G. Jung el gran problema actual es de naturaleza psicológica. No de la psicología entendida como disciplina o apenas como una dimensión de la psiqué, sino de la psicología en el sentido incluyente que él le da como la totalidad de la vida y del universo cuando son percibidos y referidos al ser humano, ya sea por el consciente o por el inconsciente personal y colectivo. Y en este sentido escribió:
«Es mi convicción más profunda que, a partir de ahora hasta un futuro indeterminado, el verdadero problema es de orden psicológico. El alma es el padre y la madre de todas las dificultades no resueltas que lanzamos al cielo».
La Tierra está enferma porque nosotros estamos enfermos. En la medida en que nos transformamos, transformaremos también la Tierra. Jung buscó esta transformación hasta su muerte. Ella es uno de los pocos caminos que puede sacarnos de la crisis actual y que inaugura un nuevo ensayo civilizatorio, así como lo imaginaba Jung, más integrado con el todo, más individualizado y más espiritual.
C. G.Jung se muestra un maestro y un guía que nos traza un mapa capaz de orientarnos en estos momentos dramáticos que vive la humanidad. Como creía profundamente en el Trascendente y en el mundo espiritual, será seguramente el capital espiritual, colocado ahora en el centro de nuestras búsquedas, el que nos permita vivir con sentido la fase nueva de la Tierra, la fase planetaria y espiritual.

jueves, 17 de mayo de 2018

El capitalismo como religión

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Walter Benjamin.


Que el socialismo era algo parecido a una religión fue observado con frecuencia (entre otros por Schmitt: “El socialismo pretende dar vida a una nueva religión que para los hombres de los siglos XIX y XX tuvo el mismo significado que el cristianismo para los hombres de hace dos mil años.”) Según Benjamin, el capitalismo no es sólo, como afirma Weber, una secularización de la fe protestante, sino que él mismo es esencialmente un fenómeno religioso, que se desarrolla como parásito a partir del cristianismo. Como tal, como religión de la modernidad, se define por tres características:
1.- Es una religión de culto, tal vez la más extrema y absoluta que ha existido jamás. Todo en ella tiene significado sólo con referencia al cumplimiento de un culto, no con un dogma o una idea;
2.- Es un culto permanente, es “la celebración de un culto sans trève et sans merci ”. No es posible aquí distinguir entre días festivos y días laborables, sólo hay un único e ininterrumpido día de fiesta-trabajo en el que el trabajo coincide con la celebración del culto;
3.- El culto capitalista no remite a la redención o la expiación de la culpa, sino a la culpa misma: “El capitalismo es quizás el único caso de un culto no expiatorio sino culpabilizador… Una monstruosa conciencia culpable que no conoce la redención se convierte en culto, no para expiar en éste su culpa sino para hacerla universal ... y para atrapar al final a Dios mismo en la culpa ... Dios no ha muerto, sino que se ha incorporado al destino del hombre.”
Precisamente porque tiende con todas sus fuerzas no a la redención sino a la culpa, no a la esperanza sino a la desesperación, el capitalismo como religión no tiende a la transformación del mundo sino a su destrucción. Y su dominio es en nuestro tiempo tan completo que los tres grandes profetas de la modernidad (Nietzsche, Marx y Freud) conspiran, según Benjamin, con él, son solidarios, de alguna manera, con la religión de la desesperanza. “Este paso del planeta hombre por la casa de la desesperación, en la soledad absoluta de su recorrido es el ethos que define Nietzsche. Este hombre es el superhombre , es decir el primer hombre que comienza a darse cuenta conscientemente de la religión capitalista.” Pero también la teoría freudiana pertenece al sacerdocio del culto capitalista: “Lo reprimido, la representación pecaminosa ... es el capital, sobre el cual el infierno del inconsciente paga intereses.” Y, en Marx, el capitalismo “con los intereses simples y compuestos, que son función de la culpa ... se transforma inmediatamente en socialismo”.

viernes, 11 de mayo de 2018

País de paz, país de guerra

"El lunes 7 de mayo asumió la presidencia por un cuarto mandato Wladimir Putin en la Federación Rusa. El martes 8 de mayo asumió en Costa Rica la presidencia Carlos Alvarado por primera este mandato, que es sin reelección. Son increíbles los contrastes. La ceremonia de Putin, fue pomposa, llena de opulencia, de gestos de muestras de poderío militar dentro y fuera de los edificios del Kremlin en Moscú. A cinco cuadras del perímetro de este edificio estaba todo acordonado y policías vigilando y controlando la entrada de los invitados, y militares desde los edificios apuntando y helicópteros surcando el cielo. Luego desfiles militares con costosos uniformes, 30 cañonazos en honor al jefe de todas las fuerzas armadas, y para moverse dentro de este lugar una limusina blindada capaz de soportar una bomba. Hubo más de 1200 personas detenidas que protestaron y gritaban: "No es nuestro Zar". Por su parte la ceremonia en San José se realizó en una Plaza Pública que lleva por nombre "de la Democracia y la Abolición del Ejército", donde podía asistir cualquier ciudadano sin restricción y estaba llena de estudiantes con banderas de su país y camisetas blancas. El presidente llegó con sus ministros provenientes de todo el arcó político del país en un autobús impulsado por hidrógeno y escoltados por cientos de ciclistas. Entre ellos la presidenta del Congreso llegó al lugar del acto oficial en bicicleta. Ahí también se encontraba la primera mujer vicepresidenta de origen afrodescendiente. ¡Qué diferencia!, ¡Qué contraste! Larga vida a la democracia, la libertad y la paz de Costa Rica. Un país donde las madres saben que sus hijos jamás empuñaran un arma, donde nos existen hace muchas décadas las Fuerzas Armadas. Un país donde el medio ambiente se cuida y se disfruta. Un país abierto a la diversidad y la inclusión donde se respetan los derechos humanos. Gran lección de este pequeño gran país no solo para América Latina sino para al mundo." (Víctor Rey)

jueves, 3 de mayo de 2018

A 50 años del mayo francés, la imaginación sigue luchando para llegar al poder

Por Víctor Rey, Chile y Ecuador


Este acontecimiento histórico controversial de alguna manera no quiere morir.  Siempre que hay un aniversario se organizan mesas redondas, películas, foros, muestras fotográficas, etc.  Lo curios es que gente que no estuvo de acuerdo con este movimiento en esos años hoy lo reivindica como un hecho histórico y cultural del cual se pueden sacar muchas lecciones.   En Chile a raíz del movimiento estudiantil que sigue adelante, muchas veces se hizo esta comparación.

Hace poco participé en una muestra de cine francés en la Alianza Francesa y conversé con una argentina que vivió estos hechos en su época de estudiante en París.  Fue interesante el diálogo y su visión de ese evento que ahora comparto.

Me dijo lo siguiente: “Esos días rabiosos, de furia, de protestas y barricadas, de sueños que quedaron en el desván de la historia. Año de efervescencia revolucionaria, en el ’68 por primera vez los jóvenes asumían, en diversas ciudades del mundo, el papel de sujetos de cambio social que cuestionaban formas cristalizadas del autoritarismo en todos los ámbitos: el familiar, social y político. La ola de desconfianza estaba dirigida contra el capitalismo, la sociedad de consumo, la democracia burguesa y, claro, también contra Estados Unidos y la guerra de Vietnam. Casi todas las manifestaciones comenzaron en las universidades. La chispa se encendió en París, en Nanterre, el 20 de marzo, cuando los estudiantes se movilizaron contra la prohibición de que los hombres entraran en los dormitorios de las mujeres. El movimiento creció y se expandió poco a poco, el efecto contagio llegó a la Sorbona y a las calles del Barrio Latino, que pronto se transformó en un campo de batalla entre manifestantes y policías. Los trabajadores se aliaron y una huelga general sorpresa desembocó en la gran manifestación del 13 de mayo. Sintetizar esos sucesos, que lanzaron a más de diez millones de franceses a las calles, y que llevaron a De Gaulle a disolver la Asamblea Nacional y a anticipar las elecciones parlamentarias, no parece tan útil como preguntarse sobre la herencia que dejó este acontecimiento cuya significación y trascendencia sigue siendo imprecisas”.
Me aclaró: “Si estás hablando de alguien que tuvo 20 años, el problema es que confunde las impresiones de la edad con el evento, pero lo que se presta a mayor confusión es que para no hablar de Mayo del ’68, hablamos de Daniel Cohn Bendit (uno de los líderes universitarios)”.  “Heredamos los problemas para encauzar las protestas. Un ejemplo es que en las manifestaciones contra la guerra de Irak, hubo un millón de personas en Londres, un millón en Berlín, en Francfurt, Amsterdam, Madrid, Barcelona y París, y esas docenas de millones de personas volvieron a sus casas al día siguiente sin ninguna posibilidad de organización y de darle coherencia a lo que querían ver realizado: la paz”.

Prosiguió: “El problema es que nos interesamos en mayo del ’68 cada diez años. Y como nos interesamos en circunstancias conmemorativas, el enfoque siempre se centra en el corto plazo, pero para mí es imposible pensar los sentidos en el corto plazo. Lo que me parece más complejo es que mayo del ’68 no para de producir efectos y cada uno de esos efectos transforma los sentidos.” Entre esos efectos subraya, “en junio del ’68 tuvimos el sentimiento de que el principal efecto fue beneficiar al régimen de De Gaulle”. Un año después, en 1969, “sentíamos que mayo del ’68 terminó con el gaullismo”. En este racconto, la historiadora recuerda que con la modernización llevada a cabo por el presidente Valéry Giscard d’Estaing a través de una serie de leyes sociales, la mayoría de edad legal pasó de los 21 a los 18 años; también destaca la legalización del aborto, propuesta por Simone Veil. “Se puede sostener que mayo del ‘68 fue el principio de una serie de revoluciones culturales importantes. Pero en el décimo aniversario, Regis Debray dijo que fue una trampa de la historia porque creó las condiciones favorables para el liberalismo, y desde entonces es totalmente imposible dar una respuesta única a la cuestión de la herencia”, señala la amiga argentina.

El presidente francés Nicolas Sarkozy, durante su campaña presidencial, utilizó al Mayo Francés de chivo expiatorio cuando afirmó que ese acontecimiento fue el responsable de todos los males que atraviesan la sociedad francesa. “Mayo del ’68 nos impuso el relativismo moral e intelectual. Los herederos impusieron la idea de que todo vale, de que no hay ninguna diferencia entre el bien y el mal, entre lo verdadero y lo falso, entre lo bello y lo feo”, dijo Sarkozy. La amiga argentina advierte que en el mundo político francés, la derecha ha regresado con mucha fuerza. “Sarkozy recupera el valor de las ideas petainistas, con ganas de vengarse de las conquistas sociales ganadas”. También agrega que Sarkozy tiene una relación muy “posmoderna” con la historia. “Siempre saca los elementos de contexto para realizar golpes de efecto que funcionan peor que bien porque Francia es un país que guarda una relación muy especial con la historia. El ataque de Sarkozy produjo una respuesta sobre el campo intelectual, por ejemplo el libro de Alan Badiou, ¿Sarkozy es el nombre de qué?, pero no hubo respuestas de parte de los actores sociales que son los herederos de mayo del ’68”, subraya la amiga argentina.
Complejo y menudo asunto para los franceses mirarse en el espejo de esa revuelta sorprendente, aunque previsible como los fenómenos meteorológicos. Hubo una serie de cambios concretos, ‘una crisis de dominación de la autoridad cercana’ en las relaciones interpersonales. Vivimos en una sociedad que cambió, y mayo del ’68 está en el origen de esos cambios.  Ahora que hay muchas movilizaciones estudiantiles, hay que decir que ningún gobierno pudo cuestionar el ingreso libre e irrestricto en las universidades, y en este sentido mayo del ’68 marca un antes y un después. Hubo una sensación inexorable de derrota, de amargura, para muchos de los que militaron en esos movimientos estudiantiles en los que se mezclaban las raíces libertarias y varias vertientes del marxismo cuando De Gaulle ganó con el 60 por ciento las elecciones de junio. Para muchos analistas fue el declive del influjo marxista, sobre todo del Partido Comunista sobre la población francesa y especialmente entre los jóvenes, según sostiene el filósofo Edgar Morin.

Me cuenta que: “En sus memorias, Christian Fouchet, ministro de De Gaulle, escribió que en la noche del 30 de mayo había un ‘hombre triste’ y un ‘hombre feliz’. El hombre feliz era Pompidou y el hombre triste, De Gaulle, que sabía que era el fin de su estrella”.    Por último me dice que el filósofo Gilles Deleuze publicó un artículo en 1984 en Les Nouevelles Littéraires en el que afirmaba que lo que había fracasado en mayo del ’68 no era la revuelta sino la sociedad europea en su incapacidad para hacerse cargo de la “nueva subjetividad” que la revuelta expresaba. Quizá la mejor herencia de aquellos años, sea la pulsión antiautoritaria, pero lo cierto es que esa efervescencia revolucionaria de la primavera francesa dejó en el aire muchas preguntas incómodas y conflictivas.

Sobre el autor 
Víctor Rey es chileno, radicado en Ecuador. Coordinador de Relaciones Inter institucionales de la Fundación Nueva Vida en Quito. Egresado del Seminario Teológico Bautista de Santiago de Chile, posteriormente se recibió de Profesor de Filosofía en la Universidad de Concepción. En 1989 obtuvo la Licenciatura en Ciencias Sociales en la Universidad Alberto Hurtado (ILADES), Chile, y en 1993 el Master en Comunicación Social en la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica. 
 

lunes, 30 de abril de 2018

EN EL SÉPTIMO ANIVERSARIO DE SU MUERTE

Ernesto Sábato: Resistiendo antes del fin


Por Víctor Rey, Chile y Ecuador

“No hay otra manera de alcanzar la eternidad que ahondando en el instante, ni otra forma de llegar a la universalidad que a través de la propia circunstancia: el hoy y aquí”
- La Resistencia

Ernesto Sábato 1911 - 2011
¿Quién es Ernesto Sábato? Me preguntó un joven hace algún tiempo y la respuesta brotó instantánea: ¡El que escribió El túnel! Efectivamente Sábato es el escritor de la famosa novela El túnel. Una novela que casi todos hemos leído en nuestra época de secundarios. Un libro excepcional escrito con una intensidad tal que da la impresión de ser un cuento. Pero Sábato no sólo es el autor de la trilogía: El túnel, Sobre héroes y tumbas, o Abbadon el exterminador. Es el ensayista que leímos en nuestra
época de universitario, que revela su relación con la ciencia y la filosofía en Uno y El universo. El que plantea la lucha con la idea del progreso y la deshumanización del hombre en Hombres  y Engranajes y más tarde en Heterodoxia. Y es el que cuenta del oficio de escribir en El escritor y sus fantasmas. Y es también el pintor.

Pero el escritor Sábato también es un ejemplo de autoridad moral. Nació en Rojas, provincia de Buenos Aires, en 1911 y falleció el 30 de abril de 2011. Sábato no es sólo un hombre cuyas obras recorren el mundo en millones de ejemplares traducidos a 28 idiomas sino uno de los personajes más buscados cuando es necesaria una opinión "calificada" sobre algún asunto ético.

Sábato que presidió la Comisión Nacional Sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) durante el gobierno militar en la Argentina (1976-1983) y produjo el famoso informe Nunca más, puede poner en tela de juicio al presidente del país, a las iglesias, a las Fuerzas Armadas, la ciencia, las corporaciones empresariales, pero siempre encuentra el apoyo de la opinión pública.

Reflejo de su autoridad es su vida austera y el auditorio masivo que convoca cada vez que repite por televisión sus viejas ideas sobre el corazón del hombre y la ausencia del progreso.

A lo largo de su vida, Ernesto Sábato fue militante del marxismo y representó a la Federación Juvenil Argentina en un congreso del partido comunista, en Bruselas; estudió filosofía en la Universidad de La Plata y como físico estudió radiación nuclear en el Laboratorio Curie de París, y en la década de los años 40 abandonó la ciencia "por temor a su futura utilización".

En la actividad literaria se convirtió en una de las máximas figuras de la literatura hispanoamericana, en 1984 ganó el premio Cervantes, en 1989 el premio Jerusalén y en 1997 el premio Menéndez Pelayo.

Sábato dice que abandonó el marxismo porque dejó de creer "En cualquier idea que repugne a los problemas sobrenaturales", y decidió afiliarse a la causa del hombre real, de la justicia social y de la dignidad humana. Hoy se declara "un anarquista cristiano", y agrega: "Yo empecé a luchar por la justicia social a los 16 años en el colegio y nunca he dejado de hacerlo. Creo que es un deber. No me gusta que los chiquititos se mueran de hambre. Eso me ha llevado muchas veces a cuestionar incluso la existencia de Dios, a pesar de que me considero un espíritu religioso, aunque anárquico. Como también lo era Cristo. Cristo insultaba a los fariseos y andaba con los pobres, con prostitutas...Ese es el verdadero Cristo. Lo demás son cuentos". También hace un ejercicio de autodefinición: "¡Yo soy un anarquista! Un anarquista en el sentido mejor de la palabra. La gente cree que anarquista es el que pone bombas, pero anarquistas han sido los grandes espíritus como, por ejemplo León Tolstoi". (Entrevista en el diario El Tiempo, Bogotá, 22 de junio de 1997)

En su penúltimo libro: Antes del fin, Memorias, (Seix Barral, 1999, 214 páginas), se destaca el hombre triste, melancólico que piensa en Matilde, su esposa fallecida y solloza. Que se ve a sí mismo inclinado hacia la tierra encorvado, cansado. Es el hombre que tiene pequeños momentos de dicha cuando su gatita se recuesta en sus rodillas o cuando despierta con el trinar de los pájaros al amanecer.

De sus épocas de adolescente recuerda su vinculación con grupos anarquistas y comunistas. Recuerda manifestaciones de obreros y estudiantes cobijados por banderas rojinegras. Recuerda que la revolución Rusa tenía aún el resplandor romántico y que los compañeros comunistas terminaron por convencerle (aunque luego haya manifestado que no compartió los criterios de los "comunistas de salón" y que "el anarquismo fue más fuerte en su interior")...Recuerda que huyo de casa y que era, a los 19 años, una especie de delincuente que luchaba en la clandestinidad contra la dictadura del general Uriburu. Esa militancia le llevó a participar en diversos congresos comunistas dentro y fuera de Argentina.

Más tarde cuando terminó su doctorado en Ciencias Físico-matemáticas, el profesor Houssay, premio Nobel de Medicina, le concedió una beca que anualmente otorgaba la Asociación para el Progreso de las Ciencias, y se fue a trabajar al Laboratorio Curie, en París: "durante ese tiempo de antagonismos, por la mañana me sepultaba entre electrómetros y probetas y anochecía en los bares, con los delirantes surrealistas. En el Dome y en el Deux Magots, alcoholizados con aquellos heraldos del caos y la desmesura, pasábamos horas elaborando cadáveres exquisitos".

Un cuartucho en París, Matilde y su pequeño hijo, la ciencia y el trabajo con la propia Irene Curie..."Muchos, con perplejidad, me han preguntado cómo es posible que habiendo hecho el doctorado en ciencias físico-matemáticas, me haya ocupado luego de cosas tan dispares como las novelas con ficciones demenciales como el Informe sobre Ciegos, y finalmente, esos cuadros terribles que me surgen del inconsciente". Sábato no sabe contestar a esa pregunta. Trabajar en el Laboratorio Curie era una de las grandes metas a la que podía aspirar un físico. Y después de llegar a una meta, solo queda el vacío. Abandonó la ciencia a principios de la década de los cuarenta. El mundo de los teoremas quedó ahí, trunco, en plena crisis espiritual.

Entonces tomó otro camino: el del arte. Empezó a escribir en la revista Sur, en Teseo, a leer a Huxley, Faulkner, Michaux, a los clásicos, a Camus (con quién hizo amistad), Green, Thomas Mann. Brevemente habla de sus libros, de su oficio como escritor, de sus pinturas.

En la segunda parte del libro, Ernesto Sábato deja a un lado los recuerdos para escribir sus anotaciones: la reciente película que vio, el recorte de una noticia curiosa de un diario, las cifras de la pobreza en el mundo, la mujer sin patria, la preocupación de la guerra de Bosnia, el drama de los Sin Tierra en el Brasil, la crisis en todas partes, sus conversaciones con Cioran sobre estos temas trascendentales..."el mundo marchando hacia la desintegración, mientras la vida nos observa con los ojos abiertos, hambrientos de tanta humanidad".

La muerte de su hijo lo derrumbó. Sábato se define, al final del libro, como un tipo embriagado de dolor y entre ruinas. Un tipo que, en la soledad de su estudio escucha el quinteto de Schumann para cuerdas y piano en un atardecer de 1998. Tanta nostalgia le hace caminar un rato, hasta el Parque Lezama de Buenos Aires. Se sienta en un banco de la plaza. Se dice un náufrago. Se confiesa propenso al pesimismo y a la depresión. De repente, el abrazo de un niño lustrabotas es como un pacto de derrotados, pero que llama a la esperanza.

En su último libro: La resistencia (Seix Barral, 2000, 148 páginas) Sábato plantea que en este tiempo de globalización hay necesidad de establecer las bases de alguna resistencia que permita el equilibrio en el nuevo orden que se viene encima. De lo contrario el hombre sucumbirá ante cada avance, y seguramente moriremos en red, solitarios frente a una máquina que se esmera en reproducir la vida en la pantalla. Ernesto Sábato lo sabe muy bien y lo dice con la humildad y claridad que sólo los años otorgan a los hombres. En La resistencia, Sábato se esmera en hacer una radiografía sentida de los tiempos actuales, con nostalgia de cuando una conversación en un café valía más que un televisor encendido para acaparar la atención y evitar, en última instancia, que las miradas se crucen y se reconozcan lo que de seres humanos nos queda.

La resistencia es una carta escrita sin vanidad alguna. Y aunque suene a discurso en boca de un predicador barato no hay que olvidar toda la producción anterior de este escritor. Así que estamos hablando de alguien que conoce abismos humanos y sabe describirlos. Estamos hablando de quien se ha dado el lujo de entrar en depresiones profundas para salir airoso con toda la fuerza de la vida atrapada en la mirada. "El mundo nada puede contra un hombre que canta en la miseria", dice Sábato en La resistencia. Nada tiene que hacer el desarrollo salvaje frente a este caso de fe. Sábato se refiere a muchos frentes de la vida humana en los momentos actuales pero siempre su mensaje de dirige a no perder de vista lo esencial: "Quienes se quedan con los sueldos de los maestros, quienes roban a las mutuales o se ponen en el bolsillo el dinero de las licitaciones no pueden ser saludados. No debemos ser asesores de la corrupción. No se puede llevar a la televisión a sujetos que han contribuido a la miseria de sus semejantes y tratarlos como señores delante de los niños.

Del Internet, del tiempo libre, de relaciones humanas, de los afanes que mueven el mundo; temas que salen a la luz en La Resistencia con suavidad de quien habla desde el amor a sus semejantes y no desde la vanidad de un nombre de letras de molde. Sábato está lejos de envanecerse por mirar su nombre en las librerías o en los diarios nacionales. De hecho se despoja de todos sus atributos literarios para que su "carta", como él mismo se refiere a este libro, no empantane entre figuras retóricas o giros inteligentísimos. La resistencia está escrita para todo el mundo y en lenguaje sencillo y elemental. Para advertirnos como en los siglos XVIII y XIX la dignidad de la especie estuvo cifrada en los adelantos tecnológicos, pero en este siglo que ahora muere, la tecnología se encargo de quitarnos la inocencia. Pese a todo Sábato señala que: "no podemos hablar del hombre como si fuera un ángel, y no debemos hacerlo. Pero tampoco como si fuera una bestia, porque el hombre es capaz de las peores atrocidades, pero también capaz de los más grandes y puros heroísmos".

Para quienes no leyeron nunca a Sábato. Antes del fin y La resistencia es una forma de acercarse a un hombre y una obra quijotesca, a un espíritu combativo. Para aquellos que leímos El túnel con ansiedad, que seguimos en medio de dolorosas reflexiones los párrafos de los ensayos como Uno y El universo, Hombres y engranajes, Heterodoxia o El escritor y sus fantasmas, que nos sumergimos en el complejo y terrible mundo de Sobre héroes y tumbas, que quedamos asombrados con su novela profética Abaddon el exterminador, donde se vaticinaba el subyugamiento de las fuerzas del mal y el derrumbe de la civilización contemporánea. Que disfrutamos maravillados de su libro de conversaciones con Carlos Catania: Entre la letra y la sangre o el libro de Diálogos con Borges. Antes del fin y La resistencia son dos libros obligatorios y necesarios para el hombre y la mujer de hoy.


Sobre el autor 
Víctor Rey es chileno, radicado en Ecuador. Coordinador de Relaciones Inter institucionales de la Fundación Nueva Vida en Quito. Egresado del Seminario Teológico Bautista de Santiago de Chile, posteriormente se recibió de Profesor de Filosofía en la Universidad de Concepción. En 1989 obtuvo la Licenciatura en Ciencias Sociales en la Universidad Alberto Hurtado (ILADES), Chile, y en 1993 el Master en Comunicación Social en la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica.