sábado, 17 de agosto de 2019

50 años del festival que marcó la historia

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50 AÑOS DE WOODSTOCK: TRES DÍAS DE PAZ, AMOR Y MÚSICA

“Dedicado a Los Jaivas.  Músicos chilenos, precursores del rock, Que de alguna manera  reflejaron el espíritu de Woodstock en Chile y que ya cumplieron más de 50 años de vida musical”

Víctor Rey

Con mi hermano y otros amigos, fuimos al antiguo cine Normandie de la calle Alameda en la ciudad de Santiago, a ver la película Woodstock.  Fue una experiencia mística, ver a nuestros grupos musicales de los cuales conocíamos todas sus canciones.  Ya habían pasado dos años de ese famoso festival y entre los amigos comentábamos ese evento cuando escuchábamos sus canciones en los antiguos discos longs plays en vinilo.
Se cumplen 50 años des festival que cambió para siempre la historia del rock.  Realizado en Bethel, estado de Nueva York, entre el 15 y el 18 de agosto de 1969.  Woodstock reunió a muchos de los principales exponentes del rock anglosajón de su época y fue un acontecimiento artístico que marcó a fuego una generación.  Cuatro décadas después sus efectos se siguen sintiendo.
La era de los grandes eventos de rock al aire libre había comenzado dos años antes con el Festival Monterrey Pop, en California, pero el de Woodstock fue el que ha quedado en las retinas. Esto tiene que ver, sin duda, con la difusión mundial que adquirieron los discos y la película del festival, pero también con un año que condensó el espíritu de la época.
Para mi ver y escuchar a Carlos Santana fue lo mejor de ese festival.   Santana y su banda comenzaron a tocar el a las 17.15 horas del sábado 16 de agosto.  Empezaron con Waiting, luego Evil Ways, Tou Just dont care, sabor, Jingo, Persuasion, Fried Neckbones y terminaron con la interpretación mítica se Soul Sacrifice.
Concluía la década del '60 y la generación de los llamados chicos concebidos en la posguerra, estaba adquiriendo un protagonismo cada vez mayor en la vida social y política de los EE. UU.  Luchaba por los derechos civiles de las minorías y por tener voz y voto en cuestiones relacionadas con su educación, se oponía a la guerra de Vietnam y buscaba alternativas a la sociedad de sus mayores, a la que consideraba excesivamente conservadora y centrada en el materialismo.
La llamada Generación de Acuario pugnaba, también, por derribar tabúes ancestrales. Practicaba el amor libre y buscaba expandir la mente con drogas psicodélicas. Los más osados renegaron de la familia y las carreras tradicionales y buscaron un sistema de vida alternativo en comunidades rurales. El rock era el elemento aglutinante porque representaba, en letra y música, la esencia de sus anhelos. No fue sencillo organizar Woodstock. Los granjeros de la región veían con recelo la perspectiva de un aluvión de hippies descendiendo sobre sus propiedades y el sitio elegido para el festival debió cambiarse a último momento. Gracias a la constancia de los organizadores, Michael Lang, Artie Kornfeld, John Roberts y Joel Rosenman, y a la buena voluntad del granjero Max Yasgur que cedió sus campos de Bethel, Woodstock se puso en marcha a mediados de 1969. Lang y Kornfeld, los más avezados en cuestiones musicales, querían que el festival tuviese un repertorio artístico abarcativo, con espacio para el rock ultra popular de Creedence Clearwater Revival, la conciencia cósmica de Grateful Dead y el novedoso jazz-rock de Blood, Sweat & Tears, pero también para las ragas hindúes de Ravi Shankar y el folk místico de Incredible String Band. Muchos de los músicos que participaron, sobre todo los que figuraron en el filme de Michael Wadleigh, recibieron un fuerte espaldarazo para sus carreras. Fue el caso de Joe Cocker, quien actúo con The Grease Band. El ex plomero de Sheffield, Inglaterra, tenía un gran hit en Inglaterra con su emotivo cover de Con una ayudita de mis amigos, de los Beatles. Woodstock potenció también la trayectoria de otros dos artistas británicos. The Who atravesaba por uno de sus picos artísticos, con el estreno de su Opera rock Tommy, y tenía uno de los shows escénicos más excitantes del momento. Ten Years After, surgido de la segunda ola de blues británico, era hasta entonces un grupo de culto, pero su maratonesca versión de I'm Going Home los puso en la liga de las megabandas. También recibió un sólido impulso la banda de Carlos Santana, un virtuoso guitarrista mexicano radicado en San Francisco.  Woodstock tuvo su cuota de situaciones límites. Carreteras atestadas pronto aislaron el lugar -muchos músicos debieron arribar en helicóptero- y la situación climática bordeó los extremos: hubo momentos de sol abrasador y también furibundas tormentas que pusieron a prueba la resistencia de público, artistas y personal técnico. Las previsiones en cuanto a sanitarios y comida se vieron superadas: la concurrencia -que los cálculos previos estimaban en 150.000 personas- triplicó esa cantidad, forzando a los organizadores a dar entrada libre para evitar avalanchas y estampidas, y a los grupos de voluntarios, vecinos e incluso la guardia civil a aportar alimentos y ropas secas.
Volviendo a la música, el rock más intenso y eléctrico tuvo su contraparte en artistas que tomaban al folk como punto de partida para sus propuestas. Tal el caso de The Band, Richie Havens, Melanie, John Sebastian, Arlo Guthrie y Joan Baez. Esta última recordó el compromiso de los presentes con las luchas sociales con Joe Hill. La corriente más militante de la contracultura continuó con las actuaciones de Jefferson Airplane y de Country Joe McDonald (líder de Country Joe & the Fish), quien brindó en I Feel Like I'm Fixin' to Die Rag una aguda arenga antibélica cantada a coro por más de 300.000 personas. Asimismo, Woodstock fue testigo del nacimiento de un supergrupo de la fusión folk-rock: Crosby, Stills & Nash crearon una atmósfera increíble con varios clásicos de su álbum debut y anticiparon su ampliación a cuarteto invitando a Neil Young. Woodstock también tuvo funk de la mano de Sly & the Family Stone, y blues, con Janis Joplin, Canned Heat, Johnny Winter y la Paul Butterfield Blues Band, pero si hubiera que señalar un símbolo del festival, ese fue la actuación de Jimi Hendrix. En esos días, el guitarrista de Seattle venía de disolver a la Experience, el power trío que le había dado fama, y estaba por armar Band of Gypsys con otros dos músicos afroamericanos, para profundizar sus raíces de soul y de blues. Woodstock encontró a Hendrix en plan experimental liderando una banda numerosa a la que llamó Gypsy Sons & Rainbows. Tocaron al amanecer del cuarto día, cuando ya quedaban apenas unas 40.000 personas en el predio, pero los estoicos tuvieron su recompensa, porque fue un show dramático, que alcanzó su pico cuando Hendrix hizo su versión del himno de los Estados Unidos imitando con su guitarra el sonido de las bombas cayendo sobre Vietnam.
Hoy, 44 años después, la polémica sigue abierta entre los que sostienen que Woodstock fue el despertar de una nueva conciencia y los que consideran, en cambio, que se trató del final de una era de idealismo e inocencia, tras la cual el rock se transformó en el negocio millonario. En cualquier caso, está claro que el festival de Woodstock marcó un antes y un después en la historia de la música popular del siglo veinte.

martes, 13 de agosto de 2019

En los 70 años de su visita a Chile

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CAMUS, EL ABSURDO Y EL EXISTENCIALISMO

Víctor Rey


A mediados de los 70 yo vivía y estudiaba filosofía en Concepción, ciudad al sur de Chile y trataba de ponerme al día con los clásicos de la literatura.  Había leído a los latinoamericanos, Vargas Llosa, García Márquez, Sábato, Donoso, Cortázar y gracias a ellos descubrí a Jean Paul Sartre,  Kafka, Herman Hesse y Albert Camus.  Esas lecturas hicieron que viviera esos veinte años convertido en un fervoroso existencialista que venía saliendo del marxismo.  Pensaba que la vida era un absurdo y que la verdadera filosofía consistía en saber  que cinco minutos después de estar muerto no quedaría nada de mí.  Veía lo absurdo y el existencialismo por todas partes, en el cine, las canciones, las conversaciones, la pintura, etc.
He quedado sorprendido que estos libros que yo leí en mi época de universitario, mis hijos los leyeron en francés en su tiempo de estudiantes secundarios en la Alianza Francesa.  Creo que no tenían la angustia existencial que yo tenía ni tampoco lucharon con las contradicciones existenciales que me devoraban.
Me movía entre Sartre y Camus y de alguna manera quería optar por uno de ellos.  Sartre estaba prohibido en la universidad y de Camus se decía muy poco.  Con algunos compañeros intercambiamos información y uno que otro libro. Recuerdo que La Náusea de Sartre me pareció una buena novela, con esas escenas  en las que Ronquentín descubre  la alienación de su propio cuerpo; sin embargo los ensayos de Sartre me parecían pantanosos y no podía terminarlos.  Pero con Camus me parecía todo lo contrario.  No entendí en mi primera lectura El Extranjero, pero Mersault me conmovía y me sentía interpretado, y en Los Carnets había momentos de belleza aterradora.  Los mismo que La Peste, que casi terminé enfermo después de la última página.
Después leí  El Hombre Rebelde y El Mito de Sísifo, que se convirtieron en mis libros de cabecera.  Con ellos descubrí que había diferencias entre el existencialismo de Sartre y de Camus.  El de Sartre no ofrecía salidas; el de Camus era una suerte de “buen nihilismo”, es decir que el absurdo no debería llevar al suicidio, sino más bien a la rebeldía.  Había que vivir la contradicción de una vida destinada a la muerte, asumirse como un Sísifo feliz de llevar a la cima una y otra vez esa roca que inevitablemente volvería a rodar hacia abajo.
Camus había nacido en Argelia, el 7 de noviembre de 1913, en el seno de una familia pobre – el padre muerto cuando él tenía apenas un año, la madre muda-, y nunca hizo de esa marginalidad una bandera.  La pasión por el fútbol lo marca en su niñez, donde fue arquero del Club Racing, de donde dice que sus primeras lecciones de ética vienen de esos partidos de fútbol.   Pensó de verdad, que Argelia  podía tener un lugar dentro de Francia.
Camus encarnó un modelo de intelectual que ya casi no existe: el del hombre comprometido con las grandes cusas políticas y sociales de su tiempo.  Luchó contra el nazismo uniéndose a la resistencia y creando el periódico clandestino Combat.  Fue uno de los primeros en denunciar las atrocidades del estalinismo, allá en los principios de los 50, cuando muchos intelectuales de izquierda minimizaban las purgas y el gulag; ante aquellos que decían que la violencia  era necesaria para lograr la sociedad comunista sobre la tierra, Camus señaló que ninguna ideología podía justificar la muerte de un solo hombre.  Durante la Guerra Fría, esas palabras podían sonar ingenuas y románticas, pero el tiempo ha demostrado que había lucidez en ellas, honestidad moral de alguien que supo ver antes que otros que hay valores humanos más importantes que el triunfo de una ideología bajo la premisa maquiavélica de que el fin justifica los medios.
El anarquista Andre Proudhommeaux lo presentó en 1948 por primera vez en el movimiento libertario, en una reunión del Círculo de Estudiantes Anarquistas.  Camus escribió a partir de entonces para publicaciones anarquistas, siendo articulista de Libertaire, Le Revolutian Proletairenne y Solidaridad Obrera. Camus junto a los anarquistas, expresó su apoyo a la revuelta de 1953 en Alemania Oriental.  Estuvo apoyando a los anarquistas en 1956 primero a favor del levantamiento de los trabajadores en Poznan, Polonia y luego en la Revolución Húngara.
Camus murió el 4 de enero de 1960 en un accidente de automóvil.  Sus restos fueron enterrados en Lourmarin, pueblo del sur de Francia.
Hoy el contexto es otro. Pero el ejemplo de Camus sigue vigente y más vivo que nunca.  Hay que volver a Camus no con el deseo nostálgico de que los intelectuales recuperen un lugar privilegiado en la esfera pública, sino con el deseo de aprender de un escritor para quien no había divorcio entre las palabras y las cosas. Camus fue un intelectual comprometido con la Humanidad, es decir fue un gran humanista.

lunes, 5 de agosto de 2019

A cien años de su fundación

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CIEN AÑOS DE LA UNIVERSIDAD DE CONCEPCION: POR EL DESARROLLO LIBRE DEL ESPIRITU

Víctor Rey

En los primeros días del mes de marzo del año 1973 me bajé del tren en el cual viajé toda la noche desde Santiago para comenzar a estudiar filosofía en la Universidad de Concepción.  Recuerdo que con otros estudiantes caminamos por la calles de esta ciudad admirando la belleza de esta urbe teniendo como objetivo arribar a la Ciudad Universitaria donde se encontraban las diversas facultades de este plantel.  A muchos de los que veníamos a comenzar estudios universitarios en esos años de convulsiones sociales y políticas nos animaba en esos procesos que lamentablemente desembocaron en el Golpe de Estado contra el gobierno del Presidente Salvador Allende liderado por el General Augusto Pinochet. En los años sesenta en ese centro de estudios había nacido el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) entre los estudiantes y luego se difundió por todo el país. Por supuesto nosotros veníamos con el interés de involucrarnos en ese movimiento romántico.  Lamentablemente esa mañana del 11 de septiembre de 1973, uno de los primeros lugares que los militares ocuparon, apresaron, torturaron y luego mataron fue a los estudiantes y profesores de la Universidad de Concepción, símbolo de libertad, justicia y pensamiento libre.

Este 14 de mayo del 2019 la Universidad de Concepción cumplió cien años.  Nacida en el corazón de la ciudad se inserta en el curso de la tradición que remonta al origen mismo de la Universidad como institución, y se ha revelado siempre como un centro incomparable de creatividad y de irradiación del saber para el bien de la humanidad. En 1919 se transformó en la tercera universidad de Chile y la primera de provincia, cuya meta era ser la primera universidad laica del país, libre de discriminaciones por credos religiosos e ideologías políticas.  Este fue el espíritu de los fundadores entre ellos su primer rector el educador y abogado  Enrique Molina Garmendia.  La Universidad tuvo un rol importante en el movimiento de reforma de las universidades chilenas que aconteció a fines de la década del 60 del sigloXX.  Fue la primera universidad chilena que aprobó la Reforma Universitaria en aquel período (1968), entregando una mayor participación a los estudiantes en la gestación universitaria.  La universidad cuenta con 60.000 alumnos titulados.  Imparte clases a 25.700 alumnos.  Es una de las cuatro universidades chilenas que figuran en el Academic Ranking of World Universities, en el lugar tercero.  Su campus de Concepción fue declarado Patrimonio Nacional en 2016.

Hoy que asistimos a una crisis de las instituciones entre las cuales están las universidades en particular y la educación en general, rescatar la identidad y la misión de la universidad es clave. La Universidad debe estar casa vez más atenta a la culturas del mundo de hoy, así como a las diversas tradiciones culturales existentes dentro del país, con el fin de promover un constante y provechoso diálogo entre el pensamiento y la sociedad actual.  Entre los criterios que determinan el valor de una cultura, están en primer lugar, el significado de la persona humana, su libertad, su dignidad, su sentido de la responsabilidad y su apertura a la trascendencia .

Las universidades deben esforzarse en discernir y evaluar bien tanto las aspiraciones  como las contradicciones de la cultura moderna y post moderna, para hacerla más apta para el desarrollo integral de las personas y de los pueblos.  Se requieren profundizar, con estudios apropiados, el impacto de la tecnología moderna y especialmente de los medios de comunicación social sobre las personas, las familias, las instituciones y el conjunto de la cultura moderna.  Se debe defender la identidad de las culturas tradicionales, ayudándolas a incorporar los valores modernos sin sacrificar el propio patrimonio, que es una riqueza para toda la familia humana.  Las universidades, situadas en ambientes culturales  tradicionales, tratarán cuidadosamente de armonizar las culturas locales con la contribución positiva de las culturas modernas.

En este centenario de mi Alma Mater, me encuentro en Chile en la ciudad de Concepción.  Han venido a mi mente recuerdos de mis tiempos de universitario donde quería cambiar el mundo.  La realidad mundial y particular de Chile nos han mostrado otra realidad diferente.  En realidad el mundo cambió quizás no como lo habíamos imaginado.  A nostros nos corresponde interpretar esta nueva realidad.  Doy gracias a la Universidad de Concepción que me ayudó y me enseño a pensar, analizar, reflexionar y comprometerme con las causas de la libertad, la justicia, la democracia, los derechos humanos  y la paz estén donde estén y sin importar el signo ideológico o religioso de donde venga.  El lema de la universidad lo he encarnado desde ese tiempo: "Por el desarrollo libre del espíritu, universitarios arriba de pie."




sábado, 3 de agosto de 2019

En su cumpleaños 70

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PEPO Y CONDORITO: ¿EXIJO UNA EXPLICACIÓN?

 Víctor Rey

 Hace algunos años el diario La Tercera de la Hora de Chile, realizó una encuesta entre sus lectores y les pidió que votaran a través de cartas, internet y llamadas telefónicas, contestando la siguiente pregunta:  ¿Quién es el personaje chileno más conocido internacionalmente?.  El resultado fue sorprendente.  Los lectores votaron en este orden: primero, Augusto Pinochet; segundo, Pablo Neruda; tercero Salvador Allende; cuarto, Iván Zamorano; quinto, Don Francisco; sexto, Marcelo Ríos; séptimo,  Condorito; octavo, Cecilia Bolocco; noveno, Isabel Allende y décimo, Gabriela Mistral.  La popularidad de este personaje de ficción se debe a un dibujante que nació en la ciudad de Concepción, en el sur de Chile, en 1911 al cual se le conoce por su sobrenombre de Pepo, pero cuyo nombre real es René Ríos Boettinguer.

Dicen que cuando nació Pepo, en vez de una marraqueta, (nombre de un tipo de pan en Chile) traía un lápiz bajo el brazo.

Desde pequeño fantaseaba en clases y se entretenía con mano diestra dibujando a sus profesores.  Su talento era innegable y a los 10 años realizó su primera exposición de caricaturas sobre destacados personajes penquistas, (este es el gentilicio de los habitantes de Concepción).

Al terminar el colegio decidió ser médico como su padre, sin embargo, la vocación artística pudo más y después de cuatro semestres se retiró de la carrera.  A los 20 años dejó su terruño y viajó a Santiago en busca de mejores oportunidades.  Se inscribió en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile y comenzó a probar suerte en diversas publicaciones.

Su trazo firme y su humor desenfadado fueron un éxito.  Gracias a ellos sus personajes y su picardía fueron plasmada en diversas revistas de la época.

En Eckrán, (revista dedicada al cine y teatro) dibujo a grandes artistas como Greta Garbo y dio rienda suelta a su humor político en Topaze, (revista de humor político).  Además, incursionó en el humor deportivo en la revista La Pichanga e incluso creo personajes picarones como, Viborita, Tarugo y Don Rodrigo, para revistas como El Pingüino y Can-Cán.

Pero su personaje más querido sería absorbente y a los pocos años lo reclamo a tiempo completo.

Condorito vio la vida allá por el año 1949, en la revista Okey, (una publicación semanal de historietas, donde los niños de la época se familiarizaban con Flash Gordon, Tarzán, Jim de la Selva, Sandokán, El Llanero Solitario y otros héroes ya olvidados,) como una reacción visceral contra Walt Disney.  En ese año, el creador norteamericano realizó una película llamada “Saludos Amigos” donde diversos personajes representaban a los pueblos latinoamericanos.  Chile era simbolizado por un pequeño avión llamado Pedrito (por el entonces presidente de Chile, Pedro Aguirre Cerda) incapaz de sobrevolar la cordillera de Los Andes. Dicen que tamaño atrevimiento removió las entrañas de Pepo, quien saco de su alma de chileno un personaje, que representara mejor al chileno e inspirado en el escudo nacional de Chile, enmarcado por un cóndor y un huemul (ciervo), creo un personaje mezcla de hombre y de cóndor; pícaro y con sentido del humor, que vestía grandes ojotas (chalas de los campesinos en Chilenos), pantalón remendado eternamente de color negro y la camiseta roja, igual que la selección nacional de fútbol y lo puso a vivir en el pueblito de Pelotillehue, una imaginaria localidad rural, ubicado en el sur de Chile.  Y es que Condorito en sus orígenes fue el reflejo de una sociedad en transición de lo rural a lo urbano, con contingentes de desempleados buscavidas, perseguidos alternadamente por la fortuna o la desgracia.

Los amigos de Condorito fueron naciendo de las experiencias de su creador.  Pepo contaba sus orígenes:  “Comegato era un pescador de Caldera, (puerto de norte de Chile) que se alimentaba de esos animales; Huevoduro, un funcionario de la embajada de Canadá blanco como la leche; Yuyito es una sobrina muy querida; Don Chuma, mi compadre, y Yayita, era el sobrenombre de mi cuñada”.  La imaginación también aportó lo suyo con doña Tremebunda, Coné, Don Cuasimodo, Garganta de Lata, Che Copete, Pepe Cortisona, Fonola y su fiel perro Washington.

Aunque en sus primero años Condorito fue sólo una tira cómica, ya en 1955 se editaba un libro anual con todas sus aventuras.  Diez años después los libros eran dos y desde la década del ochenta, se publican revistas quincenales y varios especiales al año.

En esa época Pepo decidió colgar la pluma y entregó la responsabilidad de sus personajes a un grupo de dibujantes.  Aunque retirado siguió siempre de cerca los “condoros” (palabra popular en Chile, para designar a alguien que ha cometido una gran equivocación), de su creación y junto a su hijo René, muchas veces daba el visto bueno a las portadas.

En 1999 el plumífero personaje celebró sus 50 años de vida y luego de 40 mil chistes se ha convertido en todo un éxito internacional y es el primer chileno exitoso en los circuitos transnacionales del cómic.  Los cincuenta años de este personaje fueron celebrados en grande en Chile y América latina, con exposiciones itinerantes, una edición especial con la recopilación  de los mejores chistes clásicos, un disco compacto de la Condoribanda, creada por un productor chileno, dos estatuas ubicadas en dos ciudades de Chile, un sello de correos y la renovación de su página web.

Su revista vende cerca de 70 mil ejemplares al mes y tres dibujantes y dos guionistas crean las historias para Editorial Televisa, que las distribuye al resto de América llegando a unos 80 millones de lectores en Argentina, Bolivia, Colombia, Ecuador, Paraguay, Uruguay, México, Centroamérica, Estados Unidos y España.

Es tanta la fama de este personaje concebido como símbolo chileno y que hoy es prototipo iberomeamericano, que Bill Gates, el magnate de Microsoft, quería su figura para representar la versión en español del Windows 98, pero no logró un acuerdo financiero con la empresa dueña de la licencia de Condorito.

Su internacionalización obligó a adaptar modismos y lugares comunes y también a cambiar algunos de sus personajes, Don Jacoibo fue abandonado para no ofender a nadie y Cortadito tampoco aparece hace ya varios años.

Durante sus últimos años Pepo prácticamente no dio entrevistas y prefirió  que Condorito cargara con los deberes de la fama.  Su delicado estado de salud lo tenía recluido en su casa.  En julio de año 2000, falleció a los 88 años, en la ciudad de Santiago de Chile.

Dicen que entre todas sus historias, el bautizo del sobrino de Condorito, era su favorita: El cura le pregunta a Condorito, ¿qué nombre le va a poner al niño?
Condorito responde: Ugenio, padrecito.
El curita responde: No, con E, será, pues Condorito.
Condorito: Bueno, póngale Coné, como usted dice pairecito.
¡Plop¡

viernes, 26 de julio de 2019

Los 81 años e Supweman

SUPERMAN, EL HEROE DE TODOS LOS HEROES.
Víctor Rey

Superman fue uno de mis primeros héroes en esos tiempos en los cuales todavía la televisión no era parate de la vida cotidiana. Estaba atento todas las semanas cuando aparecía la revista en los kioskos de períodicos y revistas. Nos deleitabamos de sus portadas e imaginabamos las aventuras. Luego alguno de los amigos podía comprar la revista y la leiamos y la volviamos a leer imaginando que volabamos y luchabamos contra la injusticia defendiendo la paz y la justiacia. Sus aventuras eran el tema de conversación en los recreos. Luego vienieron otros héroes de papel como El Llanero Solitario, Tarzán, Batman, etc. Con su traje azul, capa roja y unos músculos sobrehumanos, Superman estrellaba un coche verde contra un acantilado en aquella primera edición de "Action Comics", de la que este año se cumplieron 79 años. Había nacido el primer superhéroe de la historia del cómic.

Diez centavos costaba en 1938 el cuadernillo de 64 páginas, un precio que entonces equivalía al de una barra de pan o cuatro litros de gasolina. En 2011, tras más de siete décadas de historia, un ejemplar de esta primera edición se subastó por más de dos millones de dólares.

En realidad, Superman no estaba destinado a ser un superhéroe, sino más bien un supervillano. Sus creadores, Jerry Siegel y Joe Shuster, se conocieron en la escuela en Ohio e idearon juntos el musculoso personaje enfundado en un ajustado traje azul.

Al parecer, la muerte del padre de Siegel durante un robo marcó el punto de inflexión, y Superman pasó a ser un superhéroe bueno con superpoderes: velocidad y fuerza extremas, invulnerabilidad, oído privilegiado, vista telescópica y microscópica y por supuesto, la capacidad de volar.

Siegel y Shuster diseñaron una completa biografía para su "hombre de acero". Nació con el nombre de Kal-El en Krypton, llegó a la Tierra lanzado por su padre -un científico- en un cohete espacial para protegerlo de la inminente destrucción del planeta. Superman aterrizó por casualidad en Kansas, donde fue adoptado por un matrimonio sin hijos que lo crió como Clark Kent.

Más tarde, Clark empezaría a trabajar como reportero en el diario local, mientras compagina su tarea con la de Superhéroe allá donde haya crímenes o injusticias.

Tras muchos rechazos, una editorial accedió a publicar la primera historia de Superman en la colección "Action Comics #1" con una edición de 200.000 ejemplares. Y muy pronto, aquel primer cuadernillo se convirtió en un éxito de ventas, tras el que vendrían cómics dedicados sólo a Superman, películas de Hollywood y series de televisión.

Superman se convirtió en un icono estadounidense mientras el mercado del cómic clásico se iba desmoronando. Shuster y Siegel murieron en los años 90, tras décadas de campañas en los tribunales por los derechos del superhéroe. El año pasado, sus sucesores convirtieron en bloguero al reportero Clark, en un intento de adaptarlo al espíritu de los tiempos y atraer lectores.

Aún hoy sigue sin conocerse a quién tenían en mente Siegel y Shuster cuando idearon a Superman. Según contó a "The New York Times", Larry Tye, autor de un libro sobre el padre de todos los superhéroes, héroes clásicos como Hércules y Sansón habrían tenido su influencia.

Además, también se conservan .algunos bocetos realizados por Shuster, encargado sobre todo del dibujo, de un hombre que encontró por la calle y cuyo rostro utilizó como modelo para el personaje. Al parecer, incluso él mismo se puso frente al espejo para crear a Clark Kent y Superman.
En estos días se han organizado diversas actividades para conmemorar este hecho de las historietas o comics. Exposiciones, películas, charlas, etc. Para los que tuvimos la exeriencia de vivir ese mundo de las revistas y cuadernillos será un festín volver a esos tiempos. Para los niños de hoy será descubrir ese mundo que ya se fue y que a sus padres los hizo vivir momentos inolvidables.

martes, 23 de julio de 2019

En el tercer año de su partida

El futurólogo Alvin Toffler

Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no puedan aprender, desaprender y reaprender.” (Alvin Toffler)

Víctor Rey

El lunes 27 de junio del 2016 a los 87 años falleció el escritor norteamericano Alvin Toffler. Inmediatamente vino a mi mente su libro “El Shock del Futuro”, que leímos y discutimos con algunos amigos en los patios de la Universidad de Concepción en los años 70, cuando estudiábamos filosofía. Para ese tiempo tan ideologizado nos parecían exageradas algunas de sus predicciones. Nos parecía que era más ciencia ficción que una posible realidad. En los años 90 cuando vivía en Ecuador volvieron a caer en mis manos su trilogía ahora incluía “La Tercera Ola” y “El Cambio del Poder”. Estos libros los encontré de ocasión en una librería de libros usados. A partir del nuevo milenio, me he dado cuenta que las predicciones de Toffler han tenido una capacidad de asertividad increíble. Sus textos me han ayudado mucho para entender el cambio cultural que estamos viviendo.

Alvin Toffler se hizo conocido a partir de la publicación en 1970 de su ensayo “El Shock" del Futuro” que se convertiría en un auténtico bestseller. A este libro le seguirá 10 años después --1980—“La Tercera Ola”, desarrollo y profundización de sus tesis centrales, y 20 años más tarde --1990—“El cambio del Poder”. Estos tres ensayos configuran en opinión de Toffler una «trilogía» que recoge lo central de su pensamiento. Después de su trilogía ha publicado --firmando esta vez con su esposa Heidi, quien ha sido siempre su estrecha colaboradora--: “Las guerras del futuro” --1993-- y “Creating a new civilization”, 1995.

La preocupación por los temas sociales y el cambio nació desde muy joven en Toffler. De origen judío, luego de concluidos sus estudios de universitarios de filosofía y letras se doctoró en sociología y quiso hacer --en compañía de su esposa Heidi-- una experiencia como obrero industrial durante cinco años. En aquella época se interesó en la política y asumió la ideología marxista.

Hablando de esos tiempos de su vida dice Toffler: «Finalmente, era un activista político. A finales de la década de los cuarenta, había viajado al Sur para luchar en pro de los derechos civiles. Había participado en manifestaciones y descubierto el marxismo, el cual contempla las fábricas como el centro exacto del universo. Por tanto, el ir a la industria" también constituía una posibilidad de ayudar a organizar a los obreros. Todo esto resultaba embriagador”.



Entre las revistas en las que escribió se debe mencionar la publicación Fortune, de la que se convertiría en columnista de temas laborales. En 1961 dejará esta revista y se convertirá en colaborador libre de diversas publicaciones y, con el tiempo, en conferencista itinerante.

En 1964 publicó el ensayo “Los consumidores de cultura”, que, en sus propias palabras, constituyó un análisis de la economía de las artes en Estados Unidos y un ataque al elitismo cultural.

“El shock del Futuro” produjo un cambio radical en la vida de Toffler. El libro alcanzó un éxito de ventas inesperado que convirtió a su autor en toda una personalidad. Incluso se hizo una película, animada por el conocido actor inglés Orson Wells, a partir del ensayo.

Para ese momento, según dice Toffler, habría dejado atrás, en lo fundamental, su adhesión al marxismo. En la actualidad se refiere a él como una expresión de la revolución industrial en total crisis y, como tal, anticuado, insuficiente e inadecuado para comprender el mundo de la alta tecnología, es decir el mundo del futuro. Sus criterios de juicio adquirirán curiosos matices y perspectivas propias. Su interés se centrará en el tema del futuro y el proceso de cambio por el que está pasando la humanidad.

El tema central de la reflexión de Alvin Toffler es el cambio. Los tres ensayos que conforman lo que ha llamado su trilogía abordan desde diversas perspectivas este proceso que el autor considera muy profundo.

«El Shock" del Futuro” --afirma Toffler-- contempla el proceso del cambio: la forma en que éste afecta a las personas y a las organizaciones. “La tercera ola” se centra en las orientaciones de ese cambio: adónde nos están llevando los cambios de hoy. “El cambio del poder” aborda el control de los cambios que han de sobrevenir: quién les dará forma, y cómo.

Su argumento central es que la humanidad se encuentra frente a un cambio social muy profundo. El ser humano tiene ante sí un futuro que se viene aceleradamente y para el cual ni sus instituciones, ni él mismo se encuentran suficientemente preparados.

En las páginas de El "shock" del futuro trata de explorar sistemáticamente los efectos de la aceleración del cambio que está afectando a la humanidad de finales del segundo milenio.

El problema principal sobre el que se detiene no es sólo el proceso de cambio en sí mismo, sino la aceleración de este cambio que lo hace desestructurante y de difícil asimilación para el ser humano.

Por eso se refiere a la llegada del futuro como un shock: «Este shock --afirma-- es la desorientación vertiginosa producida por la llegada prematura del futuro. Y puede ser la enfermedad más grave del mañana» . Ve este shock como una «nueva enfermedad psicológica, turbadora y virulenta» . Los efectos del shock son múltiples y aquejan de diversas maneras la vida del ser humano. Toffler cree descubrir tres efectos principales que afectan seriamente al hombre: la transitoriedad, la novedad, y la diversidad. Su ensayo “El shock del futuro” está articulado principalmente a partir de estos tres elementos.

En La tercera ola Toffler se fija en las direcciones y consecuencias del proceso de cambio. La tesis central del ensayo es que la humanidad se encuentra ante una suerte de transición crítica hacia una nueva forma de civilización que, no obstante ser de incierto desenlace final, ofrece un potencial lleno de esperanza.

Llama a esta crisis la tercera ola en función de que ha habido antes otras crisis --otras olas en su lenguaje-- que trajeron transformaciones profundas de la vida social.

La primera ola fue producida por el descubrimiento de la agricultura hace diez mil años y propició la revolución agrícola. La segunda ola se generó por la revolución industrial iniciada hace unos trescientos años.

Esta segunda ola habría entrado en una fase de crisis muy seria en el presente siglo, percibiéndose sus primeros síntomas, según Toffler, a mediados de la década de los cincuenta --cuando los obreros norteamericanos se vieron superados en número por los trabajadores del conocimiento y los servicios--.

La tercera ola estaría siendo generada por el fracaso del industrialismo y por la aparición de la revolución tecnológica --Toffler habla de un salto "cualitativo" en el conocimiento--. Las consecuencias de esta ola afectarán seriamente la vida de los seres humanos, en aspectos como lo económico, lo político, incluso la misma vida familiar. Se trata, según cree, de «la muerte del industrialismo y el nacimiento de una nueva civilización; civilización que es «al mismo tiempo, altamente tecnológica y antiindustrial».

Es un proceso que tiene características revolucionarias --por la profundidad y radicalidad de los cambios en la vida del ser humano-- y globalizantes --porque se difunde a nivel planetario--. En palabras de Toffler «lo que ahora está sucediendo es, ni más ni menos, una auténtica revolución global, un salto cuántico en la Historia».

En el libro “El cambio del Poder” aplica sus hipótesis sobre el proceso de cambio de la sociedad al control del poder y las tensiones que se generan alrededor del asunto.

En palabras suyas, este tercer ensayo de su trilogía «se centra en el papel --profundamente modificado-- del conocimiento en relación con el poder. Presenta una nueva teoría del poder social, y examina los cambios que se avecinan en los negocios, la economía, la política y los asuntos mundiales».

A partir de sus hipótesis respecto de la llegada de la tercera ola, Toffler considera que estaría naciendo un nuevo sistema de poder que sustituiría al del pasado industrial. Esto traería una lucha por el poder «que se entablará en todas y cada una de las instituciones humanas», empezando por el mundo empresarial, los Estados, el mercado, los medios de comunicación, incluso la familia y la Iglesia. El punto central para él es quién tendrá el «control del conocimiento», pieza esencial de la civilización del futuro.


viernes, 21 de junio de 2019

En los 114 años de su nacimiento


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MI FILÓSOFO PREFERIDO
Víctor Rey

Estando de visita en la ciudad de Mar del Plata en Argentina, caminaba por sus calles y  encontré el local de La Alianza Francesa.  Me recibieron muy bien y me invitaron a conocer la biblioteca de esta institución. Al contemplar la maravilla de textos que reposaban en los estantes, lo primero que vino a mi mente fue buscar los libros del filósofo Jean Paul Sartre en su lengua original.  Ojeando uno de ellos me percaté que ese mismo día estaba de aniversario de nacimiento.  Sartre había nacido un 21 de junio y si estuviese todavía entre nosotros tendría 113 años. Pasé algunas horas revisando su obra y recordando los primeros textos que leí en la escuela secundaria, donde nuestro profesor de filosofía nos introdujo a su pensamiento.  Luego en la universidad ya en plena dictadura era difícil encontrar algún texto de él, pero nos ingeniábamos para compartir sus libros en forma clandestina.  Un profesor se animó o tuvo la osadía de dictar un curso sobre su pensamiento y el curso se llenó de postulante, fue alta la demanda, el salón de clase se desbordó.  Queríamos respirar un poco de libertad y de existencialismo.
Luego pasé por una época existencialista donde sus libros junto a otros autores me acompañaron en esos tiempos de duda, conjeturas, y reflexiones acerca de la vida, el sentido y la muerte.  Recuerdo que deboraba sus libros en la biblioteca de la Universidad y también pasaba largas jornadas leyéndolo en los parques y plazas de Concepción.
Creo que si alguna persona encarna lo que es un filósofo, este fue Jean Paul Sartre.  Sus lentes, su pipa, su voz pausada lo hacían recordar a Sócrates en esas interminables charlas con jóvenes estudiantes.  No fue perfecto y por supuesto tiene detractores y defensores fanáticos.  Su vida no dejó a nadie indiferente ya sea leyéndolo o a quien lo conoció.
Jean-Paul Sartre tuvo una infancia solitaria. Nació en París en 1905 y quedó huérfano de padre a los seis meses. Fue un niño sin apenas amigos, bajo de estatura, bizco y torpe para el juego físico. Tal como relata en su autobiografía Las Palabras, publicada en 1963, se refugió en la escritura para escapar de un mundo que lo rechazaba.
En 1929 se graduó en la prestigiosa Escuela Normal Superior, donde había conocido a Simone de Beauvoir, su única pareja estable hasta la muerte. Tres años después consiguió una beca para ampliar sus estudios en Berlín, lo que le permitió familiarizarse con la fenomenología de Husserl y el existencialismo de Heidegger. Tras volver a Francia, publicó una serie de ensayos influidos por el pensamiento alemán que apenas tuvieron repercusión, pero la aparición en 1938 de su primera novela, La Náusea, convirtió a Sartre en un autor famoso y respetado.
Reclutado por el ejército francés en 1939, las tropas alemanas lo capturaron en 1940 y no consiguió volver a París hasta el año siguiente, cuando organizó junto a otros intelectuales una célula de la Resistencia. En 1943 publicó su obra filosófica medular, El Ser y la Nada, cuyas ideas principales quedarían recogidas en el panfleto El Existencialismo es un Humanismo, aparecido en 1946.
Después de la Segunda Guerra Mundial, Sartre abandonó su trabajo como profesor de instituto para dedicarse únicamente a escribir. De esta época es su ambicioso proyecto Los Caminos de la Libertad, una novela en cuatro volúmenes que dejó inconclusa cuando se convenció de que el teatro era un medio más adecuado para la difusión de sus ideas. En 1943 había publicado Las Moscas, considerada como su mejor obra dramática, y en los años siguientes aparecieron A Puerta Cerrada, La Puta Respetuosa, Las Manos Sucias y El Diablo y Dios.
Hasta 1956, cuando los tanques soviéticos ahogan la rebelión de Hungría, fue un ardiente defensor del comunismo sin llegar nunca a militar en ningún partido. Sus objeciones al marxismo quedarían plasmadas en Crítica de la Razón Dialéctica, publicada en 1960, en la que también reconoce el valor innegable de esta doctrina.
Tras rechazar el Premio Nobel en 1964, dedicó más y más tiempo a la militancia callejera, convirtiéndose en un icono de la llamada generación del Mayo 68.
A partir de los años setenta se agravaron su ceguera y sus problemas de salud, dejando al escritor prácticamente imposibilitado. Un tumor pulmonar acabó con su vida un 15 de abril de 1980. Más de 25.000 personas asistieron a su funeral.
Sartre fue el último filósofo.  O sea, un escritor que escribía sobre realidades tenebrosas y misteriosas, burlescas para llenar el vacío, un explorador de lo que a veces se llama “destino”, “dios”, “el diablo” y luego terminar siendo en París el comunista de siempre.
Creo que es conveniente volver a leer a Sartre hoy cuando se ve en el horizonte las amenazas de integrismos y fundamentalismos que vienen del neonazismo, neo stalinismo, islamismo, cristianismo, cientificismo, la tecnología y el neoliberalismo.  Nos puede ayudar mucho volver a las páginas de este filósofo para aprender a ser más tolerantes, respetuosos y humildes.