domingo, 17 de febrero de 2019

Para los amantes del cine

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EL CINE Y YO

“Si la gente ve como se hace, el cine pierde toda su magia” (Charles Chaplin)

Víctor Rey

Todavía recuerdo la primera película que vi, tenía cinco años, se llamaba “Marcelino Pan y Vino” y fue en el antiguo cine Alcázar que quedaba frente a la Plaza Brasil en el barrio que lleva el mismo nombre en Santiago de Chile.  Hoy ese antiguo edificio lo ocupa un restaurant de comida china.  Fue construido en los años 30 por Ezequiel Fontecilla y Pedro Prado, hijo del poeta del mismo nombre, como un ejemplo de arquitectura moderna dentro de un barrio tradicional.  Era una película en blanco y negro y los vecinos del barrio acudíamos según el horario de los días domingo.  Los niños a la matinée, luego los jóvenes a la función de la tarde y los adultos en la noche.  La magia de esperar que las luces se fuesen apagando lentamente y ver abrirse el telón y las primeras imágenes del noticiero UFA con las noticias del mundo y luego la sinopsis de los próximos estrenos era el aperitivo del plato de fondo que era la película esperada, que luego la comentaríamos toda la semana con los amigos del barrio y del colegio.  Creo que mi afición al cine también viene por el hecho de que vivíamos entre dos cines de barrio.  Uno ya no existe ya que se construyó un gran edificio y el otro como dije es ahora un restaurant.  Los otros cines de barrio han tenido otra suerte y la mayoría ahora albergan a diferentes iglesias, o mega iglesias evangélicas que representan sus cultos como un espectáculo.  ¿Qué paradojas de la vida?
Ir al cine en esos tiempos era un privilegio, ya que las entradas no eran baratas y había que juntar por varias semanas los pesos que permitirían entrar a esa sala de los sueños y de la magia.  Luego en la juventud hacia largas filas para ver casi todas las películas de Woody Allen en el cine de la Universidad de Concepción. Donde también teníamos que ahorrar para ver los últimos estrenos.  También ahí descubrimos la riqueza del cine latinoamericano que no  animó a conocer y amarlo más este continente  lleno de realismo mágico y a caminarlo por dentro, también acompañado de la rica literatura que produjo.
Un capítulo aparte es lo que tiene que ver con la música en el cine.  Las grandes bandas sonoras de las grandes películas es algo que disfruto y siempre me acompaño de este tipo de música cuando estoy leyendo o meditando. 
Siempre me gustó el cine y me sigue gustando, aún cuando ha cambiado la forma de ver una película.  Antes se hacían largas filas para entrar a un rotativo, ahora con las películas en DVD, el cine ha pasado a ser un arte en solitario, ha perdido lo comunitario que tuvo al principio.  Cuando estudié Comunicación Social en la Universidad Católica de Lovaina, uno de los cursos que más disfruté y aprendí fue el de Filmología.  Doy gracias por se tiempo donde aprendí a disfrutar y conocer el cine francés y autores como Francois Truffauts, Claude Lelouch y krzystf Kieslowski.
La primera proyección de una película en Chile ocurrió en 1897, y fue con el mismo proyector que utilizaron los hermanos Lumiere en Francia.  Se hizo en el Club de La Unión, sólo dos años después de la primera proyección en el mundo.
Una de las últimas películas que he visto y que ha resultado ser todo un homenaje al cine es “El Artista” (2011).  Michel Hazanavicius con esta película europea le ha devuelto el brillo a Hollywood.  Luego de ver este film me he animado a escribir este artículo.  Hacía tiempo que nos disfrutaba tanto de un film que fuera tan perfecto y tan profundo.  Una película en blanco y negro y muda. Por algo los críticos de cine la eligieron como la mejor película extranjera y le otorgaron el Oscar en 2012.
El cine nació como espectáculo y diversión en el que se aplicaban los descubrimientos de la época. El cine es, al mismo tiempo, un verdadero arte desde sus comienzos. El cine, también desde su inicio es documento de la vida de la época. Estas tres características, la documental, la artística y la festiva la ha conservado en el tiempo y en la ilusión de todos los que se implican en su mundo, los que lo fabrican y los espectadores.
En los primeros tiempos del cine, en los años treinta, el cine era cosa de feriantes. Las barracas de las ferias acogían al público que pretendía ver lo imprevisto, el más difícil todavía. Pasen y vean: al lado de la mujer barbuda y de otros espectáculos de la época se proyectaban en salas oscuras y misteriosas escenas de la vida cotidiana, de ejercicios circenses, de la gente de la calle, o algo más picantes, los primeros besos cinematográficos, el pintor y su modelo... Una ingenuidad que respondía por una parte a la necesidad de ver la realidad en un ambiente fantástico, desconocido hasta el momento por el gran público y por otra al afán de divertimento oculto, de capricho clandestino, que las sociedades poseen cuando quieren olvidar su realidad cotidiana.
Siglos antes, en algunos casos desde la antigüedad, ya los filósofos, científicos e inventores habían puesto en práctica sus descubrimientos al servicio de la imagen. La cámara oscura se conocía desde siempre, aunque en su variante de proyección de exteriores iluminados por el sol su desarrollo crece en el siglo XVI y las primeras imágenes fotográficas, aún sin fijar, se realizaron en 1803. Los espectáculos en la oscuridad con el maravilloso invento de la linterna mágica son utilizados para proyectar cuadros ya en el siglo XVI. Desde la antigüedad se conocía también la persistencia de la visión en la retina, clave para entender la imagen en movimiento.
El siglo XIX lleva los inventos al mundo del espectáculo, reuniendo los ingredientes anteriores, cámara oscura, fotografía, lentes, proyección y las ilusiones visuales en ruedas que dan vueltas para delicia de los salones de la aristocracia, y más tarde para un público ávido de sensaciones en las sesiones de magia y prestidigitación. Se utilizaron así artilugios que hoy conocemos y que, perfeccionados, seguimos utilizando como medios audiovisuales. Los ilusionistas utilizaron los inventos en salas oscuras y llenas de emoción en proyecciones sobre humo, utilizando espejos, engañando con sus trucos ópticos al crédulo público del momento.
Fue la herencia que el cine, es el único arte que nació de la tecnología, recibió en sus comienzos, cuando se asombraban los habitantes de París por primera vez, y más tarde los de todo el mundo sobre las maravillas que se podían ver, proyectadas sobre una sábana en una sala oscura.
Entrar en el mundo del cine abre a las personas un universo apasionante. La mayoría tiene un contacto con el cine, limitado a la asistencia esporádica a salas comerciales, a ver la película de actualidad en compañía de sus grupos de amistades. En muchos casos, preparados para consumir durante la función un soberano paquete de palomitas de maíz, prevaleciendo la cultura americana sobre la latinoamericana.
Esa es solamente la puerta de acceso al fascinante mundo del cine. Al comprar la entrada, ya se inicia en la persona un procedimiento, un proceso de implicación que no debe quedar en la simple visión de la película.
El mundo del cine es al mismo tiempo industria y arte, espectáculo y pensamiento. En este texto intentaremos adentrarnos en ese mundo apasionante desde un punto de vista muy particular. El del desafío que desde el mundo de la educación en todas sus variantes puede aportar a que quienes van al cine, pequeños, adolescentes o mayores... Para que todos se interesen por lo que hay detrás de la sala cinematográfica y de la pantalla, para que quienes no van al cine, acepten esta entrada, aun cuando fuera a través de la televisión. Para que esta invitación de introducirse en una sala oscura, sea el punto de partida, como el de ‘Alicia en el País de las Maravillas’, el ingreso en el fascinante mundo que se le abre.
Durante años, cerca de dos décadas, disminuyó la entrada de espectadores en las salas comerciales. Se habló de la caída en picado, de la muerte, del cine. Atribuido a muchas causas, entre ellas al auge de la televisión, lo cierto es que el cine se encontraba en baja forma. Se hundieron las grandes productoras, se dejaron de realizar superproducciones y los estudios se dedicaron casi exclusivamente al telefilme. Han transcurrido cerca de tres décadas para que los cines se vuelvan a llenar. Sin entrar en razones ni pretender explicar ninguna posibilidad, sí se habla de la vuelta al cine espectáculo, a la utilización de nuevas tecnologías aplicadas a los efectos especiales. No olvidemos tampoco los nuevos estilos de promoción y marketing ni el establecimiento de nuevas formas de construir las salas, los minicines y las grandes superficies dedicadas a proyección, los multicines, con multitud de ofertas en el mismo lugar. Las productoras invierten cantidades ingentes de dinero en campañas publicitarias y marketing, llevando al espectador hacia las salas comerciales. La sala cinematográfica está más cerca del consumidor. Es posible que nuevas formas de narrar historias, líneas argumentales más acordes con las sensaciones y sentimientos actuales, montajes de ritmo trepidante, la tecnología aplicada al sonido, tanto en su composición como en su emisión en las salas cinematográficas, efectos especiales de sonorización, hayan atraído otra vez al público, a una mayoría de personas jóvenes, a un cine diferente. Al mismo tiempo, la connivencia entre cine y televisión se hace cada día más palpable. Un ejemplo, la ‘Disney’ se negó durante años, o lo hizo con reticencia, a pasar sus películas a vídeo. Hoy las promociona y vende a los pocos meses del estreno, siendo una de sus mayores fuentes de ingreso.
Aunque muy dignos de respeto, algunos puristas no valoran, rechazan más bien, la nueva forma de hacer y presentar el cine. Sin embargo, es incuestionable pensar que el cine se basa en una gran industria, que necesita incentivos económicos, o lo que es lo mismo, que los cines se llenen. Muchos directores e intérpretes que en la actualidad son libres para producir, hacer o interpretar lo que desean, han sido durante muchos años colaboradores o autores de películas exclusivamente alimenticias y comerciales o se han dedicado a hacer spot publicitarios.
El desafío es volver al producto de calidad. Al lado de un cine comercial, promocional, lleno de efectismo, se mantienen otros tipos de cine, como el de autor, el independiente, el que trabaja con escasos medios, el que no depende de las grandes productoras, el que se fija normas estrictas para no utilizar nuevas tecnologías, etc. Surgen movimientos independientes, paralelos o contrarios a la industria oficial, los países más pobres siguen haciendo intentos de expresar mediante películas sus problemáticas, se continúa luchando contra el poder político y el de la censura y se encuentran productos de cine fresco, joven, que rezuma interés aunque no alcance en algunas ocasiones la técnica de moda ni se exhiba en salas comerciales.
El cine sigue vivo. Es osado predecir que ya no se harán películas de calidad. Los tiempos cambian pero aportan nuevos aires, nuevos medios, ideas frescas, problemas diferentes, que azuzan al elemento creativo que tiene el cine a buscar caminos diferentes. Los años decantarán los productos que merezcan pasar a la historia del cine. Si vuelve la alegría a los productores, se arriesgará el dinero con mejor fortuna, y habrá menos miedo a crear obrar de arte aunque el beneficio comercial sea menor. De momento, disfrutemos, critiquemos y aprendamos con lo que tenemos.
Recordemos un poco el pasado para apreciar que no siempre las modas estuvieron de acuerdo con lo que los entendidos proclamaban. “El tercer hombre” de Carol Reed, hoy película de culto, fue rechazada radicalmente por la crítica especializada de su tiempo obligando a su director a dedicarse a hacer cine comercial. Hace años, cuando nos dedicábamos al cine-club, estaban proscritas películas que hoy consideramos de culto, ya sea por ser musicales, o de aventuras, o infantiles, o sin contenido filosófico o social... Se podrían poner infinidad de ejemplos de cine mal considerado en su momento que ha pasado a la historia con mucha dignidad o como verdadera obra de arte. También los cineastas del cine mudo temblaron cuando llegó el sonoro, incluido Charles Chaplin. Cayeron muchos y se tambalearon todos pero el cine se rehizo, y ni el sonido ni el color han dejado de permitir joyas del cine. Las mismas ideologías dominantes han aceptado o rechazado filmes de categoría cinematográfica indiscutible por su determinado planteamiento filosófico o político.
No nos cerremos nunca a nada. No olvidemos que hay muchos, y cada vez habrá más y mejor, modos de ver películas.
Decíamos: una película hay que verla en el cine. En un lugar preparado para ello. Qué mejor que el ambiente, la sala oscura, la necesidad de salir de casa especialmente para la ocasión, dejar el computador, dejar la televisión... El hecho positivo de decidir ir al cine ya es importante en sí, la calidad de la imagen, la pantalla grande, el magnetismo de la pared blanca, el sentirse inmerso en los acontecimientos que se suceden en la película... La magia de la sala comercial, la oscuridad el adentrarse en los ambientes y los nuevos sonidos que te sumergen en el ambiente.
En casa en la televisión, aún en vídeo, sin cortes publicitarios, es difícil establecer la misma relación con el argumento, con la técnica que en el cine.
Sin embargo, la tecnología mejora a tal velocidad que nuestros esquemas sobre el cine pueden llegar a caer en gran medida.
Es difícil descubrir un solo tema o núcleo de contenidos que no esté tratado de alguna forma en el cine. Siempre es posible encontrar películas o documentales, que permitan su utilización como punto de partida en un debate, o como rasgo, dato o documento en una investigación o estudio.
Sin embargo, el cine como tal, es decir el cine cuyo soporte material se basa en el celuloide es cada vez más difícil de utilizar, dada la dificultad y coste económico que entraña la búsqueda de proyectores, operadores y películas. Al mismo tiempo cada vez se hace más fácil y eficaz la tecnología que nos permite ver el cine a través del vídeo o la televisión. Por esta razón en esta comunicación, siempre que se hable de cine, se entenderá que indistintamente podemos estar relacionándolo con su sucedáneo el vídeo, y en un futuro inmediato con cualquier otro soporte adecuado, como el DVD, que está sustituyendo al vídeo y que cuando los lectores de este libro lo tengan en sus manos casi habrá acabado con él.
En vídeo se ha publicado casi todo lo que en el cine hay de importante. Podemos analizar la infancia marginada con “El Pibe”, de Charles Chaplin, la educación con “El pequeño Salvaje” de Truffaut, los valores por los que se mueve determinado tipo de juventud por “Historias del Kronen”, de Armendariz, o la dureza de la familia, la educación y la superación personal en “Padre Padrone”, de los hermanos Taviani. La relación de pareja y de amor de “Un hombre y una mujer” de Claude Lelouch. La fe y la lucha por la justicia de “La Misión”.  Las dudas y perplejidades de “Ocho y medio”  de Fellini.  Podríamos citar cientos de films de todas las épocas, algunos que se están estrenando actualmente, en los que la historia que se cuenta y las imágenes que la sustentan se confunden en un maremagnum de estética, ideas, arte y contenidos.
Como me dijo un amigo: “Cada vez que voy al cine, salgo más inspirado y con más fuerza espiritual que cuando asisto a un culto en alguna iglesia”.

martes, 29 de enero de 2019

Entrevista al biólogo Humberto Maturana



Humberto Maturana: “Los seres humanos no somos monógamos”

Humberto Maturana: "Los seres humanos no somos monógamos"

Desde la percepción del científico chileno, la sexualidad es un aspecto esencial en la convivencia entre seres humanos, la cual se manifiesta en la expansión de la sensualidad y la ternura como pilares del bienestar.
Esta entrevista, perteneciente a la extinguida revista APSI del año 1991, estuvo enmarcada en un especial relacionado al erotismo y la sexualidad. Es en este contexto que el Premio Nacional de Ciencias tuvo palabras para analizar a los chilenos, quien desde la emoción, desprende el lenguaje de la biología del amor.
-¿Usted considera que la monogamia es el orden natural del ser humano?
-No. Los seres humanos somos moderadamente polígamos. La monogamia nos puede durar toda la vida o no. Una cosa no niega la otra. Pero si usted me pregunta cuáles son los pilares de una familia larga, permanentemente, yo pienso que es la ternura. Porque la sexualidad, es un modo de ternura. Cuando uno habla de sexualidad, escucha solamente el acto sexual. Y éste es solo un momento en esta relación sensual hombre-mujer. Donde están la caricia, la atención, el cuidado, el juego: todo lo que es encontrarse con el otro en su legitimidad.
En la convivencia, son el control y la exigencia los que generan la angustia: mi impresión es que mientras más se controla la monogamia, más se destruye. El problema es la exigencia y el control. Si la pareja vive en la ternura y la sensualidad, y por lo tanto en la armonía sexual, ni siquiera se tiene que preguntar por la fidelidad. La fidelidad surge como pregunta cuando se perdió la sensualidad y la ternura.
-Usted ha dicho que la felicidad está en la armonía del presente. ¿Cuál es la relación que usted ve entre sexualidad y felicidad?
-El problema con las exigencias es que siempre interfieren con lo que exigen. Se fundan en que no está lo que se exige: usted exige cooperación y no la tiene, porque para que haya cooperación tiene que darse un fundamento distinto, que es la aceptación y el respeto, y el deseo común. Empieza a exigir cuando estas condiciones fundamentales no existen…

La armonía sexual

-Parece ser que estamos mal educados para convivir.
-Yo creo que sí estamos mal educados, porque pertenecemos a una cultura que piensa o que actúa como si la armonía y el orden surgiesen de la exigencia y el control. La armonía no surge de la exigencia, sino de la coincidencia de propósitos, de la coincidencia de deseos; lo que yo llamo la ‘con-inspiración’ en el vivir.
Humberto Maturana acota que él se ha preocupado de estos temas desde un camino distinto de la psicología y la filosofía: desde la biología. “Mis preguntas han sido en general sobre las condiciones constititivas que le dan origen a las experiencias, más que lo que pasa con ellas”.
-¿Pero es una biología integrada a la ética?
-Yo nunca me interesé por la ética hasta que la biología me la mostró.
-¿Hay ética en la naturaleza?
-No, pero en el ser humano sí. Y surge del amor. La ética tiene que ver con la preocupación por el otro. Con tratar al otro como legítimo otro en la convivencia. Pero la preocupación ética nunca va más allá que el dominio social en que surge…
-En Chile en estos momentos, mientras más se “ve” la gente, se siente con mayor status. Y esto, asociado a una sexualidad lo más reprimida, posible, ¿no?
-Yo creo que todos los seres humanos necesitan vivir una vida que tenga sentido. Una vida en la cual su quehacer sea armónico y congruente con un espacio más amplio que su vida individual, y ese sentido históricamente se daba desde lo místico. Eso se ha ido perdiendo. Ahora la religión propone un espacio de integración social. Y usted se va a encontrar con que los que viven en conciencia social, los que sienten su quehacer como parte de la comunidad, están menos amarrados a lo religioso. La religión está -demasiado, para mí gusto- centrada en las exigencias y en las normas. Pero lo que la persona busca es esa integración. Quiere que su quehacer tenga sentido y a veces lo confunde con las normas, que es lo que usted señala cuando dice status: si cumplo tales y tales reglas, pertenezco a una comunidad, soy acogido por ella.
-Hay una inseguridad “típica” o básica de los chilenos que explicaría, entre otras cosas, algunas formas distorsionadas de vivir la sensualidad y la sexualidad.
-Claro, pero la inseguridad nace de una mala integración a la comunidad a la que uno pertenece.
-Y también hay un malestar con el cuerpo…
-Bueno, pero todo eso va junto. Por qué tengo yo incomodidad con mi cuerpo, si no es porque estoy mal integrado a la comunidad a la cual pertenezco. Y por qué estoy mal integrado a la comunidad si no me conecto con ella adecuadamente en ser aceptado, en aceptar, en que mi quehacer tenga sentido en ella y que ella me acoja en mi quehacer.
-Usted comentaba que los seres felices son los que han sido aceptados por la madre, ¿será que los chilenos no han sido muy acogidos por sus madres, si es que podemos generalizar?
-No podemos generalizar. Yo creo que debe haber muchos chilenos felices (se ríe). Pero creo que tenemos problemas con el futuro. Nuestra cultura se hace cada vez más exigente en el competir, en el éxito. Y la mamá piensa que tiene que estar preocupada por el éxito de su hijo o de su hija en el futuro. Entonces no se encuentra con el niño o la niña.  No lo ve. Le regala un juguete porque lo prepara para el futuro, no un juguete que tenga relación con el jugar solamente. Lo manda al colegio para que se prepare para el futuro y para el mercado profesional y no se escucha la queja del niño o de la niña en relación a cómo está viviendo su vida cotidiana en el colegio. Eso crea una tensión y una distancia, y por lo tanto una inseguridad en el niño. Porque el niño está en el presente, no en el futuro. A mí no me importa si el colegio en el que estuve era el mejor o el peor, lo único que me importa es si mi relación con mi mamá y con mis compañeros era armónica.

La muerte no es una novedad

Cabe destacar que a inicios de los años 90, Chile era un país desinformado respecto a las consecuencias del VIH, siendo un tema tabú y una enfermedad marcada por los prejuicios. El profesor Maturana, encontró palabras para comprender este fenómeno desde la contemplación.
En ese sentido, si bien los tratamientos actuales permiten mantener una vida tranquila controlando el virus, Maturana tuvo visión para pensar que esta enfermedad tendría cura en tiempos en que el miedo no permitía encontrar una respuesta.
-Hay una realidad que cambia, para los niños de hoy, la película del futuro: el sida…
-La película cambia hasta que haya un remedio contra el sida. Optar por vivir el presente no significa no hacerse cargo del futuro. La revolución sexual fue en realidad una revolución contra la hipocresía adulta. Surge con el movimiento hippie en Estados Unidos, como una reacción contra la guerra de Vietnam. Y contra la vida adulta que es mentirosa. Y entre otros aspectos de la vida adulta, contra la restricción de la sexualidad. Pero la gente tendrá que llegar a vivir su sexualidad como polisexual o como monógamo, no en contra de la restricción, sino en la armonía de su vivir.
– O sea que todo no se ha perdido, a pesar del sida.
-Por supuesto que todo no se ha perdido: el sida es una interferencia seria, y muy grave para mucha gente, pero se encontrará el remedio; si es como la sífilis. Mientras no se tenía el remedio contra la sífilis, era igual el sida…Antes la gente se moría de tuberculosis. Esto de estar cercano a la muerte no es una cosa nueva. Lo que pasa es que el sida tiene que ver con la sexualidad. Entonces uno tiene que preocuparse de su pareja: se puede ser monógamo o polígamo ordenado.
-Pero la cultura impone a las enfermedades una carga simbólica, metafórica, dice Susan Sontag. Se buscan “culpables”.
-Las enfermedades son pasares de la vida. Si el sida contiene una manipulación, usted no tiene por qué vivir esa manipulación. Es que toda la historia evolutiva del hombre tiene que ver con la sensualidad y la ternura. Por eso su negación es tan distorsionante.
-Usted dice que ser monógamo o polígamo son dos opciones legítimas. El problema es que la sociedad solo acepta una posibilidad como legítima.
-Esta sociedad, pero no todas. Hay otras culturas en las cuales no es así. Note usted que si las enfermedades venéreas y el sida se propagan como se propagan es porque no somos monógamos. Eso tampoco quiere decir que tengamos una estructura de gente perversa. Los seres humanos no somos monógamos. O no lo somos toda la vida. A lo mejor somos polígamos, y esa poligamia tampoco significa necesariamente promiscuidad.

El derecho a cambiar de opinión

“Es interesante lo que usted ha escrito sobre los errores”, mencionaba la periodista Mili Rodríguez, a lo que Maturana responde:”Para darnos cuenta de que comentemos errores, el error tiene que ser legítimo. Si el error no es legítimo, no lo podemos ver ni superar”.
Es aquí, donde la periodista de Apsi nota que el biólogo cuenta con una copia de la  Declaración Universal de los Derechos Humanos, documento en el que tiene anotado bajo los 30 artículos de la Carta Fundamental, tres acotaciones: 31: Derecho a cometer errores, 32: Derecho a irse y 33:derecho a cambiar de opinión.
-Son artículos fundamentales. Si el error no es legítimo no puede ser comprendido ni superado. El derecho a cometer errores y el derecho a cambiar de opinión los agregué yo. El derecho a irse, lo pusieron mis alumnos.
Tras el término de la conversación, la periodista y el científico ven un pequeño pizarrón que dice: “Silencio. Palomas entrenando”. Maturana, al ver esto, explica que “las palomas vienen a la universidad a aprender y después son liberadas. Todas las palomas ven colores. Nosotros les pedimos que nos digan cómo los ven”.
El amor es fundamentalmente ‘ver’ al otro. Es decir, que bajo su concepto, el amor no es ciego registró revista Apsi.

domingo, 20 de enero de 2019

En su cumpleaños 94

                                                          

Ernesto Cardenal: "Pidamos a Dios que haga se haga su revolución en la tierra como en el cielo”
“El Reino es otro nombre para la revolución absoluta”  (Leonardo Boff)
“Somos soldados derrotados de una causa invencible”  (Pedro Casaldáliga)
Víctor Rey


Hace unos años atrás vino a Chile Ernesto Cardenal para recibir un premio por su obra de parte de la ex Presidenta Michelle Bachelet.  Aprovechó esta oportunidad para dar un recital de poesía y también para contar acerca de su vida y de la Revolución Nicaraguense.   Cuando entro al salón para su charla lo recibieron con bandera rojas y  gritos de “Cardenal, amigo el pueblo está contigo”.  Cuando comenzó a recitar y también a hablar sobre la Revolución Nicaraguense y a hacer críticas a los dirigentes actuales; los gritos cambiaron en silbidos y palabras de disconformidad.  Algunos días después viajaba a Costa Rica y en el aeropuerto de Santiago me encontré con Ernesto Cardenal y su asistente.  Conversamos un poco acerca de su recital en Chile, de la revolución nicaraguense, le pedí un autógrafo y también una fotografía a lo que accedió gentilmente.  En esa ocasión me habló de sus memorias y en especial del tomo III  donde relata el ascenso y la caída de la revolución.

Acabo de terminar de leer el libro de Ernesto Cardenal: “La Revolución Pérdida” donde se cuenta a manera de memorias el ascenso del sandinismo, la derrota y luego la traición a la revolución.  Esto coincide con los 40 años del triunfo de la Revolución Sandinista este 19 de julio.   No he podido quedar tranquilo después de esta lectura.  Una de las cosas que más me ha tocado es comprobar la cantidad de personas que murieron durante y después de la revolución y en la mayoría de estas muertes han sido de jóvenes.

La de Ernesto Cardenal es una vida dedicada a la lucha por la equidad, a la vez contemplativa y combativa, signada por grandes personajes y acontecimientos, y por la revolución sandinista, que él espera no haya sido en vano.

A sus 94 años, Ernesto Cardenal no cesa en su compromiso con el trabajo de transformación social a través de la cultura y la educación, aspectos que considera básicos en la evolución de los pueblos. 'La revolución perdida" es el último libro de su trilogía de memorias, y el título engaña a primera vista, pues no se trata, como parecería, de una elegía al fracaso de la revolución.

Por el contrario, el autor narra los pormenores del proceso de alfabetización, concientización y apertura sociocultural que condujeron, como él describe, a la revolución sandinista, y, por ende, al triunfo sobre una dictadura, la de los Somoza (1937-1949) que aplastaba al pueblo nicaragüense desde hacía más de cuatro décadas.

El autor manifiesta que la revolución en sí fue un logro importantísimo, que dejó una herencia bella e irremplazable de mejoras sociales, y ve en la injerencia de los EEUU, el embargo económico, el bloqueo y la presión ejercida por ese país en Nicaragua la razón de la pérdida de las elecciones. A su vez, dice, el hecho de haberse perdido esas elecciones produjo una debacle moral en los dirigentes, que los llevó a la corrupción. Cardenal se explica este proceso acotando que 'la revolución está hecha por seres humanos'.

Al mismo tiempo, manifiesta que no se deben perder las esperanzas de lograr un mundo mejor, donde el bienestar no sea el privilegio de unos pocos. Su visión actual de la revolución por venir se basa en los movimientos anti-globalización, la libertad de expresión y la comunión acelerada de ideas que permite la internet, así como los movimientos ecologistas.

'Nací poeta', relata Cardenal, “y esa fue mi primera vocación”'. Luego experimentaría una conversión religiosa que lo llevó a la vida contemplativa en un monasterio trapense, y, por último, dice haber reconocido que la voluntad de Dios es también la transformación del mundo. Para el escritor, las tres vocaciones son una sola.

¿Es posible ser poeta en un mundo globalizado, en el que el capitalismo ha aplastado muchas de las luchas por la equidad social? El poeta Cardenal, contó en su recital, dice que sí, que no sólo es posible, sino necesario, ya que la poesía siempre ha servido para mejorar la sociedad. Ya en los profetas bíblicos ve Cardenal una denuncia poética de las injusticias de la época, y la anunciación de un mundo nuevo. 'Creo que el poeta debe seguir el ejemplo de los profetas bíblicos', comenta.

‘La revolución es evolución acelerada’, define el autor. Según él, se dan movimientos revolucionarios en todas las artes y las ciencias, y también en los sistemas sociales. Cardenal ve la revolución como un proceso de transformación que no necesariamente debe ser violento. 'La lucha armada se ve justificada', explica citando a Pablo VI, cuando una dictadura es prolongada y evidente. Pero, aclara, 'las mejores revoluciones son pacíficas, democráticas, libres y sin imposición alguna'.

El libro de Cardenal es un jugoso relato sin desperdicio alguno de la experiencia de este poeta antes, durante y después de la revolución nicaragüense, que destila humor, amor por su país y por el ser humano, valentía, una esperanza inquebrantable, y también la tristeza de comprobar que toda obra humana es imperfecta. Pero por lo perfectible de estos logros es por lo que Cardenal sigue abogando desde su monasterio íntimo e individual.

A pesar de lo difícil que pueda ser creer en un cambio luminoso a estas alturas, con tantas revoluciones fracasadas, y sin nuevos modelos de transformación, el alma del poeta dispara el arma de su palabra para ayudarnos a seguir creyendo que un mundo mejor está por venir. Como él mismo refiere, ‘no podemos saber qué formas tendrán las próximas revoluciones, porque las revoluciones siempre fueron algo nuevo’.  Es esta la razón por la cual su libro termina con esta hermosa frase: “Toda revolución nos acerca a ese Reino, aun una revolución perdida.  Habrá más revoluciones.  Pidamos a Dios que se haga su revolución en la tierra como en el cielo.”

domingo, 13 de enero de 2019

En el aniversario 90 de su nacimiento

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MARTIN LUTHER KING Y LA DESOBEDIENCIA CIVIL COMO MEDIO DE ACCIÓN POLÍTICA
Víctor Rey
Ya han pasado cinco décadas desde el asesinato de este del pastor bautista Martín Luther King.  Su vida y su muerte siguen siendo un ejemplo de participación social y política desde la perspectiva cristiana.  La vida de este profeta contemporáneo es el mejor ejemplo de participación política.
Lo que más se destaca es su acción en relación a la desobediencia civil.  Esta característica es su ejecución de forma consciente, pública pacífica y no violenta, manteniendo una actitud de protesta contra la autoridad con el fin de rectificar los errores que ésta haya cometido, a juicio de quienes protestan.
El ensayista norteamericano Henry David Thoreau, quien influyó en Martin Luther King, León, Tolstoy, Ghandi describió estos principios en su obra Desobediencia Civil (1849).   Thoreau era considerado como una persona excéntrica, de ácidas reflexiones e ingenio inagotable: Elaboró su reflexión a partir de su rechazo a pagar un impuesto del gobierno de la época destinado a financiar la guerra de Texas contra México.  Decisión por la cual fue encarcelado y de donde sólo salió cuando sus amigos pagaron la fianza en el verano de 1846.  Las ideas e intenciones de Thoreau iban más allá del egoísmo individualista (es decir, no era sólo por no querer pagar ese impuesto), sino que cuestionaba la conformidad del gobierno para cobrar impuestos que financiaban una guerra que él consideraba injusta, máxime cuando ese mismo gobierno avalaba la esclavitud.
Thoreau creó un cierto tipo de resistencia no violenta pero contumaz, ni mucho menos pasiva, que tenía mucho de renuncia. Suya es la afirmación de que “Bajo un gobierno que encarcela a alguien injustamente, el lugar que debe ocupar el justo es también la prisión” (Thoreau, 1849). En fin, Thoreau es considerado hoy como uno de los padres de la desobediencia civil. Sin embargo, no es precisamente innovador cuando reconoce que el gobierno puede estar equivocado y que es legítimo por parte del pueblo rebelarse: El gobierno por sí mismo, que no es más que el medio elegido por el pueblo para ejecutar su voluntad, es igualmente susceptible de originar abusos y perjuicios antes de que el pueblo pueda intervenir
El término de desobediencia civil fue popularizado por el famoso ensayo de Thoreau; sin embargo, el concepto es el resultado de diferentes interpretaciones en la historia del pensamiento y de la acción del hombre. Durante el marco histórico de la humanidad se presentan tres desobedientes ilustres. Estos son Henry David Thoreau en Estados Unidos; Mahatma Gandhi en India y Nelson Mandela en Sudáfrica. Los tres tenían en común el fin de articular sus discursos y asumirlos como ejemplos de participación política y como movimientos de cambio social, tanto en sociedades no demócratas e incluso demócratas, como en sociedades democráticas mas no consideradas legítimas.
Mahatma Gandhi usó esta estrategia en la India siendo ésta todavía una colonia del Imperio Británico, con el objetivo de lograr la independencia de forma no violenta. Gandhi llamó a boicotear al gobierno colonial inglés, mediante huelgas, movilizaciones y violando la autoridad impuesta, con el objetivo de mostrar que de manera pacífica obtendrían mejores resultados que con la violencia, en donde la superioridad de los ingleses aplastaba cualquier lucha armada. Gandhi se destaca en la historia de las campañas masivas. El primer movimiento de masas auténtico de la desobediencia civil, dirigido por Gandhi, fue la marcha al Transvaal en noviembre del 1913, para protestar contra leyes discriminatorias. Algunas de estas leyes eran, por ejemplo, el impuesto anual a todos los indios que permanecían en Sudáfrica después de finalizado el contrato de trabajo que les había llevado allí, así como la ley que invalidaba todos los matrimonios no cristianos.
Otro antecedente significativo lo ofrece el movimiento sufragista. En 1913 más de mil mujeres habían pasado por las cárceles inglesas acusadas de cometer actos ilegales, públicos y no violentos en el marco de la lucha por el sufragio femenino. Cientos de ellas realizaron huelgas de hambre. El Gobierno británico respondió con la alimentación forzosa, y con leyes que permitían el cumplimiento escalonado de las penas.
“El objetivo es crear una situación de crisis generalizada que abra inevitablemente la puerta a las negociaciones”.  Así pudo resumir Martin Luther King su testamento de acción sociopolítica: encarar pacíficamente un contexto en el cual, a pesar delos elementos en contra, la movilización pueda desestabilizar el panorama hasta llegar al punto de ebullición, pero sin permitirle estallar gracias al liderazgo y a las convicciones compartidas.  Esta era una de las diferencias principales entre la no-violencia abogada por King y la violencia proactiva de su contemporáneo Malcolm X.  mientras que el último no dudaba en acudir a la defensa propia para lograr sus cometidos, King, pastor bautista y fundador de la Southern Christian Leadership Conference, llevó los principios de Gandhi de no-cooperación hasta cada rincón del sur estadounidense.  Las batallas de King comenzaron contra la segregación racial en autobuses, escuelas e instituciones públicas.  Cuando Rosa Parks se negó a cederle su puesto a un blanco, como indicaba la ley, en diciembre de 1955, King organizó un boicot al sistema de autobuses de la ciudad de Montgomery que duró más de un año y que terminó en el veredicto de la Corte Suprema de eliminar la separación racial en los buses públicos. 
Fue el primer éxito notable de King, quien continuó ejerciendo estrategias no violentas en Albany, Birmingham, Chicago y Washington.  Su modus operandi consistía en organizar a los afroamericanos en forma regional en huelgas o paros civiles que presionaran a las autoridades locales que debían responder a las solicitudes hechas por King y la comunidad negra.  Fue el primer éxito notable de King, quien continuó ejerciendo estrategias no-violentas en Albany, Birmingham, Chicago y Washington.
El éxito de esta estrategia fue diverso: mientras que el paro comercial y los arrestos masivos en Birmingham llamaron la atención del presidente Kennedy y eliminaron toda prohibición segregacionista en el pueblo, sus esfuerzos tras un año de movilización civil en Albany fueron un fracaso.  Sin embargo, la reputación de King subió considerablemente y fue establecido como el rostro del movimiento por los derechos civiles.
Múltiples grupos radicales como el Ku Klu Klan atentaron contra la vida de martin Luther King y de los manifestantes en muchas manifestaciones a favor de los Derchos Civiles, lo cual elevó a nivel nacional el perfil de King y su apuesta pacífica.  La cúspide mediática vendría el 28 de agosto de 1963, con la marcha hacia Washington que reunió a más de 250.000 personas frente al Capitolio, donde King emitió su más recordado discurso.  “I have a Dream”.  El año siguiente el movimiento recolectó recompensas aún mayores, con la firma del Acta de los Derechos Civiles por el presidente Johnson y la entrega del Premio Nobel de la Paz a Martin Luther King.
En el agitado clima de los años sesenta, Martin Luther King continuó luchando por una vida más justa y fraternal para los afroamericanos y los desvalidos en general, ampliando su discurso a los pobres de América y combatiendo a la impopular guerra de Vietnam.  En una década plagada de mártires estadounidenses, el asesinato de King a manos de James Earl Ray, un segregacionista blanco, clausuró una etapa – probablemente la más importante – en la histórica campaña afroamericana por la libertad y la calidad de vida.
La desobediencia civil sigue siendo la clave de la acción política de los cristianos que quieren involucrarse en esta área de la misión y para las iglesias que quieren asumir su rol profético en la sociedad.  Algo anda mal cuando los gobiernos de turno aplauden y se sienten complacidos con las iglesias. En este tiempo de acomodos políticos y búsqueda de privilegios de líderes cristianos el ejemplo de Martín Luther King está más vigente que nunca.

sábado, 5 de enero de 2019

¿Somos libres?


María López Vigil


No somos libres para elegir quiénes nos engendran, de quiénes nacemos, quiénes serán nuestro padre y nuestra madre, nuestros hermanos y hermanas, qué genes nos serán transmitidos en esa recombinación con que el puro azar nos marcará desde el rostro hasta el alma. No somos libres para seleccionar lo mucho que heredaremos en la ruleta de la vida. Pero sí somos libres para decidir qué haremos, qué personalidad nos construiremos con ese engranaje único e irrepetible de genes, con sus ventajas y desventajas, con sus potencialidades, posibilidades y limitaciones.
No somos libres para elegir el sexo con el que nacemos: niñas o niños, masculinos o femeninas, con una o con otra orientación sexual.Pero sí somos libres para aprender y para decidir vivir y disfrutar nuestra sexualidad siempre como expresión de amor y comunicación, nunca como expresión de poder y de violencia.
No somos libres para escoger el color de nuestra piel. Pero sí somos libres para no menospreciar ni envidiar a nadie que no tenga nuestro color. También lo somos para respetar, valorar y celebrar los colores de todas las pieles.
No somos libres para elegir la lengua en la que aprendemos a hablar, las palabras y los matices con que pondremos nombre a las cosas.Pero sí somos libres para elegir qué palabras hablaremos en esa lengua, a quiénes las diremos y para qué las pronunciaremos. Hominizados y humanizados por el lenguaje, con el poder de la palabra podremos oprimir o liberar, enseñar o entontecer, podremos dañar o sanar, crear y cambiar o repetir y repetir. Podremos embellecer el mundo o afearlo. También podremos aprender otras lenguas y en sus otras palabras descubrir los muchos otros acentos con que otras gentes le dan nombre a las cosas del mundo.
No somos libres para elegir la religión en la que seremos educados. Porque todas las religiones son expresiones del país, la cultura, el pueblo o la familia en donde nacemos. Todas, caminos distintos para buscar la Realidad Última. Todas con atajos equivocados y con recodos de hermosos paisajes. Pero sí somos libres para aceptar o rechazar las creencias, los dogmas, las prácticas, los ritos, los mediadores, las autoridades de la religión aprendida. También lo somos para revisar todas esas tradiciones, para re-pensarlas y decidir si nos nutren, si nos dan sentido, alegría y libertad. O por el contrario, si son barrotes de una prisión ideológica en donde abundan culpas, miedos y represiones, una cárcel de la que somos libres para escapar.
No somos libres para elegir nacer en pobreza o en riqueza, con la vida asegurada o con la vida carenciada. Pero sí somos libres para elegir si compartimos o no lo que tenemos, si nos arriesgamos o no a luchar por hacer menos desigual el mundo en que nos tocó vivir, si vivimos contemplando las injusticias del mundo o contribuimos a transformarlas.
No somos libres para elegir el país donde nacemos. Pero sí somos libres para elegir otro país donde vivir, donde trabajar, donde luchar, hasta donde morir. Y en ese país de adopción también somos libres para contribuir a que vivan con dignidad quienes llegaron hasta ese mismo puerto no libres, sino forzados por el desempleo, el hambre, la guerra o la violencia.
No somos libres para dejar de sentir temor, miedo, hasta pánico, uno de los dos mecanismos que la sabia ley de la evolución dejó inscrito más arraigadamente en nuestra psique para garantizar nuestra sobrevivencia. Pero sí somos libres para enseñorearnos del miedo, para confesarlo cuando lo sentimos sin avergonzarnos y para acompañar los miedos de nuestros hermanos y hermanas hasta que logren superarlos.
No somos libres para elegir la época en la que nos toca vivir, ni para determinar cómo seremos recordados. Pero sí somos libres para luchar por la justicia en el tiempo de nuestros años, con sus incertidumbres, sus desafíos y sus esperanzas. Sí somos libres para poner en juego en esa lucha todo el corazón que tenemos. Más allá de nuestro tiempo, nos recordarán por el fuego que pusimos en esa lucha.

María López Vigil
Managua, Nicaragua